La ciencia española ha demostrado en los últimos años una resiliencia admirable, acompañada de progresos notables
El poder vital de la investigación
Esperanza o resignación son la consecuencia natural de un avance positivo –o no– de la investigación médica. España atesora un enorme talento en este ámbito, pero las persistentes limitaciones estructurales —como financiación insuficiente, burocracia paralizante, escasa estabilidad en los proyectos, precariedad o fuga de cerebros— frenan su desarrollo. Pese a todo, la ciencia española ha demostrado en los últimos años una resiliencia admirable, acompañada de progresos notables. Y, a tenor de lo que está en juego, no cabe alternativa ya que, aunque nos empeñáramos en lo contrario, la conclusión es evidente: investigación equivale a vida.
Por Nat Carrasco
A lo largo de las últimas décadas, la supervivencia en, por ejemplo, el cáncer de mama o de próstata se ha duplicado. Detrás de estos resultados, por supuesto, se encuentra una escrupulosa labor investigadora que no se detiene —ni debe hacerlo— ya que la longitud del sendero que tiene por delante es aún muy superior a la del recorrido.
De ello da buena cuenta Jesús Sánchez, responsable de proyectos científicos de la Fundación CRIS Contra el Cáncer, quien recuerda a Perfiles que, en España, “se diagnostican más de 300.000 casos de cáncer al año”. La entidad de la que forma parte persigue acelerar la curación de la enfermedad y a pesar de que, como lamenta, cada año “aún fallecen más de 115.000 personas” en nuestro país, considera imprescindible “hacer un esfuerzo entre todos para lograr que ese número sea cada vez más bajo… hasta llegar a cero”.
Y, en esa dura batalla, son tres los grandes frentes que, en nuestro país, permanecen abiertos en la investigación contra esta enfermedad. El primero de ellos es la metástasis que, como detalla Sánchez, “sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer” y, a pesar de que cada vez se comprende mejor cómo se produce, “aún es difícil de prevenir y eliminar”.
El segundo son las resistencias a los tratamientos, debido a que “un mismo tumor, que en un inicio respondía muy bien, puede volverse resistente”. Y el tercero, el desarrollo de terapias personalizadas y con menos efectos secundarios ya que, sostiene el responsable de CRIS Contra el Cáncer, “no se trata solo de curar más, sino también de hacerlo mejor”.
Epidemias
También son destacables los retos y amenazas que más preocupan en el campo de la virología. Según la doctora Ana Fernández-Sesma, directora del Departamento de Microbiología en Icahn School of Medicine at Mount Sinai, de Nueva York, “los virus que es más probable que causen epidemias y pandemias son, primero, los respiratorios, como la gripe aviar o el SARS‑CoV‑2; y, en segundo lugar, aquellos relacionados con el cambio climático, transmitidos por mosquitos y garrapatas, que, por el calentamiento global, están apareciendo en zonas del planeta en las que antes no estaban”.
Ana Fernández-Sesma: “No podemos vivir en una isla porque lo que pasa en el otro extremo del mundo nos va a influir de una forma u otra”

Sin embargo, también en este terreno la investigación científica ha derivado en mejoras sustanciales. Según Fernández-Sesma, haber atravesado en los últimos años varias pandemias o epidemias ha contribuido sobremanera a “avanzar mucho en la forma de entender cómo los virus infectan o cómo responde el huésped”. Contar con cohortes de personas infectadas y vacunadas “nos ha dado muchísimas muestras disponibles con las cuales podemos investigar por qué hay personas que responden de una forma y otras que lo hacen de otra diferente y, gracias a las técnicas más avanzadas, entender las claves más importantes de la respuesta inmune”.
El presidente de la Federación Española de Enfermedades Raras (Feder), Juan Carrión, resalta los resultados de la secuenciación genómica de nueva generación, una tecnología que permite “proporcionar un diagnóstico o un nombre para lo desconocido”, algo que considera “no solo un acto médico, sino también un reconocimiento que permite a las familias acceder a información, conectar con otras personas afectadas y, cuando existe, acceder a tratamiento”.
Investigación de Barbacid
El pasado enero, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) encabezado por el doctor Mariano Barbacid anunció los exitosos resultados de un estudio en el que colabora la Fundación CRIS Contra el Cáncer y que demuestra la eliminación de tumores de páncreas en ratones mediante una combinación de tres fármacos. Este hito representa una de las mayores esperanzas para la reversión y curación de uno de los cánceres más agresivos que existen en la actualidad.
La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, subrayó que el Ejecutivo aportó casi 11 millones de euros a la investigación liderada por Mariano Barbacid contra el cáncer de páncreas, y que “el 66 % del proyecto” se financia con fondos públicos. Estas declaraciones, recogidas por Servimedia, surgieron tras una sesión de control al Gobierno en el que la senadora del PP María del Mar del Río acusó al Ejecutivo de no haber apoyado suficientemente al investigador y dejar el proyecto en manos de donaciones privadas.
Morant enmarcó la controversia en un debate más amplio sobre el modelo científico y defendió el papel de la universidad y la sanidad públicas en el sistema de investigación español. Recordó que “el 70 % de la investigación se hace en las universidades y, de ese 70 %, el 95 % se hace en la universidad pública”. Además, aseguró que España ha invertido más de 1.200 millones desde el año 2018 en investigación contra el cáncer.
Según Juan Carrión, la secuenciación genómica de nueva generación “es, sin duda, la tecnología que más vidas está transformando sobre las personas con enfermedades raras”
Avance contra el cáncer
El hallazgo de Barbacid, para el responsable de proyectos científicos de la Fundación CRIS Contra el Cáncer, es realmente “muy potente” ya que “hasta ahora no se habían conseguido resultados tan eficaces en modelos de laboratorio”. Pero, como sostiene, aún no está todo hecho: “Ahora hay que llevar esto a pacientes”. En concreto, señala que los siguientes pasos son “poner a prueba la combinación terapéutica en situaciones más difíciles para confirmar su eficacia, buscar maneras de reducir la toxicidad cuando llegue a pacientes y refinar las moléculas para que funcionen mejor en organismos humanos”.
La investigación del equipo encabezado por el doctor Barbacid alcanzó gran relevancia a nivel internacional y muestra que se pueden abrir nuevas vías terapéuticas. Fernández-Sesma precisa que “el punto común es que estamos enfocándonos mucho más en el huésped, en que no todo el mundo responde igual a una amenaza, que puede ser un virus o un cáncer”.
En la misma línea, la viróloga insiste en que “ahora, con tecnologías avanzadas, podemos ver cualquier problema —sea cáncer o infección— desde muchos aspectos importantes celulares y del sistema inmune, lo que hace que avance de una forma muy parecida”.
Carrión subraya que el hallazgo del doctor Barbacid “es un aprendizaje de gran valor sobre por qué la investigación no puede medirse con criterios de retorno a corto plazo”. Añade que “gracias a la perseverancia de investigadores académicos financiados con fondos públicos y con aportaciones de entidades de pacientes se están logrando grandes avances”, algo que, como destaca, es un patrón que “para las enfermedades raras, se repite constantemente”.
El presidente de Feder sostiene que se deben extraer varias lecciones de este hito. La primera es que “necesitamos proteger los presupuestos de investigación básica de la presión por resultados inmediatos”; la segunda, que “la traslación no es un proceso lineal de básico a clínico: es una conversación continua entre investigadores de laboratorio, clínicos, pacientes y familias”; y la tercera, que “una diana descubierta para una enfermedad puede ser terapéuticamente relevante en varias otras”.
Jesús Sánchez, responsable de proyectos científicos de la Fundación CRIS Contra el Cáncer.
Nuevas terapias
Por fortuna, los avances en la investigación médica se extienden hacia diversos ámbitos, que podrán derivar en nuevas terapias y tratamientos. En el campo de la oncología, Sánchez considera muy prometedoras determinadas investigaciones, como las terapias CAR-T, que “aunque en los años noventa no funcionaban, tras una pequeña modificación introducida a mediados de los dos mil, han revolucionado el tratamiento de los tumores de la sangre”; la inmunoterapia, que “hace décadas parecía imposible, pero hoy es uno de los mayores avances alcanzados”; o el desarrollo de anticuerpos unidos a fármacos, que son “auténticos ‘misiles teledirigidos’ contra el tumor”.

En virología, Fernández-Sesma destaca que “las tecnologías ómicas —fenómica, proteómica, metabolómica…— permiten hacer un estudio exhaustivo de todos los elementos que pueden influir en la respuesta inmune”. Dentro de estas, añade, “ahora mismo se está haciendo muchísimo RNA‑seq, que es secuenciación de ARN mensajero que permite ver qué proteínas se van a expresar en el huésped”.
Gracias a estas herramientas, que están transformando la virología, es posible extraer mucha más información y “contrastarla en distintos tipos de estudios o cohortes para ver cuáles son los puntos clave en una vacunación para tener una respuesta apropiada”, según Fernández-Sesma.
En las enfermedades raras, Carrión apunta a que “las terapias génicas y las basadas en ARN están representando un cambio de paradigma para patologías que hasta hace poco no tenían tratamiento”. En concreto, el presidente de Feder menciona “la edición genómica con Crispr-Cas9 y sus variantes”, que abre la posibilidad de “corregir mutaciones específicas con una precisión sin precedentes”.
Jesús Sánchez: “No nos podemos permitir demoras evitables; hay que empujar para que la investigación llegue lo antes posible a las personas con cáncer”
El responsable de Feder también cree que ha sido determinante “la expansión del cribado neonatal” en nuestro país, en el que, en 2025, se incrementó de siete a 21 el número de enfermedades cribadas incluidas en la cartera común. A pesar de ello, denuncia la “heterogeneidad entre comunidades autónomas” ya que “no todas detectan el mismo número de patologías”, lo que supone “inequidades territoriales inaceptables”.
Fuga de talentos
Existen otros factores, además de los tecnológicos, que contribuyen a la posición de nuestro país en el ámbito investigador. Tal y como expresa a Perfiles el responsable de proyectos científicos de CRIS Contra el Cáncer, España es una potencia que forma muy bien a sus investigadores, pero “a veces, cuesta mantener ese talento” en nuestro país. A pesar de ello, celebra que “algunos de los investigadores que trabajan en líneas de investigación muy relevantes a nivel mundial están aquí”.
Para evitar el éxodo de científicos reclama “dotar de más recursos a la investigación”, que es “algo que tenemos que hacer entre todos”, por ejemplo, “a través de fundaciones”. A pesar de todo ello, afirma que “podemos estar muy orgullosos de los investigadores formados en España y de la investigación que se desarrolla en nuestro país”.
Aparte de universidades o laboratorios, “las asociaciones de pacientes hemos evolucionado de ser receptores pasivos de la ciencia a convertirnos en agentes activos del ecosistema investigador”, subraya Carrión y pone como ejemplo que entre 2021 y 2023, Feder lanzó “proyectos de investigación por un valor de más de siete millones de euros”.
Más allá de nuestras fronteras, Fernández-Sesma valora que las colaboraciones internacionales son fundamentales en el terreno de la virología para mejorar la preparación científica global ante futuras pandemias. “Es importante no olvidar que somos un mundo global y que no podemos vivir en una isla porque lo que pasa en el otro extremo del mundo nos va a influir de una forma u otra”, explica.
Barreras y financiación
A pesar de los avances, también existen barreras que frenan el progreso en las investigaciones en España. En el caso de las enfermedades raras, la principal es “la fragmentación. Aún nos falta garantizar conexiones sistemáticas y sostenidas” puesto que, con más de 7.000 enfermedades raras con prevalencias muy bajas, “la masa crítica necesaria para hacer ciencia robusta solo se alcanza aunando esfuerzos”, precisa Carrión.
Resulta crucial, según Ana Fernández-Sesma que la sociedad comprenda “cómo ha cambiado nuestra calidad de vida gracias a los descubrimientos científicos y al trabajo de muchas generaciones de inves
A este obstáculo se suma la “inestabilidad en la financiación pública”, una cuestión que “dificulta la planificación estratégica” y provoca “la pérdida de talento investigador”, según el presidente de Feder.

Por ello, reclama en España “un fondo estable y específico para enfermedades raras que no esté sujeto a vaivenes presupuestarios”. Y, en tercer lugar, cita la baja prevalencia individual de cada enfermedad, que “hace que el mercado y el sector privado no genere por sí solo los incentivos suficientes para que la industria farmacéutica invierta”.
Sánchez subraya la existencia de varias barreras. “La primera es la financiación para mejorar la situación de los investigadores que trabajan en España; ofrecer condiciones competitivas, capacidad para contratar equipos con agilidad y evitar procesos administrativos tediosos”, enumera.
Bajo su punto de vista, resulta esencial “complementar la financiación pública del Estado con el esfuerzo de la sociedad a través de fundaciones” con el fin de “impulsar y acelerar la investigación”.
El responsable de CRIS Contra el Cáncer apunta también a “las cuestiones de regulación y aprobación”. En este sentido, mantiene que, a pesar de que España ha sido muy activa en ensayos clínicos, “en ocasiones, la inclusión en la cartera pública ha sido más lenta que en otros países”. Y en un terreno como el oncológico, esto puede marcar la línea entre la vida y la muerte. “Hemos visto varios casos de personas que han fallecido ante tumores que, un año después, tenían una terapia”, lamenta Sánchez, quien agrega que “no podemos permitirnos demoras evitables; hay que empujar para que la investigación llegue lo antes posible a las personas con cáncer”.
Investigar es vida
Fernández-Sesma admite que resulta crucial que la sociedad comprenda “cómo ha cambiado nuestra calidad de vida gracias a los descubrimientos científicos y al trabajo de muchas generaciones de investigadores”.
La viróloga lamenta que se haya perdido la confianza en la salud pública. Aun así, insiste en que “debemos recordar lo que hemos vivido y entender que la investigación es importante porque las amenazas siguen ahí; los virus, los parásitos y todo tipo de patógenos van a seguir afectando a la salud humana”. Por ello, sentencia: “Necesitamos una nueva generación que siga avanzando en la investigación científica”.
Para Jesús Sánchez, “la investigación es la única manera de dar una nueva oportunidad a las personas que actualmente no la tienen”
En la misma línea, Sánchez considera esencial potenciar la investigación. “El cáncer nos afecta a todos: lo padeceremos nosotros o lo padecerá alguien muy cercano”, afirma con rotundidad. Por ello, advierte que “no podemos quedarnos de brazos cruzados” ya que “cualquier cosa que podamos aportar mejorará nuestra vida y la de quienes nos rodean”.
En cualquier caso, el responsable de proyectos científicos de CRIS Contra el Cáncer considera esencial potenciar la investigación. Señala que “podemos ser optimistas” y estima que, aunque aún fallecen muchas personas por esta enfermedad, los nuevos tratamientos y tecnologías han derivado en que “lo conseguido en los últimos 20 años en el campo del cáncer” sea algo que “no tiene precedentes”.
Por ejemplo, Sánchez recuerda que “tumores como el mieloma múltiple han pasado de ofrecer una esperanza de vida de entre cuatro y seis años a estar por encima de diez o doce en poco más de una década”. No es el único caso. “El melanoma metastásico, cuya esperanza de vida era de apenas seis meses a principios de los años dos mil, ahora se sitúa en torno a los seis años gracias a la inmunoterapia”, añade.
Para acabar con el cáncer, Sánchez precisa que “necesitamos investigar y entender que este es un reto que nos concierne a todos”, por lo que “todos debemos implicarnos en la medida de nuestras posibilidades”. Y, como respuesta incuestionable al poder vital de la investigación, proclama, contundente, que esta vía “es la única manera de dar una nueva oportunidad a las personas que actualmente no la tienen”.
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