Cuando la sociedad cambia su forma de comer

Nutrición y salud digestiva: dos días, un mismo mensaje global

A finales de mayo, dos fechas consecutivas concentran la atención de organismos científicos y sanitarios en todo el mundo. El 28 se conmemora el Día de la Nutrición y el 29, el Día Mundial de la Salud Digestiva. Aunque su origen es distinto, ambos comparten una misma preocupación: la creciente evidencia de que la salud empieza en lo que comemos y se consolida en cómo lo procesa nuestro organismo.

Por Refugio Martínez

28/05/2026
Bodegón de alimentos saludables

El Día de la Nutrición fue impulsado por la Federación Española de Sociedades de Nutrición en 2002 con el objetivo de trasladar a la población conocimientos científicos sobre alimentación y salud y, con el tiempo, su mensaje ha sido adoptado y amplificado por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) o UNICEF.

Por su parte, el Día Mundial de la Salud Digestiva, impulsado por la Organización Mundial de Gastroenterología (WGO, por sus siglas en inglés) en 2004, tiene un origen institucional y busca concienciar sobre la importancia del cuidado del aparato digestivo y la prevención de enfermedades relacionadas con este sistema.

Más allá de la cercanía de estos dos días en el calendario, ya que uno se celebra el 28 y otro el 29 de mayo, las dos fechas invitan a mirar la salud desde una perspectiva más amplia para entender que la alimentación y la digestión forman parte de un mismo engranaje. Lo que comemos marca el punto de partida, pero es el organismo quien determina el resultado final, en un proceso continuo que va desde la elección de los alimentos hasta su aprovechamiento real por el cuerpo.

Lo que comemos marca el punto de partida, pero es el organismo quien determina el resultado final

En este contexto, los expertos y organismos sanitarios coinciden en que no se trata solo de incorporar alimentos saludables a la dieta, sino de comprender cómo esos alimentos interactúan con el sistema digestivo y afectan al bienestar general. Esta visión integral es la que explica por qué dos jornadas aparentemente independientes están cada vez más conectadas en el discurso científico y en la conciencia social.

Comer mal en un mundo con exceso de comida

Ambas jornadas coinciden en el diagnóstico: el mundo atraviesa una crisis alimentaria compleja. Ya no se trata solo de hambre, sino de una combinación de déficits y excesos.

Hombre que se toca la tripa en ademán de dolor.

La OMS señala que “la nutrición es una parte crítica de la salud y el desarrollo” y advierte de que “el mundo enfrenta una doble carga de malnutrición, que incluye tanto la desnutrición como el sobrepeso”. Esta realidad afecta especialmente a los más vulnerables. Según UNICEF, “al menos uno de cada tres menores de 5 años presenta malnutrición en cualquiera de sus formas”.

La organización también recuerda que una alimentación adecuada está directamente relacionada con mejoras en la salud infantil y materna, sistemas inmunitarios más fuertes y una menor incidencia de enfermedades crónicas.

En este contexto, la FAO introduce un elemento clave: la alimentación no puede entenderse de forma aislada. Como recuerda el organismo, “trabajando sobre los sistemas agroalimentarios podemos mejorar nuestra dieta, nuestra salud y nuestro impacto sobre los recursos”.

El intestino, ese gran olvidado

Pero si la nutrición marca el punto de partida, el sistema digestivo determina el resultado y, aun así, sigue siendo uno de los grandes olvidados de la salud pública. En este marco, la WGO, responsable del Día Mundial de la Salud Digestiva, insiste en la importancia de prestar atención a los síntomas.

Además, subraya en su campaña de 2026 que “la diarrea crónica merece atención, no vergüenza” y advierte que es fundamental actuar con rapidez y “cuando haya dudas, es importante descartar enfermedades subyacentes”.

El problema de la diarrea crónica no es solo médico, existe también un componente social ya que muchas afecciones digestivas siguen asociadas a vergüenza o incomodidad. Por eso estas campañas no solo buscan prevenir, sino también normalizar.

Existe un componente social ya que muchas afecciones digestivas siguen asociadas a vergüenza o incomodidad

La revolución silenciosa

Frente a este escenario, hay un fenómeno que cobra cada vez más fuerza: el cambio real en los hábitos de la población. Lejos de la idea de que el ciudadano permanece ajeno a las recomendaciones médicas y científicas, lo cierto es que se está produciendo una transformación progresiva y sostenida.

Hoy, comer se ha convertido en un acto consciente. Cada vez más personas revisan etiquetas, comparan productos, reducen ultraprocesados y priorizan alimentos frescos. A ello se suma la creciente adopción de patrones alimentarios como la dieta mediterránea, percibida no solo como modelo nutricional, sino como estilo de vida.

Este cambio responde a años de divulgación científica y campañas institucionales. En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) lo expresa claramente al afirmar que “promover un patrón alimentario saludable y sostenible es un objetivo prioritario”. La clave está en la palabra sostenible, porque la alimentación deja de centrarse solo en el individuo para incluir el impacto colectivo.

A esto se suma también una dimensión cultural. Uno de los autores más influyentes en este cambio de mentalidad, el periodista y ensayista estadounidense Michael Pollan, sintetiza la idea en su libro En defensa de la comida, con una frase que se ha convertido en referencia global: “Come comida. No demasiada. Sobre todo, plantas”. En apenas una línea, condensa un principio que conecta tradición, salud y sencillez, y que explica en buena medida hacia dónde se dirige la conciencia alimentaria actual.

Lo relevante es que este mensaje ya no se percibe como una imposición externa, sino como una decisión personal. Comer mejor se asocia hoy con bienestar, longevidad y calidad de vida, pero también con valores como la sostenibilidad, el respeto al entorno y la responsabilidad individual.

Comer mejor se asocia hoy con bienestar, longevidad y calidad de vida, pero también con valores como la sostenibilidad, el respeto al entorno y la responsabilidad individual

Este cambio se refleja en múltiples ámbitos, desde el auge de los mercados ecológicos hasta la incorporación de la educación nutricional en colegios, pasando por el papel cada vez más activo de los consumidores. La alimentación, en definitiva, ha dejado de ser una rutina automática para convertirse en un elemento central de la identidad y del estilo de vida.

La transformación ya ha comenzado. La sociedad está interiorizando que comer mejor no es una tendencia pasajera, sino una pieza clave de la salud presente y futura. Y en ese proceso, nutrición y salud digestiva dejan de ser conceptos separados para formar parte de un mismo discurso.

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Lucía Navarro.
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