Investigación pionera sobre envejecimiento saludable
Viajar puede ayudar a envejecer mejor
El turismo se ha incorporado con fuerza al debate sobre el envejecimiento saludable. La investigadora turca Hatice Güçlü Nergiz, autora de una revisión sistemática publicada en SAGE Open, sostiene que viajar no solo mejora la movilidad, la autonomía y la estimulación cognitiva, sino que también refuerza la participación social y la calidad de vida.
Por Pedro Fernández
El turismo no es solo ocio, puede ser una herramienta decisiva para envejecer mejor. Así lo sostiene la investigadora turca Hatice Güçlü Nergiz, autora del estudio Healthy Aging in the Tourism Industry: A Systematic Literature Review (SAGE Open, 2025), que demuestra que viajar “contribuye de manera decisiva al bienestar, la satisfacción y la calidad de vida” de las personas mayores.
Con una población mundial de adultos mayores que alcanzará los 2.000 millones en 2050, Nergiz considera que el turismo llegó tarde al debate sobre el envejecimiento saludable por una razón histórica: “Durante muchos años, el turismo se consideraba principalmente una actividad económica y recreativa. El envejecimiento saludable, por otro lado, se entendía como un ámbito propio de la medicina, la gerontología y la salud pública, con un fuerte enfoque en la prevención de enfermedades, los servicios sanitarios y el funcionamiento físico”. Esa separación disciplinar dejó fuera las contribuciones del turismo al bienestar psicológico, social y emocional de los mayores.
El punto de inflexión llegó cuando la Organización Mundial de la Salud redefinió el envejecimiento saludable como el proceso de “desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez”. Para Nergiz, esta perspectiva abrió la puerta a reconocer el papel del turismo en dimensiones como la actividad física, las conexiones sociales, el aprendizaje permanente, la independencia y las experiencias vitales significativas. “El rápido envejecimiento de la población mundial y la creciente participación de los adultos mayores en actividades turísticas han animado a los investigadores a considerar el turismo como un componente importante del envejecimiento activo y saludable”, afirma.
En su estudio, la investigadora utiliza precisamente la definición de la OMS para analizar qué capacidades funcionales se ven más reforzadas al viajar. Identifica cuatro: movilidad, participación social, independencia y funcionamiento cognitivo. “Viajar suele animar a los adultos mayores a mantenerse más activos físicamente mediante actividades como caminar, explorar nuevos lugares y relacionarse con diferentes entornos”, explica.
A ello se suma la estimulación mental que supone descubrir destinos, culturas y experiencias nuevas. El turismo también “desempeña un papel importante en el fomento de las conexiones sociales”, ya sea viajando con familiares, amigos o grupos organizados, o interactuando con otros viajeros. Y el propio proceso de planificar un viaje, tomar decisiones y adaptarse a entornos desconocidos “puede reforzar la autonomía y la autoeficacia”.
Salud física, mental y social
La evidencia que Nergiz considera más convincente es la que muestra que el turismo y la recreación apoyan simultáneamente el bienestar físico, psicológico y social. “Lo que encuentro particularmente convincente es que estos beneficios no son aislados. El turismo crea un entorno único en el que los adultos mayores pueden mantenerse activos, relacionarse con otros, aprender cosas nuevas y disfrutar de experiencias significativas al mismo tiempo”. Según la investigadora, esta combinación tiene un impacto más fuerte en el bienestar general que cualquier actividad individual por sí sola.
Su revisión sistemática reciente, The Effect of Outdoor Recreation on Quality of Life and Well-Being: A Systematic Review in Elders (2025), refuerza esta conclusión. En ella se observa que la participación en actividades recreativas al aire libre —frecuentes en destinos turísticos— ayuda a mantener la forma física, mejorar la salud mental, apoyar el funcionamiento diario e incluso reducir los costes sanitarios. La evidencia sugiere además que estas actividades pueden retrasar la necesidad de cuidados a largo plazo y servicios médicos intensivos.
A partir de estos resultados, Nergiz subraya que las estrategias turísticas más efectivas son aquellas que consideran “características esenciales como el estado de salud” de los viajeros mayores. Esto implica diseñar productos turísticos adaptados a necesidades específicas: “Esto puede incluir ofrecer opciones de menú sin gluten para viajeros con enfermedad celíaca, opciones dietéticas adecuadas para personas con diabetes o crear entornos seguros y fáciles de navegar para personas que viven con demencia o Alzheimer”.
La accesibilidad, añade, debe extenderse a la infraestructura: alojamientos con rampas, superficies antideslizantes, escaleras de pendiente suave, acceso fácil a asistencia médica y disponibilidad de equipos de emergencia. Para la investigadora, el turismo debe entenderse como “un ecosistema de servicios inclusivo que apoya la salud, el bienestar y la calidad de vida de personas con diferentes capacidades y condiciones de salud”.
Papel del Gobierno
La dimensión social del turismo también ocupa un lugar central en su análisis. Nergiz defiende que los gobiernos deberían integrar el turismo social en las políticas públicas: “Representa un enfoque proactivo y rentable para promover el envejecimiento saludable”. En lugar de intervenir solo cuando aparecen los problemas de salud, las actividades recreativas y turísticas apoyadas públicamente pueden prevenir o retrasar muchos desafíos físicos, psicológicos y sociales asociados al envejecimiento. “Los resultados muestran que estas actividades tienen un impacto directo y positivo en la calidad de vida y el bienestar general. Fomentan la actividad física, promueven la interacción social y ayudan a los adultos mayores a mantenerse comprometidos con sus comunidades”, afirma.
Para ello, los gobiernos pueden invertir en espacios recreativos accesibles, infraestructura turística amigable con las personas mayores y programas que hagan las oportunidades turísticas más asequibles e inclusivas. Estas iniciativas, señala, no solo reducen el aislamiento social, sino que fortalecen la cohesión comunitaria.
Además, en un contexto de rápido crecimiento de la población mayor y aumento de los costes sanitarios, estas políticas deben considerarse “inversiones a largo plazo”. Al apoyar la salud, la independencia y la participación social, el turismo social tiene el potencial de reducir la demanda futura de servicios sanitarios y de bienestar. Para Nergiz, “desde esta perspectiva, el turismo social no es simplemente una actividad de ocio; es una herramienta estratégica y rentable de política pública para promover un envejecimiento más saludable y activo”.
Grandtravel
El bienestar intergeneracional también aparece como un elemento clave en la literatura revisada por Nergiz. Según la investigadora, el turismo puede actuar como un poderoso puente entre generaciones, especialmente en los viajes compartidos entre abuelos y nietos, conocidos como ‘grandtravel’. “Estas experiencias crean oportunidades para la diversión, los recuerdos compartidos y la transmisión de valores familiares e historias de vida”, explica. Pero también implican dimensiones emocionales más profundas, como la alegría, la aceptación, la esperanza, la confianza y el sentido de legado.
En un momento vital marcado por la jubilación, la pérdida de seres queridos o el deterioro físico, viajar con los nietos puede ayudar a los adultos mayores a afrontar estos cambios y a reforzar su sentido de continuidad. Para los más jóvenes, estas experiencias fomentan la empatía y fortalecen los vínculos familiares desde edades tempranas. Nergiz asegura que “en última instancia, el turismo es mucho más que una experiencia vacacional. Puede actuar como una valiosa herramienta social que fortalece las relaciones intergeneracionales, promueve la comprensión mutua y contribuye al bienestar emocional y la resiliencia de las familias a través de las generaciones”.
Por último, la literatura también muestra que el perfil del viajero mayor ha cambiado de forma notable en los últimos 20 años. Tradicionalmente asociado a viajes pasivos y actividades de movilidad limitada, hoy el turista sénior es más activo, independiente y orientado a las experiencias.
Para la investigadora, “los viajeros mayores ya no son simplemente consumidores de productos turísticos; también son creadores, comunicadores e intérpretes de sus propias experiencias”. En conjunto, la literatura describe a un viajero sénior más educado, más competente tecnológicamente, más seguro en la toma de decisiones y más abierto a experiencias diversas. Por ello, la industria turística “ya no puede considerar a los adultos mayores como un segmento homogéneo, sino como un grupo diverso con motivaciones, intereses, capacidades y preferencias variadas”.
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