Víctor Viñuales, presidente de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes)

“Hemos dejado que pasara mucho tiempo sin hacer lo debido”

Mejorar el mundo que compartimos ha sido, desde hace décadas, un objetivo esencial y prioritario para Víctor Viñuales. El sociólogo zaragozano, experto en sostenibilidad y cooperación internacional, impulsó en 1992 la creación de Ecodes, una fundación de la que ha sido director ejecutivo y que persigue defender el medioambiente e impulsar la transición a una economía neutra en carbono, eficiente en recursos y, a la vez, socialmente inclusiva.

Por Nat Carrasco | Fotografía: Daniel Marzo

06/11/2026
Víctor Viñuales, presidente de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes)

Víctor Viñuales accedió recientemente a la presidencia de la Fundación Ecología y Desarrollo y, como expresa a Perfiles, lo ha hecho con la firme intención de “construir la esperanza que propicie una acción eficaz para resolver los problemas comunes de la humanidad”.

- Después de tantos años vinculado a Ecodes, ¿qué significa para usted asumir ahora la presidencia de la fundación?

Es empujar la mejora del mundo y de la fundación desde otro lugar. En un primer momento, la fundamos cinco amigos y aquello fue voluntario. Luego ya me hice cargo de la dirección de una forma profesional. Y ahora vuelvo un poco a colaborar en la fundación desde otro lugar, la presidencia, pero también a la voluntariedad inicial.

Tenemos que asegurar que el rumbo de Ecodes sea el adecuado en unos tiempos en los que realmente no es fácil tomar decisiones y marcar direcciones apropiadas porque estamos viendo policrisis que se suman y se acumulan.

- Ecodes nació con una fuerte vocación transformadora. ¿Cree que hoy esa misión es más necesaria que nunca?

Nacimos en 1992 y poco después se celebró la Cumbre de Desarrollo Sostenible de Río de Janeiro. En esa época, ya conocíamos las consecuencias que tenía el calentamiento global, el cambio climático, y sabíamos sustancialmente qué había que hacer para resolver este problema.

Pero, como los estudiantes, hemos procrastinado mucho. Y eso ha hecho que los problemas se hayan agravado. La mitad de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero desde la revolución industrial se han producido después de 1992, cuando ya sabíamos qué había que hacer. Desde entonces, hemos ido construyendo soluciones, alternativas, mejorando la política pública y las tecnologías, pero a un ritmo más lento que al que se agravan los problemas, muy especialmente en el caso del cambio climático. Todo esto crea una insatisfacción, una sensación del futuro como algo catastrófico y un incremento de la desesperanza, que es muy negativo para el cambio social.

“Los seres humanos, como cualquier otro ser vivo, necesitamos aire bueno que respirar, agua buena que beber y alimentos buenos que comer. Y eso lo estamos amenazando con nuestro modelo económico”

- En el contexto actual, ¿cuál diría que es el principal reto ambiental al que se enfrenta España?

El principal reto, gravísimo y enorme porque condiciona todo lo demás, es el calentamiento global, el cambio climático. Hay gente con poco conocimiento que no es consciente de que el cambio climático no se resuelve encendiendo más el aire acondicionado. Eso puede mejorar la percepción de frío o calor en una casa, pero no vamos a ponerle aire acondicionado al planeta. Además, el aire acondicionado incrementa el calor en el planeta.

Víctor Viñuales, presidente de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes)

El año pasado, el océano del mundo, que es uno solo y está conectado, incrementó su temperatura en 23 zettajulios. Muchas personas no saben qué significa esto, pero, traducido a un enfoque más pedagógico, significaría que los océanos se calientan a un ritmo equivalente a 12 bombas atómicas de Hiroshima por segundo. Por ello, luego se producen fenómenos extremos catastróficos como la dana, el deshielo de los polos o un mayo con temperaturas de 40 grados en plena primavera. Además, hemos provocado la desaparición de miles y miles de especies y estamos esquilmando los océanos. Hemos construido una economía que, cuanto más avanza, más deteriora las bases biofísicas de la vida. Los seres humanos, como cualquier otro ser vivo, necesitamos aire bueno que respirar, agua buena que beber y alimentos buenos que comer. Y eso lo estamos amenazando con nuestro modelo económico. Eso es lo que tenemos que cambiar con urgencia.

- ¿Y el principal desafío social?

Además de los problemas ambientales, están los sociales. En el caso de las migraciones, una parte tiene que ver con que hay zonas cada vez más amplias del mundo donde ya se está haciendo inviable vivir: no se puede cultivar, no hay viabilidad para el ganado y la gente tiene que escapar de allí. Lo haríamos cualquiera.

La conexión entre lo ambiental y lo social es enorme y, por eso, se habla de transición justa. Las olas de calor, por ejemplo en nuestro país, no las sufren igual las personas que viven en una vivienda bien aislada que quienes viven en una casa con malas ventanas y aislamiento y en los últimos pisos y que, además, no tienen recursos para encender el aire acondicionado o ni siquiera lo tienen.

Nosotros, en nuestra visión, buscamos el bienestar para todas las personas dentro de los límites del planeta, sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras. Esa es la ecuación que hay que resolver: nuestro bienestar económico no debe basarse en el robo al futuro de nuestros hijos y nietos.

- Desde su experiencia, ¿qué errores se repiten cuando hablamos de transición ecológica y cómo se podrían evitar?

Hemos dejado que pasara mucho tiempo sin hacer lo debido y, por tanto, ahora lo debido es más urgente y hay que hacerlo de una forma más radical. Desde mi punto de vista, debemos actuar en tres planos: en las transiciones legal, tecnológica y cultural.

Víctor Viñuales, presidente de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes)

Tener coches eléctricos en vez de motores de combustión está bien, pero es mucho mejor que la gente ande más, vaya más en bicicleta, utilice más el transporte público o comparta coche.

El cambio que necesitamos es exponencial y no consiste en la mera sustitución de unas tecnologías por otras, sino en un cambio mucho más profundo. Y para eso no solo necesitamos cambiar los chips o los kilovatios, sino también las neuronas.

“Buscamos el bienestar para todas las personas dentro de los límites del planeta, sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras”

- Ha hablado en distintas ocasiones de “hacer las paces con la naturaleza”. ¿Qué implica esto exactamente?

Durante décadas, hemos padecido una grave infección de soberbia, pensando que nosotros éramos muy listos, ignorando que la naturaleza, por más vieja, es mucho más sabia porque ha ido cometiendo errores y aciertos a lo largo de millones de años.

Tendríamos que hacer una cura de humildad, aprender de la naturaleza y, de alguna manera, apoyar en su sabiduría las soluciones que implementemos.

Una economía que haga las paces con la naturaleza es aquella que no la agreda. Cuando intoxicamos los océanos de plásticos, lo que estamos haciendo es agredir a la naturaleza, que nos nutre y posibilita la vida. Es estúpido; es una especie de suicidio. No tiene ningún sentido.

Hacer las paces con la naturaleza es construir una economía que no agreda las bases biofísicas que permiten que estemos en este planeta. No es lo mismo una agricultura orgánica o regenerativa, que mantiene el suelo y la vida en él, que una agricultura biocida, que acaba con los microorganismos responsables de la fertilidad del suelo.

Es de locos, pero lo hemos hecho y lo seguimos haciendo. Cuando captamos la energía del sol, estamos viviendo de la naturaleza sin dañarla y evitando emisiones de carbono y, por tanto, el cambio climático. Tenemos que desarrollar tecnologías que respeten y no agredan a la naturaleza. De eso se trata, en el fondo.

- Por último, ¿qué le gustaría que Ecodes aportara al debate público en los próximos años?

Me gustaría que se nos reconociera como gente útil a su sociedad, que combate la polarización, que construye acuerdos multiactor para mejorar el mundo, que articula a la gente que sí construye soluciones y alianzas porque el desafío es enorme y necesitamos agrupar talentos y concertar voluntades.

Y también que fuéramos una fundación que construye esperanza. Una de las cosas que está pasando es que, cuando cualquier persona contempla los desafíos que tenemos delante, lo normal es que sienta desesperanza e impotencia a la vez. Y entonces piensa: “esto va a ser dificilísimo y yo no puedo hacer nada o prácticamente nada”. Y eso es gravísimo porque, si se infecta la esperanza, se infecta la voluntad; y si se infecta la voluntad, se infecta el ánimo. Y entonces ya no haces nada porque no hay ánimo, voluntad ni esperanza.

Me gustaría que Ecodes fuera reconocida y valorada como una organización que construye esperanza porque propicia la acción eficaz para resolver los problemas comunes de la humanidad.

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