El municipio homenajea al sacerdote y fundador de las Hermandades del Trabajo por la huella social y comunitaria que dejó en la localidad

El Espinar reconoce como Hijo Predilecto a Abundio García Román, el sacerdote que camina junto a los trabajadores

Rodeado de fieles seguidores y representantes de la Iglesia, el Ayuntamiento de El Espinar concedió el título de Hijo Predilecto a Abundio García Román, sacerdote y fundador de las Hermandades del Trabajo. Después de la misa que se celebró en su honor en la Iglesia de San Eutropio, los seguidores de Abundio se dirigieron al auditorio Gonzalo Menéndez Pidal para la ceremonia, que fue aprobada por unanimidad en el pleno del Ayuntamiento en noviembre de 2025. Su intención es subrayar la importante huella social y comunitaria que dejó el sacerdote en la localidad y que todavía se siente a través de su ejemplo y su organización. “Y que la figura de este siervo de Dios siga viva en nuestra memoria, y que ilumine la misión de la Iglesia”, pidió Don Jesús Vidal, obispo de Segovia, durante la misa.

Por Daniel Alonso Viña

30/04/2026
Foto de familia del reconocimiento a Don Abundio, en El Espinar

Abundio García Román (1906-1989) fue un sacerdote español cuya trayectoria quedó marcada por su vinculación con el mundo obrero y por una forma de entender su labor centrada en la realidad social del trabajo. Nacido en Jaraicejo (Cáceres) y ordenado sacerdote en 1930, sus primeros años los pasó en los barrios populares de Madrid. Allí entró en contacto directo con familias que vivían en contextos de pobreza, desigualdad y un fuerte distanciamiento de la Iglesia y de Cristo. Esa experiencia fue decisiva para su futuro. Orientó su vocación hacia la reconciliación entre la fe cristiana y los trabajadores, convencido de que el rechazo al mensaje religioso respondía al desconocimiento y al contexto de injusticia social.

De ahí surgieron las Hermandades del Trabajo, que fundó en 1947. La organización se constituyó como una asociación de fieles de la Iglesia católica concebida como un instrumento de evangelización del mundo laboral y de promoción integral de los trabajadores. La iniciativa fue innovadora para su tiempo. Integraba lo apostólico y lo social al otorgar un papel central a hombres y mujeres laicos, sin distinción de edad ni condición. También impulsaban proyectos concretos como comedores, viviendas, servicios de crédito y centros de formación profesional.

Javier Figueredo Soto, alcalde de El Espinar, aseguró que el legado de Abundio perdura en el pueblo. “No hay nadie que no recuerde a Don Abundio”, contaba a la salida de la Iglesia, “y con la concesión de este título le queremos devolver un poquito de todo lo que nos ha dado”. En el año 2000, un grupo de seguidores consiguió que se abriera oficialmente el proceso de canonización de Abundio, y la Iglesia lo reconoció como Siervo de Dios, primer grado en ese camino. Para seguir adelante, sus fieles deben certificar la huella dejada por su legado social, y en ese contexto se encaja este reconocimiento.

Vicente Martín Muñoz, obispo auxiliar de Madrid, asegura que la “aclamación popular es muy importante para el proceso de canonización” y que por fin se le declare Venerable, el siguiente paso en este camino. A Emilia Sicilia Tirado, presidenta nacional de las Hermandades del Trabajo, el acto en El Espinar, aseguró, les hace “ilusión, es un punto de partida para seguir trabajando y nos da mucha alegría ver el cariño que un pueblo entero le tiene a Don Abundio”. José Luis Santos, el vicepresidente de la Comisión para Asuntos Económicos de la fundación, afirmó que siente un “profundo agradecimiento por este reconocimiento porque Don Abundio era un hombre que acogía a todos los trabajadores, especialmente a los más necesitados”.

Las raíces de Abundio en El Espinar

La relación de Abundio García Román con El Espinar fue estrecha, continuada en el tiempo y con un impacto tangible en la vida social y comunitaria del municipio. Aunque no nació en la localidad, mantuvo un vínculo personal y pastoral muy significativo, especialmente a través de las obras impulsadas por las Hermandades del Trabajo. El Espinar se convirtió en uno de los lugares donde su proyecto social y evangelizador encontró un arraigo estable, hasta el punto de formar parte de su biografía vital y del desarrollo del movimiento que fundó.

Uno de los elementos centrales de esa relación fue la implantación en El Espinar de varias residencias vinculadas a las Hermandades del Trabajo, entre ellas BetaniaCasa Madre— y Nazareth. Estos espacios tienen una función asistencial o residencial y se integraron en la dinámica social del municipio. También acogen actividades formativas, encuentros comunitarios y proyectos de promoción social. En los últimos años, la Residencia Nazareth ha sido reconvertida en un centro de acogida para personas refugiadas, gestionado por la ONG Cesal, manteniendo el espíritu fundacional de servicio a los más vulnerables que caracterizó la obra de García Román.

La relación también se manifestó en su implicación directa en la vida local. Según destacó el Ayuntamiento, promovió iniciativas de turismo social, colaboró con cofradías del municipio y apoyó actividades juveniles, deportivas y culturales. Asimismo, mostró una disposición constante a ceder espacios y recursos de las Hermandades para actos comunitarios, reforzando su papel como figura de referencia más allá del ámbito estrictamente religioso y consolidando una relación basada en la cercanía y el compromiso con los vecinos.  La labor impulsada por García Román se extendió progresivamente por distintas diócesis españolas y, a partir de los años sesenta, también por varios países de América Latina, dotando a las Hermandades del Trabajo de una dimensión internacional.

Fue el obispo Vicente Martín Muñoz quien se levantó a recoger la placa de reconocimiento de Don Abundio como Hijo Predilecto del municipio. Vicente Martín Muñoz subrayó que si algo caracterizó a Abundio García Román fue “vivir despierto”, atento a “la realidad de su tiempo”, una actitud que le llevó a abrir “en primer lugar el corazón a los trabajadores precarios que llegaron a Madrid desde distintas zonas rurales de España en busca de un futuro mejor”. Martín Muñoz defendió que Don Abundio era “un sembrador de sueños, de semillas de vida, de fraternidad y de dignidad”.

El obispo, arropado por decenas de vecinos que conocían a Abundio, vinculó ese legado con el presente. "Hoy nos seguimos encontrando con muchos trabajadores precarios y muchos migrantes extranjeros que necesitan acompañamiento y formación para vivir con dignidad”, dijo. También advirtió de que el mundo laboral “sigue siendo un espacio donde muchas personas quedan descartadas” y de que la precariedad “deteriora la salud mental, debilita la estabilidad familiar y dificulta la construcción del futuro”. Y terminó: “No basta con lamentar estas situaciones. Don Abundio apostó por la fraternidad, la hermandad, la dignidad y el bien común, defendiendo relaciones laborales basadas en derechos y una economía al servicio de la persona, de modo que, ante la exclusión, la respuesta sea un trabajo decente”.

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