Según nuevos datos de la ONU
Casi 20 millones de personas en Sudán afrontan niveles críticos de hambre
Sudán se adentra en uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Nuevos datos del IPC, una de las principales herramientas internacionales para medir la inseguridad alimentaria, alertan de un deterioro sostenido de la situación en el país, con millones de personas atrapadas entre el conflicto armado, el colapso de los servicios básicos y un acceso cada vez más limitado a alimentos y asistencia.
Por A. G. | Fotografía: Carlos Perea – Milla para Acción contra el Hambre
Los datos son contundentes: cerca de 20 millones de personas se enfrentan actualmente a niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda, una cifra que refleja la magnitud de una crisis que no da tregua. La situación resulta especialmente alarmante entre la población infantil, donde el impacto del hambre alcanza cotas dramáticas.
De cara a 2026, las previsiones apuntan a que 825.000 niños menores de cinco años sufrirán desnutrición aguda severa, una condición potencialmente mortal. Se trata de un incremento del 7 % respecto a 2025 y de un 25% más que antes del estallido del conflicto.
El hambre se extiende mientras crece el riesgo de hambruna
El informe del IPC advierte además de que 14 zonas del país presentan riesgo de hambruna en los próximos meses. Aunque la cifra es inferior a las 20 áreas identificadas a finales de 2025, los expertos subrayan que esta reducción no responde a una mejora real de las condiciones sobre el terreno.
Por el contrario, la actualización refleja una reconfiguración de la concentración del riesgo, así como importantes limitaciones en la disponibilidad de datos en un contexto marcado por la inseguridad y las dificultades de acceso humanitario. En otras palabras, el peligro persiste, aunque se manifieste de forma distinta.
La vida cotidiana de millones de familias está atravesada por la escasez extrema. “En la vida diaria, incontables familias no tienen nada que comer y sobreviven como pueden, recurriendo a hojas, hierbas o alimento para animales, saltarse comidas o alimentar a unos miembros de la familia frente a otros”, explicó Samy Guessabi, director de Acción contra el Hambre en Sudán.
Un conflicto prolongado que agrava la inseguridad alimentaria
El hambre que hoy golpea a Sudán no es un fenómeno aislado. Está profundamente ligada a más de tres años de conflicto armado, a los efectos del clima adverso y al colapso de los servicios esenciales. Según los datos disponibles, el 37 % de los centros de salud del país han quedado destruidos, lo que limita de forma crítica la atención médica básica.
A ello se suma la mayor crisis de desplazamiento del mundo, con 13,5 millones de personas forzadas a abandonar sus hogares. Esta movilidad forzada rompe redes de apoyo, dificulta el acceso a medios de vida y multiplica la dependencia de la ayuda humanitaria.
En este contexto, casi 34 millones de personas —dos tercios de la población sudanesa— necesitarán asistencia humanitaria en 2026. Es la cifra más alta registrada a nivel mundial y supone un aumento de 3,3 millones de personas respecto al año anterior, un indicador claro del agravamiento de la crisis.
La temporada de lluvias, un nuevo factor de riesgo
La publicación de los nuevos datos del IPC coincide con el inicio de la temporada de lluvias, que se extiende de mayo a septiembre, un periodo que históricamente coincide con la escasez anual de alimentos. Se trata de meses especialmente críticos para la población más vulnerable.
Las fuertes precipitaciones suelen interrumpir los mercados, reducir la producción agrícola y dificultar el acceso a alimentos y servicios básicos, especialmente en zonas ya afectadas por la violencia. La inseguridad en las rutas y la destrucción de infraestructuras complican aún más la llegada de ayuda.
Este año, además, el contexto internacional añade nuevas fricciones. La situación geopolítica en Oriente Medio y las tensiones en el Estrecho de Ormuz están teniendo efectos indirectos pero relevantes en Sudán, agravando los problemas de abastecimiento.
Fertilizantes y medicamentos atrapados por la tensión geopolítica
El impacto de estas tensiones se deja sentir en sectores clave. El Golfo representa alrededor del 54% del origen de las importaciones de fertilizantes de Sudán, un insumo esencial para la producción agrícola. Las disrupciones en el Estrecho de Ormuz están limitando el suministro y afectando directamente al cultivo de sorgo, base de la dieta nacional.
Al mismo tiempo, medicamentos esenciales destinados a programas humanitarios se han visto bloqueados en almacenes logísticos de Dubái, debido a la falta de vuelos disponibles y al elevado coste del combustible. Esta situación retrasa la llegada de suministros vitales en un momento especialmente delicado.
Ante este escenario, las organizaciones humanitarias se ven obligadas a buscar rutas alternativas para mantener el flujo de alimentos, medicinas y atención básica, especialmente hacia comunidades aisladas que han quedado fuera del alcance de los servicios públicos.
Llamamiento urgente para evitar un mayor deterioro
Durante el último año, los programas humanitarios de Acción contra el Hambre asistieron a más de 600.000 personas en ámbitos como nutrición, agua, salud y seguridad alimentaria. Sin embargo, los actores sobre el terreno coinciden en que estos esfuerzos resultan insuficientes si no se acompasan con una respuesta internacional más amplia.
“Sin una acción diplomática inmediata y una mayor financiación, la estación de lluvias y la tensión geopolítica pueden provocar que aún más personas se vean atrapadas entre el hambre y la violencia”, advirtió Guessabi.
“Trump hace la política de un promotor del Bronx que vende pisos”
Por Carolina Martínez | Fotografía: Gaby Soto
El 69% del agua usada en el sector turístico proviene de zonas con estrés hídrico
Por A. Guzmán
¿Quién es quién en los Premios Princesa de Asturias 2025?
Por Redacción