Antón González, responsable de programación de Infinito Delicias

“Nuestro reto es demostrar que una iniciativa con impacto social y ambiental puede ser viable económicamente”

Infinito Delicias afronta su temporada 2026-2027 como un espacio abierto a la cultura, la participación ciudadana y la experimentación. Impulsado por la Fundación Daniel y Nina Carasso, el proyecto conecta creación, alimentación sostenible, compromiso ambiental y participación vecinal desde el barrio madrileño de Delicias. Su programación gratuita busca además acercar la cultura a públicos diversos y explorarla como herramienta de transformación social.

Por SONIA G. MENCÍA | FOTOGRAFÍA: INFINITO DELICIAS

28/10/2026
Retrato de Antón González, director de Programación de Infinito Delicias.

El pasado mes de septiembre, Infinito Delicias presentó su programación para la temporada 2026-2027. El espacio es "un centro de cultura, participación ciudadana y experimentación, muy ligado a su barrio, pero conectado con temas y con redes que están en todo el territorio español, incluso a veces internacionalmente". Así lo describe Antón González, responsable de programación de este espacio situado en la calle Juana Doña, 5, en el distrito madrileño de Arganzuela.

Detrás del proyecto está la Fundación Daniel y Nina Carasso, una entidad franco española que trabaja en dos ejes: la alimentación sostenible y "el arte ciudadano, la cultura pensada como herramienta de transformación social". Esos dos ámbitos, explica González, "se amplían o se viven de una forma diferente aquí". El reto es demostrar que una iniciativa con impacto social y ambiental puede ser, además, viable económicamente.

"Es un centro que está dando sus primeros pasos y se está definiendo", reconoce González, que forma parte de "un equipo pequeño" en el que "más o menos todos tenemos conciencia de todo lo que sucede aquí". 

Un espacio pensado para convivir

El edificio, un antiguo complejo industrial rehabilitado por los estudios Husos, elii y Ultrazul, recibió en 2023 el Golden Prize de los Holcim Awards como el proyecto más sostenible de Europa. Funciona con geotermia y energía solar y sus principales componentes se han diseñado para poder desmontarse y reutilizarse en el futuro. La vegetación de fachadas, terrazas y huertos lo convierte, además, en un pequeño ecosistema verde para el barrio.

Su torre alberga las oficinas del equipo, de la fundación y de entidades que, según González, están "alineadas a nivel de objetivos o a nivel de valores". La planta baja, en cambio, funciona como "una continuación del paseo de la calle" y puede visitarse la mayor parte de la semana. "Hay una parte importante del centro que está abierta a que la gente venga y esté, que sea un lugar de estar o de convivencia", señala. Y en la primera planta, dos terrazas con huertos urbanos rodean el inmueble y ofrecen mesas para trabajar, tomar un café o reunirse.

"La planta baja funciona como una continuación del paseo de la calle y puede visitarse la mayor parte de la semana"

En el edificio conviven dos comunidades. Por un lado, quienes llegan atraídos por la programación cultural y gastronómica. Por otro, profesionales, emprendedores y organizaciones vinculadas a la innovación y el impacto social. La arquitectura, pensada para favorecer el encuentro y la mezcla de usos, hace que ambos mundos se crucen a diario. 

La oferta gastronómica la forman el restaurante UNMAR y Cocina Beta, un comedor para 12 personas concebido como residencia para chefs que empiezan un proyecto de cocina sostenible.

Durante dos o tres meses, el equipo los acompaña para que tengan un "lugar en el que probar, aprender, rodar un poco su propuesta". La siguiente residencia, adelanta González, se abrirá en breve. 

La comida ocupa un lugar central porque "moldea nuestro mundo" y tiene "un impacto medioambiental gigantesco". El objetivo, explica, es pensar "cómo eso puede hacerse más responsablemente". El centro aborda además la alimentación desde la salud y desde la cultura, "profundizando en las raíces de algunas recetas o en tradiciones en torno a juntarse a la mesa". 

Esta línea combina restaurantes, talleres de cocina y conversatorios, y estrenará algún videopódcast. Es una forma de entender la mesa no solo como sustento, sino como un espacio para compartir y pensar. 

El barrio propone

La temporada 2026-2027, que va de septiembre a agosto, se ha pensado "desde el punto de vista de la audiencia" a partir de una pregunta sencilla: qué se puede hacer en Infinito Delicias. El calendario presentado recoge alrededor de dos tercios de las actividades y deja margen para "estar receptivos a lo que pueda suceder durante el año". 

La respuesta se organiza en cuatro líneas, habitar el espacio, cocinar y comer con propósito, crear en comunidad y dialogar para generar pensamiento. Habitar incluye también las propuestas culturales "más al uso", como conciertos, teatro y cine. 

Habitar el espacio, cocinar y comer con propósito, crear en comunidad y dialogar para generar pensamiento son las cuatro líneas en torno a las cuales se organiza la respuesta de Infinito Delicias a la pregunta ‘qué se puede hacer en Infinito Delicias’

La iniciativa social de más calado es el laboratorio ciudadano. "Invitamos a vecinos y a vecinas a proponer ideas para Delicias, ideas que también sean replicables, que puedan inspirar a otros entornos sociales similares", explica. Son seis meses de trabajo continuo porque se busca "hacer procesos de largo aliento" y no un taller al que "vienes y te vas a tu casa". Al final del proceso, se estudia "qué recorrido pueden tener después" las ideas. 

Los grupos reúnen entre cuatro y 10 personas. "Buscamos un compromiso sin exigirlo. También buscamos que sea un espacio amable y divertido", apunta. La acogida, asegura, es buena: "Siempre te encuentras un núcleo duro de gente que tira del carro y que lidera". 

"Invitamos a vecinos y a vecinas a proponer ideas para Delicias, ideas que también sean replicables, que puedan inspirar a otros entornos sociales similares"

La participación es, además, intergeneracional. Va "desde edad de jubilación a gente de veintipico" y los distintos perfiles "se entremezclan en los grupos". "En este barrio hay gente muy activa y muy propositiva", subraya.

La ubicación tampoco fue casual. El objetivo era rehabilitar un inmueble en lugar de construir uno nuevo para "tener el menor impacto ambiental", y Delicias se vio "como una especie de bisagra entre norte y sur de Madrid", en "una franja económica intermedia". Es, además, un barrio en plena transformación, algo que, según González, "tiene sentido por el movimiento cultural y el tipo de gente que está habitando este barrio en este momento". 

"En este barrio hay gente muy activa y propositiva"

La cultura como derecho 

A González le sorprende la implicación del público. "Sea cual sea el tipo de actividad, la gente que viene participa y pregunta mucho", afirma. Lo atribuye en parte al propio espacio. 

La cuarta línea, la de dialogar, apuesta por mesas redondas y coloquios. Incluso las proyecciones de cine están pensadas para "luego tener una conversación", que el equipo quiere "dinamizada, profunda, larga". Toda esta actividad se sostiene con un modelo híbrido. Los ingresos propios, procedentes del alquiler de salas para eventos, los espacios de trabajo, el restaurante y las alianzas con empresas e instituciones, permiten mantener una programación cultural y comunitaria gratuita y abierta a toda la ciudadanía.

La discapacidad es otro de los ámbitos en los que Infinito Delicias empieza a dar pasos. "Yo creo que se va abriendo", admite. Este otoño ha organizado con Fundación ONCE un taller creativo con materiales reutilizados, pintura y una visita guiada a la Bienal de Arte Contemporáneo. Además, ha colaborado en unas jornadas sobre mediación cultural para menores con discapacidad que incluyeron una pieza de teatro con jóvenes. 

Cocinas

En esa misma línea, Infinito Delicias ha sido sede de una jornada de la Fundación Gabeiras y el Ministerio de Cultura sobre cultura y sistema penitenciario. Está ligada a un programa que quiere llevar el arte en las cárceles "un poco más allá de lo habitual", con formación básica en mediación para el personal de los centros. "Es un poco esa filosofía de la cultura como derecho", añade. 

La visita puede terminar o empezar en la librería, especializada en ensayo y con una pequeña sección infantil y de libro gráfico. Sus estanterías reúnen los temas que recorren todo el proyecto, la alimentación, la sostenibilidad, el medioambiente, el urbanismo y la tecnología.

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