Borja Santos, CEO de full&fast
Sostenibilidad real empieza cuando se apaga la luz
El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, la península ibérica se quedó a oscuras. En cinco segundos desaparecieron 15 gigavatios de generación, cerca del 60% de la potencia que en ese momento abastecía España, y con ellos se fue la electricidad de 50 millones de personas. Durante horas, hospitales operaron con grupos electrógenos, fábricas pararon líneas de producción, supermercados perdieron stock refrigerado y miles de empresas descubrieron “a las malas” el coste real de no tener un plan de continuidad energética.
Por Borja Santos
Más de un año después, los informes oficiales han hablado de oscilaciones de tensión, de un sistema con poca inercia, de fallos en cadena y de una compleja combinación de factores técnicos. Las recomendaciones del Comité del Gobierno y de Red Eléctrica apuntan en la misma dirección: reforzar las interconexiones, mejorar el control de tensión, acelerar la planificación de la red y, sobre todo, apostar de manera decidida por el almacenamiento y la flexibilidad. El sistema, como reconoce el propio operador, opera desde entonces en modo ‘reforzado’, con un sobrecoste que acabamos pagando todos en la factura para evitar que pueda volver a pasar.
Resiliencia y sostenibilidad son la misma cosa
Durante años hemos hablado de descarbonización en abstracto: paneles, emisiones evitadas, contratos PPA, certificados verdes, derechos de emisiones... Todo eso sigue siendo necesario, pero el apagón nos dejó una lección incómoda: una empresa con un parque solar conectado a red pierde el suministro igual que una empresa que se alimenta de gas. Lo que diferencia a una operación resiliente no es la etiqueta verde, es la capacidad de seguir funcionando cuando el sistema falla.
Y aquí es donde el almacenamiento cobra sentido. Una batería bien dimensionada, gobernada por un sistema de gestión energética con inteligencia, deja de ser un activo pasivo ‘por si pasa algo’ y se convierte en el centro de una microrred que da continuidad operativa, reduce factura, integra renovables y, cuando la regulación lo permite, presta servicios al sistema, generando un ingreso. La misma infraestructura que protege a la empresa de un apagón es la que la prepara para participar en los mercados de flexibilidad.
La sostenibilidad de una empresa ya no se mide solo en toneladas de CO2 evitadas. Se mide también en horas sin parar cuando los demás están parados.
La trampa del CAPEX
Uno de los argumentos más recurrentes para no avanzar es el coste inicial. Montar una instalación de autoconsumo con almacenamiento industrial requiere una inversión relevante, plazos de obra, gestión técnica y un esfuerzo de mantenimiento que muchas empresas no quieren asumir. El resultado es que el proyecto se posterga año tras año mientras el riesgo operativo sigue ahí.
La respuesta del sector no puede ser pedirle a cada empresa que se transforme en una eléctrica. Tiene que ser ofrecer modelos que separen el acceso a la energía del peso del CAPEX: cuotas mensuales que incluyen equipamiento, mantenimiento, conectividad y gestión remota, con opción de compra cuando la empresa quiera. Es el mismo principio que hemos visto en otros sectores –el famoso pago por uso– y que en el sector energético empieza a desbloquear proyectos que llevaban años parados en una hoja de cálculo.
Lo que toca ahora
El sistema eléctrico español está en plena transformación y eso, inevitablemente, lo hace más complejo de operar. Tendremos más renovable, más distribuida, con más actores y más volatilidad. Esa es la dirección correcta, pero exige que cada empresa, cada polígono y cada infraestructura crítica deje de ser un consumidor pasivo y se convierta en un activo flexible y evite problemas derivados de conflictos políticos en otra parte del mundo.
Para los responsables de sostenibilidad de las grandes empresas, mi recomendación es simple: el siguiente paso del plan ESG no es comprar más certificados verdes, es asegurar que la operación puede sostenerse por sí misma cuando el sistema tiembla. La buena noticia es que la tecnología está madura, los modelos comerciales han evolucionado y el marco regulatorio –con el reciente Real Decreto 88/2026– ha empezado a reconocer al almacenamiento y a la agregación independiente como piezas centrales del nuevo sistema.
La transición energética se ganará en los tejados, en los aparcamientos y en las naves industriales. Y se demostrará el día en que vuelva a haber un apagón y haya empresas que apenas lo noten.
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