Estudio Ojo al dato, impulsado por Inserta Empleo
Violencia de género en mujeres con discapacidad, una realidad oculta
El estudio Ojo al dato, impulsado por Inserta Empleo, revela que el 40,4% de las mujeres con discapacidad ha sufrido violencia de género, frente al 32% de las mujeres sin discapacidad. Además, pone cifras a una realidad silenciada y alerta sobre las dificultades para denunciar y el impacto en la salud de las víctimas.
Por Patricia Encinas
Disponible en Odismet, el Observatorio de Fundación ONCE sobre discapacidad y mercado de trabajo en España, y cofinanciado por la Unión Europea, el estudio forma parte del proyecto Mujeres en Modo ON VG, cuyo objetivo es visibilizar esta doble vulnerabilidad y construir la primera base estadística propia en España sobre la relación entre discapacidad y violencia de género. Su recorrido por distintas ciudades españolas busca no solo difundir los hallazgos, sino también generar espacios de diálogo, escucha y sensibilización que contribuyan a la defensa de los derechos de las mujeres con discapacidad.
Entre las principales conclusiones de Ojo al dato cabe destacar que el 40,4% de las mujeres con discapacidad sufre violencia de género, frente al 32% de las mujeres sin discapacidad.
El análisis también revela que el miedo a represalias o no ser consciente de que se está viviendo una situación de violencia de género hace que el 34,5% de las mujeres no hayan denunciado y el 4,3% hayan retirado la denuncia.
No hay que callar
Lola Gutierrez sabe mucho de esto y así lo explica: “En terapia, mi doctor un día me preguntó si tenía miedo. Y me di cuenta de que sí. ‘Sí, sí que le tengo miedo, no físico, pero sí psicológico’. Esa fue la pregunta del millón, la que me salvó. Por eso decidí denunciar. Fui a comisaría y resultó todo muy desagradable, porque tuve que contar muchas cosas íntimas, por ejemplo, que me forzaba sexualmente. No es fácil contar estas cosas, y menos a desconocidos”.
Por su parte Virginia Cabrera asegura que “es difícil reconocer a un maltratador al principio, van enmascarados, terminan sabiendo todo de ti pero tú los desconoces. Hubo algún episodio que debería haberme dado la voz de alarma, pero estaba enamorada y le quité importancia. Por ejemplo, cuando trató de drogarme con pastillas y hacerme creer que estaba loca”.
Maltrato y peor salud
Asimismo, un 57,6% de las mujeres que participan en el estudio ha indicado que la discapacidad es previa a la violencia de género sufrida, frente al 27,6% que afirma que es consecuencia de la violencia vivida. Además, el 13,4% de ellas señala que su salud ha empeorado como consecuencia de la violencia.
Eva María Vigo es una de esas mujeres a las que el maltrato perjudicó gravemente su salud. “Ahora tengo un certificado de discapacidad del 52%, con problemas en la espina dorsal, hernias, protusiones, problemas cervicales, fibromialgia, reflujo crónico, colon irritable… a veces pienso que, después de todo, debería estar peor de lo que estoy. Ha habido momentos en que dudaba, incluso, de estar viva. Te duele todo, por dentro, por fuera, partes que ni imaginas”, afirma.
Este estudio se enmarca en el proyecto Mujeres en Modo ON VG, que Inserta Empleo, con la cofinanciación de la Unión Europea, puso en marcha en 2020 con el propósito de acompañar y empoderar a las mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género a través de la formación y el empleo.
Recuperar la vida
Lorey Martín es uno de los ejemplos de que, con ayuda, una mujer con discapacidad puede recuperar su vida. “A día de hoy, vuelvo a estar en activo laboralmente. Trabajo en la recepción y administración de un centro de mayores. Hago teatro, en una compañía amateur formada sólo por mujeres, que me hace muy feliz. Me ha ayudado muchísimo, a conocerme, a respetarme, a valorarme”, valora.
“He comenzado una nueva relación. Hoy soy feliz, doy gracias por estar aquí, por poder disfrutar de las pequeñas cosas, un paseo por la playa, un baño, contemplar un atardecer mientras tomo un café… vivir viviendo. El túnel puede ser largo y oscuro, pero siempre, siempre, tiene un final donde nace la luz”, concluye Lorey Martín.
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