Combates, éxodos y tensiones globales tras la invasión rusa han reconfigurado el mundo contemporáneo

Cuatro años de guerra en Ucrania

Se cumplen cuatro años de la invasión rusa de Ucrania. Aquella madrugada del 24 de febrero de 2022 devolvió a Europa un escenario bélico que creía definitivamente superado desde la II Guerra Mundial y dejaba al descubierto su vulnerabilidad en el nuevo orden internacional. Lo que muchos anticiparon como una operación relámpago derivó en una guerra  de desgaste prolongada que ha vuelto a tensionar las relaciones globales, marcado para siempre la vida de millones de ucranianos y redefinido el continente mientras el tablero geopolítico mundial se reordenaba.

Por Redacción

24/02/2026
Un niño ucraniano llora agarrado a su oso de peluche.

Las primeras semanas de la invasión estuvieron marcadas por la sorpresa y el temor a una escalada del conflicto. Las tropas rusas avanzaron desde la frontera norte y desde Crimea, mientras volvían a Europa las escenas de bombardeos aéreos. Con el paso de los meses, el conflicto derivó en un frente estático donde la artillería, los drones y la guerra electrónica sustituyeron a los grandes movimientos de tropas.

El diplomático y exdirector del CNI Jorge Dezcallar advertía en Perfiles (número 388) que la agresividad rusa aumentaba a medida que Ucrania ganaba terreno: “Putin impuso la movilización parcial y endureció el control de los medios, además de silenciar cualquier protesta”, afirmó a Perfiles. También se hacía eco de una reflexión que hoy sigue vigente: “Frente al lío en el que se ha metido, habría que ayudarle a salir si eso condujera a la paz”, señalaba Dezcallar, subrayando que el escenario bélico había sobrepasado cualquier expectativa inicial y la necesidad de permitir a Putin una salida al conflicto que este pueda aceptar.

 

Una mujer mayor llora en su casa destruida.

Tragedia humanitaria

La guerra también ha provocado uno de los mayores desplazamientos de población desde la Segunda Guerra Mundial. España, que acogió a más de 180.000 protecciones temporales, se convirtió en refugio para miles de familias que escaparon de la devastación.

Vira Bilobaba, superviviente de las purgas de Stalin y de la II Guerra Mundial, relataba su huida tras los primeros bombardeos y el rescate por parte de su hija en una arriesgada travesía por carretera. Su historia, recogida en Perfiles (número “396”), retrata el desgarro que han sufrido millones de personas.

También Roman, otro refugiado, describió su huida en busca de una vida en paz lejos de las bombas. Hijo de padres ciegos, con una discapacidad visual grave, llegó a Málaga acompañado de su inseparable guitarra para escapar del horror.

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), resumía la tragedia: “Ninguna parte de Ucrania puede considerarse segura”, manifestó su coordinador regional Philippe Leclerc, tras los ataques masivos registrados en Ternópil, Leópolis e Ivano-Frankivsk en 2025.

“Los ucranianos hacen frente a inseguridad y al agotamiento acumulado de vivir en una zona de guerra, al tiempo que las infraestructuras energéticas del país siguen siendo atacadas, lo que limita la capacidad de las personas para acceder a calefacción y electricidad, algo esencial en esta época del año. Es imperativo que los civiles estén protegidos de los ataques”, subrayaba Leclerc.

Un soldado vigila tras un bombardeo. Al fondo, hay un edificio y coches calcinados.

Un conflicto que redefine la estrategia militar

La guerra se ha convertido en un laboratorio bélico de nuevas tecnologías. Drones kamikaze, sistemas antiaéreos avanzados, inteligencia artificial aplicada a la guerra y ciberataques han transformado por completo el campo de batalla.

El coronel retirado Manuel Morato advertía que la situación “es peor que en la Guerra Fría, porque los bloques ya no están tan definidos”, según declaró a Perfiles (número 396). Añadía que la única paz posible llegaría mediante una negociación en la que Ucrania aceptara perder territorios ocupados: “El Donbás y Crimea son irrecuperables para Ucrania”.

El analista militar Pedro Baños alertaba en esa misma edición sobre la dinámica imprevisible del conflicto: “Lo que ahora son enfrentamientos fríos pueden convertirse en calientes”, afirmó a Perfiles.

El reportero de Internacional de TVE, Óscar Mijallo, testigo de los principales conflictos bélicos de los últimos veinte años, el reconocido corresponsal describía la descarnada realidad vivida en Ucrania y Oriente Medio, y el peaje personal que esto le ha generado. "Ojalá cubriéramos el fin de la última guerra", anhelaba, a la vez que añadía que "eso no va a ocurrir".

 

Una mujer mayor reza en una pared pintada con los colores azul y amarillo de la bandera de Ucrania.

Un nuevo orden mundial

Mientras tanto, el orden internacional se tensionaba. El conflicto ha acelerado la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, y ha puesto de relieve la quiebra del multilateralismo tradicional.

"El mundo ha pasado del final de la Guerra Fría a una guerra caliente entre dos antiguas repúblicas soviéticas”, subrayaba el ex secretario general de la OTAN, Javier Solana. Advertía que "la relación Europa-Rusia tiene que ser mejor. No lo va a ser en 24 horas, ni quizás lo veamos nosotros, pero a lo mejor nuestros nietos”, y pronosticaba que “si Europa” quiere seguir siendo una potencia, “lo tiene que hacer conjuntamente, no país a país”.

“De ahí la importancia del Banco Europeo de Inversiones, que se va a convertir en el barco de Europa. Tiene que ser así, si no, no saldremos adelante”, advertía Solana.

La invasión alteró profundamente la percepción de seguridad en el continente. La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, recordaba que la agresión rusa había reforzado la consciencia de unidad: “Lo que está en juego en Ucrania son nuestros valores y nuestro modo de vida”.

Trump, Putin y Zelenski

La relación entre Estados Unidos y Ucrania evolucionó desde el apoyo incondicional (en armas y dinero) de la administración Biden a momentos de máxima tensión tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

Trump arremetió públicamente en un encuentro en Washington contra Volodímir Zelenski al acusarle de “ingratitud” y de “pedir dinero sin límites”, unas declaraciones que encendieron la polémica internacional.

El presidente estadounidense llegó a insinuar que Ucrania debía “mostrar más voluntad de acuerdo” y que su administración no seguiría financiando “una guerra interminable”, mientras Zelenski, visiblemente molesto, respondió que “la libertad no es una transacción” y que ningún país que defiende su soberanía puede ser tratado como “un cliente incómodo”.

El choque expuso una vez más la fragilidad del apoyo occidental y la dependencia estratégica de Kiev y de Europa respecto a Washington.

Hoy, Ucrania vive su cuarto invierno en guerra. El país sigue resistiendo, pero exhausto. La infraestructura energética continúa siendo blanco habitual; las escuelas y hospitales funcionan bajo amenaza constante; y la población acumula un desgaste emocional profundo.

Los expertos coinciden en que el conflicto ha entrado en una fase prolongada, sin un final claro. La ayuda internacional por parte de la Unión Europea se mantiene, aunque su continuidad comienza a debatirse en algunas capitales occidentales.

Un futuro incierto

Sin embargo, pese a la devastación, Ucrania conserva un hilo de esperanza. Su resistencia —militar, institucional y social— ha redefinido su identidad nacional y la acerca aún más a Europa.

Las negociaciones de paz, que previsiblemente incluirán la pérdida del territorio conquistado por Rusia, suponen un halo de esperanza, aunque no hay certezas de que se mantengan las principales demandas ucranianas: integridad territorial, cercanía a la UE y protección de la OTAN. Incluso, Donald Trump excluye a Europa de las negociaciones de paz con Rusia y Ucrania.

Cinco años después, el mundo continúa pendiente de una guerra que ha reconfigurado alianzas (como el acercamiento entre Rusia e Irán; o el distanciamiento entre la administración Trump y Europa), disparado riesgos globales y recordado que la paz no está garantizada. Ucrania sigue en pie. Y cada aniversario renueva la pregunta de qué papel le corresponde a Europa en el nuevo tablero internacional.

 

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