Amparo Azcutia, cofundadora de Hogares Compartidos
“Queremos que las personas mayores vivan esta etapa de la vida de una forma ilusionante”
Cambiar la forma de envejecer. Ésta es una de las motivaciones principales –y también uno de sus objetivos más loables– de Amparo Azcutia para continuar ejerciendo su labor, con pasión, tesón y, sobre todo, vocación, en Hogares Compartidos. Tal y como explica la cofundadora de esta iniciativa a Perfiles, el proyecto, cuyo recorrido se extiende a lo largo de más de 12 años, pretende generar entre sus participantes, todos ellos personas mayores de 60 años, “unos núcleos de convivencia sanos, colaborativos y afectivos”, además de luchar contra la soledad no deseada.
Por Nat Carrasco
Son numerosas las personas mayores que manifiestan la necesidad de un alojamiento ajeno a la tradicional residencia y que, por diversas circunstancias, cuentan con una pensión baja. Para cubrir, precisamente, esta necesidad, Amparo Azcutia y Pilar Pardo, actual presidenta de la entidad, pusieron en marcha en Valencia, en el año 2013, Hogares Compartidos.
Pero, como revela a Perfiles la propia Azcutia, el paso de los años ha otorgado a la lucha contra la soledad no deseada un papel cada vez más destacado en este proyecto, en el que personas mayores de 60 años, cuya trayectoria vital oscila desde el sinhogarismo hasta situaciones más acomodadas, conviven –y se enriquecen– en diferentes pisos y en perfecta armonía.
En esta entrevista, además, enumera los valores vinculados al trabajo que desarrollan en el marco de esta iniciativa; recuerda cuáles fueron los retos que superaron al ponerla en marcha; y explica el impacto y los beneficios que ha tenido este modelo habitacional sobre las personas participantes en Hogares Compartidos.
¿Cómo nació la idea de Hogares Compartidos y qué necesidad social buscaba cubrir en sus inicios?
Hogares compartidos nació para cubrir una necesidad que era principalmente de alojamiento y de pensiones bajas. En aquel momento, tampoco nos cuestionábamos tan rotundamente el tema de la soledad, pero con los años ha sido otro de los motivos importantes por los que existe Hogares Compartidos.
Yo trabajaba como trabajadora social con personas sin hogar. Mi compañera Pilar (Pardo), que es la otra cofundadora y actual presidenta, trabajaba en residencias de tercera edad. Y entre las dos detectamos una necesidad, que era dar alojamiento digno a personas mayores que no pueden pagarse una vivienda, pero que tampoco quieren entrar a una residencia.
¿Cuál fue el mayor reto al poner en marcha esta iniciativa y cómo lo superaron?
El mayor reto fue ganarnos la credibilidad con un recurso innovador que era desconocido tanto para la administración como la ciudadanía. Esa apuesta en los primeros tres años, en los que mi compañera y yo estuvimos trabajando desde el voluntariado, forjaron las bases de lo que fue el primer piso, en la calle Gaspar Aguilar (Valencia) y con cuatro personas.
Y tres años después, cuando ya recibimos nuestra primera subvención, de la Obra Social “la Caixa”, y el premio del Colegio de trabajadores Sociales, la gente empezó a creer en la rotundidad del éxito de un recurso de estas características.
“El mayor reto fue ganarnos la credibilidad con un recurso innovador que era desconocido tanto para la administración como la ciudadanía”
¿Cómo funciona el programa de acompañamiento psicosocial en los pisos supervisados?
El éxito del programa es hacer unos núcleos de convivencia sanos, colaborativos y afectivos. Cuanto menos sabemos de ellos, mejor funciona la vivienda y la convivencia. Tenemos en el equipo dos trabajadoras sociales que asiduamente pasan por las viviendas y contactan con las personas de manera individual para ver cómo van tanto a nivel de grupo como con sus necesidades y expectativas individuales.
Por otro lado, también contamos con personas de prácticas de Trabajo Social y del Máster de Bienestar Social, que nos ayudan también a hacer un proyecto más potente. Además, contamos también con voluntariado, tanto voluntariado afectivo, que se dirige únicamente al vínculo con una persona, como los delegados de hogar, que son personas que van a los pisos para saber cómo están los participantes, qué necesitan, trasladarles información… Ellos también son nuestros ojos y nuestros oídos una vez a la semana.
¿Qué perfil tienen las personas mayores que participan en Hogares Compartidos?
Nosotras decimos que, si hay 60 personas, cada una de ellas es totalmente diferente y heterogénea. Tenemos personas que han llevado una vida de exclusión severa, han venido de albergues y han estado en calle... Tenemos incluso una que ha estado 50 años viviendo en la calle. También a personas que han estado en situaciones acomodadas, teniendo sus empresas, viajando y que saben distintos idiomas, pero que, por un mal negocio, una separación o por el cuidado de sus padres, por ejemplo, pues han visto cómo sus pensiones no respondían a todo lo trabajado anteriormente, sino que se reducían solamente a la última etapa de su vida laboral.

Lo bonito del programa es ver que ambos colectivos pueden convivir de manera adecuada. Pensamos que “tu pasado es importante, pero lo que realmente nos interesa es tu presente y tu futuro”. Y ahí todos vamos a una, a intentar que esta etapa de la vida sea motivante, ilusionante, que sigamos formándonos, creciendo, aprendiendo, conociendo gente… Y en eso es en lo que todos están de acuerdo.
En concreto, el perfil de Hogares Compartidos son personas mayores de 60 años, que sean pensionistas, que cobren el ingreso mínimo vital, la renta valenciana de inserción o la ayuda de mayores de 52 años del SEPE. Y se buscan personas que sean solidarias, afectivas, colaborativas… y que estén solas. No se aceptan matrimonios ni, por ejemplo, hermanos o primos, porque lo que intentamos es apoyar a esas personas que también sufren soledad no deseada.
¿Qué impacto ha tenido el proyecto en la vida de los beneficiarios?
Vemos constantemente un cambio muy significativo en las personas que entran a participar en Hogares Compartidos. Por ejemplo, una mujer que se había dedicado toda su vida a los cuidados, y que nunca se había cuidado ella, cuando entra en Hogares Compartidos y le preguntamos “¿a ti qué te gusta hacer realmente?”, nos dice que le gusta cantar. Y de no permitirse ese cantar, ahora lo hace hasta en tres coros. Esto sigue acarreando problemas con su familia, pero es mucho más feliz porque también tiene esa vía de escape y tiene otros adultos mayores con los que compartir su día a día, algo que le hace más llevadero el camino.
Por otro lado, también tenemos muy presente que nuestra entidad está muy vinculada al concepto de cultura, pero una cultura participativa. Pensamos que la cultura cura y siempre recordamos, en este caso, a una persona que ya no está con nosotros, que falleció, que estaba en la cama, con hernias, con dolores… hasta que se le presentó un proyecto motivador: formar parte de un grupo de danza y teatro. En ese momento, dejó sus dolores en la cama, se levantó y empezó a ensayar con gente joven. Incluso llegó a retrasar su operación porque estaba tan ilusionada que eso le daba vida, tanto física como psicológicamente.
“Vemos constantemente un cambio muy significativo en las personas que entran a participar en Hogares Compartidos”
¿Qué papel juega el equipo profesional y el voluntariado en el día a día de la ONG?
El equipo de Hogares Compartidos es un equipo pequeño. Somos cinco personas, pero muy bien avenidas. Tenemos a un senior y a una junior y contamos con distintas perspectivas que nos enriquecen como equipo.
El voluntariado está formado principalmente por personal femenino. Tenemos la suerte de contar con grandes profesionales del mundo de lo social dentro de nuestro equipo de voluntariado. De hecho, mi propia profesora de Trabajo Social ejerce ahora de voluntaria en uno de los pisos. Y lo bonito es que, como es un recurso finalista, las personas voluntarias se vinculan durante muchos años con las personas a las que atienden.
A nosotros no nos gusta llamarles ni usuarios ni beneficiarios, sino participantes de la entidad. Entonces, esos vínculos se convierten casi en familiares. Para evitar la soledad no deseada y tener un referente normalizado, esos voluntarios ofrecen mucha calidez al trato y les estaremos eternamente agradecidos por su compromiso y por el tiempo que comparten tanto con el equipo como con los propios participantes de Hogares Compartidos.
¿Qué premios o reconocimientos han recibido que les hayan hecho sentir especialmente orgullosos?
A lo largo de estos 13 años, hemos recibido bastantes galardones y premios. El primero fue del Colegio de Trabajadores Sociales, que coincidió con el día de mi cumpleaños, cuando ya llevábamos tres años trabajando desde el voluntariado. Fue como recibir el aval profesional de este trabajo que hacemos con tanta ilusión y vocación.
También tenemos un premio de Onda Cero, que nos hizo mucha ilusión porque fuimos entrevistadas por Julia Otero, una de las periodistas que más admiramos; la Llama Rotaria de del Club Rotary Valencia, que es una entidad que lleva con nosotros muchísimo tiempo; y el Premio a los Mejores Mayores y el Premio a la Innovación Social y Urbana, del Ayuntamiento de Valencia.

¿Qué valores definen el trabajo de Hogares Compartidos y cómo se reflejan en su actividad diaria?
Uno de nuestros valores es la proximidad. Intentamos ser un recurso pequeño, que personaliza el trato y donde no hay estándares en la intervención con las personas, sino que escuchamos y atendemos de una manera personalizada. Nos gusta innovar, ser una entidad que apueste por dar respuesta a las necesidades sociales de una manera creativa.
Respetar la dignidad humana sería otro de nuestros valores. Y otro, la intimidad; por eso, queremos que cada persona en Hogares Compartidos tenga su espacio de privacidad, aunque eso encarezca más el recurso. También el compromiso: adquirimos un compromiso para ser coherentes y responsables con la misión y visión de nuestra entidad porque este es un trabajo totalmente vocacional.
“Cuando uno se hace mayor, la necesidad de compañía y de querer sentirse más protegido se cubre con la convivencia con otras personas”
Tenemos una máxima y es que ni mi compañera Pilar ni yo cogemos ningún piso al que no llevaríamos a nuestros padres. Eso lo hemos llevado a rajatabla en todos estos años y la verdad es que siempre nos ha funcionado muy bien.
También indicaría como valor la igualdad de género. Siempre intentamos apostar por un lenguaje inclusivo, por una participación en los medios de comunicación que refleje la realidad tanto de hombres como de mujeres y sus necesidades específicas dentro de los pisos.
Y, por supuesto, la transparencia, que se refleja tanto en nuestras redes sociales como en nuestra página web, donde intentamos trasladar todo lo que hacemos y nuestro día a día.
¿Qué le motiva personalmente a seguir trabajando en este proyecto?
Lo que me motiva es, por una parte, la satisfacción que veo en las personas mayores a las que atendemos. Y ser consciente de que podemos cambiar la manera de envejecer. A mí no me importaría, de mayor, estar viviendo en un hogar compartido con otras personas y hacerlo de una manera sana.
El sentimiento de soledad atañe a todos y, cuando uno se hace mayor, la necesidad de compañía y de querer sentirse más protegido se cubre con la convivencia con otras personas.
Me motiva seguir en el proyecto porque todos los días aprendo, porque las historias de vida de las personas que atendemos son realmente dignas de elogio y no dejan de sorprenderme y, sobre todo, por el concepto del tiempo que tienen las personas mayores, que es muy diferente al que se tiene en la sociedad en general. Aquí, con las personas mayores, lo que se valora es ir a tomar un café y el tiempo se relativiza.
¿Qué planes de futuro tienen para Hogares Compartidos?
Seguir manteniendo el nivel de calidad en la atención, nunca bajar la guardia en ese sentido, y ampliar el proyecto no solamente a los pisos en Valencia capital, sino a las zonas rurales.
Justo ahora vamos a abrir un piso en Montesa, al lado de Xàtiva, un pueblo de unos 1000 habitantes, aproximadamente. Nos acogen con los brazos abiertos y tenemos ganas de iniciar el proyecto allí.
Y, posteriormente, también abriremos un piso en Alginet, con una fórmula diferente, porque dentro habrá un propietario.
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