Margarita del Val, viróloga e inmunóloga del CSIC

“Deberíamos entender mejor las secuelas que dejan las infecciones”

La investigación suele nacer de la curiosidad y de una pregunta que insiste. En el caso de Margarita del Val, esa insistencia nunca se ha apagado. “Siempre he tenido, y sigo teniendo, muchas preguntas”, afirma. Y precisamente la curiosidad –tan elemental como decisiva– ha guiado cada una de sus etapas, desde los primeros experimentos hasta la consolidación de una trayectoria marcada por virus, defensas del organismo y vacunas.

Por Nat Carrasco | César Hernández / CSIC Comunicación

24/04/2026
Margarita del Val, viróloga e inmunóloga del CSIC

Desde muy joven, Margarita del Val asumió que aprender y descubrir eran actividades inseparables de su forma de estar en el mundo y que dedicar su vida a la ciencia era casi una consecuencia natural. “He disfrutado mucho aprendiendo y descubriendo cosas”, explica en esta entrevista con Perfiles, donde repasa cómo su propia necesidad de entender impulsó su camino hacia la investigación.

Los inicios no fueron sencillos. Durante su tesis doctoral en España, trabajó en una vacuna contra la peste porcina africana. “Fue una etapa difícil”, recuerda. Como explica, “tenía que trabajar para encontrar una vacuna…”, pero “no lo logré”. Aun así, señala que esa experiencia, lejos de desanimarla, fortaleció su base técnica y redefinió su trayectoria científica. “Aprendí muchísimo técnicamente”, afirma. La imposibilidad de desarrollar aquella vacuna le ofreció una conclusión clara: si quería avanzar, debía profundizar en la inmunología. “Por eso me fui a Alemania”, sostiene.

Y, precisamente, en el país germano vivió su segunda gran etapa formativa. “La colaboración con mis compañeros fue fantástica”, destaca. Contaban con recursos, diálogo científico y un entorno que estimulaba el debate. Sin embargo, advierte que “no ver mujeres liderando sus propios grupos fue algo que me hizo volver a España”.

“No ver mujeres liderando sus propios grupos fue algo que me hizo volver a España”

Sistema inmunitario

En su campo, el reto de la divulgación se ha vuelto esencial. Del Val lo explica sin rodeos y, aunque confiesa que no le gustan demasiado, con una analogía bélica: “Cuando un agente infeccioso nos infecta, es como un enemigo que nos está atacando. No lo hace para dañarnos o que enfermemos, sino, simplemente, para multiplicarse”. Por eso, remarca la importancia de reducir infecciones y cuidar el equilibrio del sistema inmunitario, ya que su eficacia condiciona la reacción del organismo ante cualquier agente externo.

Sobre las vacunas, ofrece una idea particularmente clara y pedagógica. A este respecto, apunta que “cuando nuestro sistema inmunitario se enfrenta a un enemigo real, lucha contra algo que causa daño” y pone de relieve que “las vacunas son como hacer simulacros de emergencia, pero sin fuego real. Por eso son tan buenas”. Y, en la misma línea, explica que es el recuerdo de ese entrenamiento –la memoria inmunitaria– lo que nos protege.

Margarita del Val, en el laboratorio

Comunicar en crisis

Durante la pandemia de covid-19, Margarita del Val se convirtió en una de las voces científicas más escuchadas. Su explicación del 9 de marzo de 2020 se hizo viral antes del confinamiento. “De repente, en una noche, muchísima gente la leyó”, recuerda. Y aquel momento le hizo ser plenamente consciente de cuál era su responsabilidad. “La gente me decía ‘qué bien, ahora me quedo más tranquilo’, y yo estaba diciendo cosas muy graves”, agrega.

En aquel momento, explicar para que otros pudieran entender, planificar y protegerse se convirtió en parte de su trabajo diario, junto a la investigación y a la coordinación de proyectos en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “A mí nadie me nombró portavoz. Lo asumí con un volumen de trabajo brutal”, advierte, pero también le movió una firme convicción: “Debía haber una mujer científica comunicando” porque “la diversidad importa”.

“Actuar desde un punto de vista inmunitario ayuda a tratar una serie de enfermedades, como el cáncer”

Qué aprendió la sociedad

Para Margarita del Val, la pandemia fue un aprendizaje colectivo, pero ella, en concreto, descubrió “la magnífica sociedad que tenemos en España, una sociedad muy responsable y disciplinada”. Y, sobre todo, valora especialmente la actitud de los jóvenes, de quienes destaca “esa solidaridad intergeneracional, cómo esperaron a que se vacunaran los mayores…”, que, en un escenario crítico, dieron cuenta de un gesto que “fue muy bonito”.

También destaca de aquellos años la importancia de la colaboración y reconoce que “ante un reto tan tremendo, el individualismo no sirve”. Y es que, como recuerda, el intercambio rápido de información científica a nivel internacional permitió comprender mejor lo que estaba ocurriendo, incluso cuando casi todos los países se volcaron hacia dentro.

Ese aprendizaje, la madurez de la sociedad y la capacidad de reacción ante situaciones graves, añade, ayudó a evitar una nueva pandemia con la viruela del mono (mpox). Tal es así que no titubea al manifestar que “si no hubiésemos pasado la pandemia de covid, la mpox habría podido ser ‘la pandemia’”.

Fortalezas y vacíos

En el ámbito de la virología y la inmunología, del Val no alberga dudas de que España sobresale. Como expone a Perfiles, “hay algo que se hace muy bien: estudiar diversas familias de virus a nivel de investigación básica y conocerlas a fondo”. Pero también subraya, en el campo de la inmunología, la importancia de la inmunoterapia, ya que “actuar desde un punto de vista inmunitario ayuda a tratar una serie de enfermedades, como el cáncer”.

Margarita del Val, frente a su equipo informático

Sin embargo, los desafíos persisten. Y, en este caso, lamenta que “en España falta estabilidad” y apunta que, por ejemplo, “tenemos demasiados altibajos: de inversión, de convocatorias, de cambios en los requisitos para la carrera investigadora”. Y, precisamente, esa falta de continuidad es la que afecta al recurso más decisivo: las personas. “Puedes poner mucho dinero sobre la mesa, pero si no hay personal formado, eso no se improvisa”, afirma. Y, en la misma línea, además, reivindica la necesidad de centros de investigación temáticos y mejor dotados, que permitan un trabajo más sostenible y menos fragmentado.

Un cambio radical

Cuando Margarita del Val comenzó a investigar, la inmunología era “muy fenomenológica”. Hoy, asegura, el conocimiento es mucho más profundo: se entienden mejor los mecanismos moleculares, la inflamación, la inmunidad y su relación con enfermedades crónicas.

Además, las infecciones, agrega, dejan huellas que acompañan al organismo durante años, como se ha visto con la covid persistente. Y esa nueva comprensión obliga a reforzar la inversión y el conocimiento para evitar y combatir esas infecciones, tanto a corto como a largo plazo.

“Las infecciones dejan huellas que acompañan al organismo durante años”

Crear en equipo

Del Val sigue disfrutando de la investigación. “Me gusta mucho aprender”, afirma de forma rotunda e incuestionable. Y, frente a la idea del científico aislado, ofrece una visión diametralmente opuesta. “Investigar es un trabajo de equipo, frecuentemente internacional. Entre todos somos creativos, sugerimos ideas, criticamos nuestras propias ideas y las de los demás, aceptamos esas críticas y construimos juntos”, sentencia.

Y sobre los jóvenes, quienes se sumergen por primera vez en el ámbito investigador, considera que no necesitan ideas brillantes para empezar. Ella propone, como sendero natural, el hecho de que “te integras en un equipo, te enseñan y vas aprendiendo poco a poco”.

De cara al futuro, a Margarita del Val le gustaría que “entendiéramos mejor las complicaciones y secuelas que dejan las infecciones”. “No salen gratis”, subraya. Y concluye con un mensaje inequívoco: la prevención debe estar en el centro de la investigación y de la vida cotidiana, desde las vacunas hasta los estilos de vida saludables.

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