Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Tolerancia cero y educación en igualdad, imprescindibles para erradicar la violencia machista

Tolerancia cero. Esta debería ser la única respuesta ante la violencia machista. Sin embargo, a pesar de los notables avances producidos en los últimos años, esta se mantiene como un grave problema estructural en nuestra sociedad. Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, entidades como la Asociación MUM (Mujeres Unidas Contra el Maltrato) y la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres explican a Perfiles cómo atienden a mujeres víctimas de esta lacra y qué esfuerzos realizan para prevenirla.

Por Nat Carrasco

25/11/2025
Una mano al frente que dice basta: símbolo de rechazo a la violencia machista

Más de 1.300 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003, tal y como recoge la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, organismo público dependiente del Ministerio de Igualdad.

Solo en 2025, la violencia machista se ha llevado por delante la vida de 38 mujeres, una cifra muy similar a la de los últimos años que confirma que, a pesar de los esfuerzos de prevención y sensibilización social que se realizan desde múltiples ámbitos, aún queda un largo camino por recorrer para acabar con este lastre que arrastra nuestra sociedad.

Desde la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, Susana Martínez Novo, abogada en ejercicio especializada derecho de familia y violencia de género y presidenta de la entidad, explica a Perfiles que, en la asociación, “trabajamos desde un enfoque integral centrado en la atención, protección y recuperación de las mujeres”.

En concreto, prosigue, “acompañamos a víctimas de violencia de género, prostitución y trata a través de nuestros programas de intervención: Fortaleza –dirigido a mujeres víctimas de violencia de género– y Brújula y Alternativa, orientados a mujeres en situación de prostitución y trata, desde un posicionamiento abolicionista frente a la explotación sexual”.

La labor de la entidad, como detalla su presidenta, incluye apoyo psicológico, social y jurídico y se refuerza con su servicio de información y ayuda a través del número de teléfono 900 100 009.

En líneas estratégicas similares trabajan también en MUM, que, como expone Carmen Benito, presidenta de la asociación, presta una atención integral y personalizada con el objetivo de que “las mujeres pasen de ‘víctimas’ a ‘supervivientes’, ayudándolas a reconstruir su vida con autonomía y dignidad”. En este sentido, advierte que “ofrecemos una atención multidisciplinar (psicológica, legal, social) para cubrir todas las dimensiones del maltrato”.

Desde la propia entidad, detallan que, en materia psicológica, cuentan con sesiones semanales para las mujeres que han sufrido maltrato, sin límite de duración y adaptándose a las necesidades específicas de cada una. Y, en relación con el ámbito legal, MUM dispone de “abogadas voluntarias que orientan legalmente a las mujeres supervivientes para que entiendan sus derechos, denuncien si quieren y tomen decisiones informadas”.

Como explica Benito, la asociación también realiza actividades grupales, como talleres, encuentros y charlas para mujeres; colabora con empresas para facilitar la inserción laboral de las mujeres que han sufrido maltrato; y les ofrece apoyo social y acompañamiento en red. “Tenemos un programa de ‘ayuda a la familia’ para garantizar el bienestar tanto de la mujer como de sus hijas e hijos, especialmente en procesos de separación”, apunta.

Retos persistentes en la lucha contra la violencia

Una mayor conciencia social, marcos normativos más sólidos y un aumento de recursos especializados son, a juicio de Susana Martínez Novo, algunos de los avances más importantes acaecidos en torno a la lucha contra la violencia de género. Sin embargo, como sostiene, “los retos siguen siendo estructurales y persistentes”.

Entre ellos, recalca, “el negacionismo y la desinformación están a la orden del día, la educación afectivo-sexual sigue sin ser obligatoria, la pornografía condiciona la socialización de los jóvenes y la precariedad expone a muchas mujeres a situaciones de explotación”.

Y, además, según la responsable de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, existen otros desafíos, como, por ejemplo, “la necesidad de mejorar la formación especializada de los profesionales que intervienen con víctimas, consolidar el trabajo en red, asegurar financiación estable y suficiente, o reducir las desigualdades territoriales en el acceso a recursos, entre otras cuestiones”.

Por si fuera poco, a estos retos se suman otros obstáculos a los que las mujeres se enfrentan a la hora de denunciar el maltrato. A este respecto, Carmen Benito alude al miedo al agresor, al “temor a represalias: más agresiones, amenazas o daños a sus hijos” y al “miedo a que el agresor no sea detenido o salga pronto”.

Pero existen algunos más. Por ejemplo, desde MUM destacan la dependencia emocional de la víctima, que viene acompañada de “sentimientos de culpa, vergüenza o responsabilidad por la relación; la esperanza de que (el agresor) ‘va a cambiar’; y fases de maltrato seguidas de arrepentimiento del agresor”.

Y, además, Carmen Benito subraya que también suponen un obstáculo para las mujeres a la hora de denunciar a su agresor la dependencia económica, la normalización del maltrato, la vergüenza y el estigma social, la falta de apoyo familiar o social, el desconocimiento de sus derechos, los trámites y procesos judiciales largos y el temor por sus hijos.

Prevención y sensibilización social: un pilar fundamental

No cabe duda de que prevenir el maltrato, evitar que este se produzca, debe ser una tarea que competa a toda la sociedad. Y en este punto, precisamente, la sensibilización social es donde adquiere una importancia extraordinaria.

Para Carmen Benito y para MUM, de hecho, la prevención –y la educación en igualdad– es un asunto vital puesto que “es la solución a esta lacra”. En la entidad, por ejemplo, trabajan en varias líneas preventivas, como evitar que la violencia de género se reproduzca para reducir el número de mujeres que puedan convertirse en víctimas. “Detectar señales tempranas –como el control, los celos, el aislamiento o el chantaje emocional– permite actuar antes de que la violencia escale”, asegura.

La asociación, además, realiza talleres, charlas y actividades formativas para educar a jóvenes y otros colectivos; trata de desmontar mitos y falsas creencias (como ‘los celos son amor’ o ‘si controla es porque se preocupa’) y de fomentar una cultura de respeto e igualdad; se ocupa de crear entornos seguros y de apoyo, sensibilizando a toda la sociedad para que sepa detectar señales en su entorno, intervenga de forma segura y acompañe a la mujer sin juzgarla; empodera a las mujeres antes de que exista riesgo, promoviendo la autoestima, la independencia emocional y económica y el autoconocimiento; y trabaja por reducir el impacto emocional y social.

También considera esencial la sensibilización social Susana Martínez Novo. “Es un pilar fundamental para transformar percepciones, reducir la tolerancia social a la violencia contra las mujeres y favorecer que las víctimas y el entorno pidan ayuda o sepan cómo apoyar”, destaca.

Para avanzar en este sentido, como explica, la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres impulsa exposiciones itinerantes, talleres coeducativos, campañas públicas, conferencias, acciones formativas y contenidos específicos en redes sociales.

Pero atajar de raíz un problema de esta envergadura requiere más. Y, en este sentido, los medios de comunicación ocupan un lugar estratégico. Según Martínez Novo, “el lenguaje con perspectiva de género es determinante para nombrar la violencia, visibilizar la explotación sexual y evitar narrativas que desresponsabilizan a los agresores o culpabilizan a las víctimas”. Es decir, tal y como expresa la presidenta de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, “la manera de contar los hechos influye directamente en cómo la sociedad entiende el problema”.

Educación en igualdad desde la infancia

Asimismo, Susana Martínez Novo cree necesario adoptar una serie de medidas prioritarias para erradicar la violencia contra las mujeres. “La educación en igualdad desde las primeras etapas es prioritaria, incluida la educación psico-afectiva y los efectos del uso de la pornografía que normalizan relaciones afectivas desiguales y violentas”, señala.

Pero no es, como destaca, la única. La responsable de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres también estima esencial reforzar la formación de profesionales en materia de igualdad y violencia contra la mujer; mejorar la coordinación interinstitucional y consolidar redes de trabajo estables y eficaces; garantizar una financiación suficiente, estable y continuada para los recursos y servicios de atención integral; combatir el negacionismo y la desinformación, especialmente en entornos digitales; reducir las desigualdades territoriales en el acceso a recursos especializados; y avanzar de forma decidida hacia la abolición del sistema prostitucional, reconociendo la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres.

Se trata, sin duda, de medidas más que necesarias. Y es que, como subraya la Asociación Mujeres Unidas Contra el Maltrato, “la violencia de género no es un problema privado, es una responsabilidad social”. En este sentido, según advierte Carmen Benito, “prevenir, educar y acompañar salva vidas”.

Desde la entidad, además, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, manifiestan su pretensión de “alzar la voz por todas las mujeres que han sufrido violencia y por las que aún no pueden hablar” y reafirman su “compromiso con cada superviviente” con un mensaje nítido: “no estás sola”. Y todo ello con el objetivo de que “cada mujer pueda reconstruir su camino en libertad, con apoyo psicológico, legal y humano”, porque, como sentencian, “Juntas somos más fuertes. Juntas rompemos el silencio”.

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Miriam González.
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