Crisis alimentaria global
El hambre aguda se duplica en una década y evidencia el vínculo entre conflicto y desigualdad
Por S. G. M. | FOTOGRAFÍA: MANOS UNIDAS
Según el documento, elaborado por la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias, 266 millones de personas en 47 países y territorios sufrieron niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda en 2025. Esta cifra representa cerca del 23% de la población analizada y duplica los registros de 2016.
La publicación de este informe, respaldado por organismos internacionales como la FAO, el Banco Mundial, ACNUR o el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, coincide además con un retroceso de la financiación internacional destinada a combatir esta crisis, lo que agrava aún más la situación.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió de que los conflictos siguen siendo la principal causa de inseguridad alimentaria y malnutrición. En este sentido, recordó que en 2025 se registraron situaciones de hambruna en zonas afectadas por conflictos como Gaza o Sudán del Sur, en un contexto que describe como sin precedentes.
Hambre y conflicto, una relación estructural
Desde Manos Unidas, insisten en que el hambre no puede abordarse sin actuar sobre sus causas profundas. La organización subrayó la estrecha relación entre conflicto, pobreza y acceso a los alimentos en un escenario en el que la violencia limita la capacidad de producción y distribución.
El coordinador del Departamento de Incidencia y Alianzas de Manos Unidas, Marco Gordillo, explicó que allí donde hay conflicto el acceso a los alimentos se ve gravemente afectado. La destrucción de cultivos, el bloqueo de mercados y la interrupción de las cadenas de suministro, junto con los desplazamientos forzosos, configuran un entorno en el que millones de personas quedan expuestas a la inseguridad alimentaria.
Datos del Índice Global de Paz 2025 refuerzan, además, este diagnóstico. El mundo atraviesa uno de los momentos de mayor violencia de las últimas décadas, con 59 conflictos armados activos, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, 78 países están implicados directa o indirectamente en enfrentamientos.
El mundo atraviesa uno de los momentos de mayor violencia de las últimas décadas
Gordillo también advirtió que esta tendencia no se revertirá a corto plazo y que 2026 previsiblemente continuará con el deterioro de la paz registrado en los últimos 17 años, agravado por conflictos como el de Oriente Medio.
Menos inversión en paz, más gasto militar
Este contexto se produce en paralelo a un desequilibrio creciente en la inversión internacional. Mientras la financiación para el desarrollo y la construcción de paz se mantiene limitada, el gasto militar alcanza niveles récord. En 2024, la inversión global destinada a la construcción y mantenimiento de la paz se situó en 47.200 millones de dólares, apenas el 0,52% del gasto militar mundial, que ascendió a 2,7 billones de dólares.
Según Gordillo, la tendencia apunta a un aumento continuado del gasto en defensa. En el caso de España, el país incrementó su inversión en defensa un 50% en 2025, superando el 2% del PIB por primera vez en tres décadas, mientras que la OTAN ha instado a sus miembros a alcanzar el 3,5%.

La percepción social y el reto del desarrollo
Frente a este escenario, la opinión pública muestra una orientación distinta. El estudio Paz en un mundo en conflicto, elaborado por Manos Unidas, señala que el 86% de la sociedad española considera que los gobiernos deberían invertir más en desarrollo y menos en gasto militar para construir la paz.
Para la organización, esta percepción refleja la necesidad de reforzar la cultura de paz como base del desarrollo humano y de avanzar hacia políticas que aborden de forma estructural las causas del hambre.
Ante la magnitud del problema, Manos Unidas advierte de la distancia existente entre los compromisos internacionales y la realidad actual. La organización subrayó que no se puede normalizar el hambre como consecuencia inevitable de los conflictos y reclamó una respuesta internacional coordinada que permita romper el vínculo entre pobreza, violencia e inseguridad alimentaria.
Un desafío global en aumento
En este contexto, el informe pone de manifiesto que la lucha contra el hambre no puede abordarse únicamente desde la ayuda humanitaria. Requiere también de inversión sostenida en desarrollo, apoyo a sistemas alimentarios locales resilientes y medidas orientadas a la prevención de conflictos.
La evolución de los datos confirma así una tendencia preocupante. El hambre aguda no solo afecta a un número creciente de personas, sino que se consolida como una consecuencia directa de un escenario internacional marcado por la inestabilidad y la desigualdad.
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