Cuatro de cada diez adolescentes afirman haber sufrido problemas de salud mental

La otra cara de la vuelta al cole

El principio de curso suele asociarse con el comienzo de una etapa importante, de reencuentros y de propósitos. Sin embargo, detrás de las mochilas nuevas y los libros sin estrenar se esconden también preocupaciones que afectan a miles de niños, adolescentes y familias. La presión académica, los problemas de salud mental, el coste económico de la educación y el reto de construir una escuela cada vez más inclusiva convierten el regreso a las aulas en un escenario donde conviven la ilusión por aprender y los desafíos de una realidad cada vez más compleja.

Por Refugio Martínez

07/09/2026
Niños de espaldas con sus mochilas que se dirigen al colegio.

Septiembre marca el regreso a las rutinas, los horarios y las obligaciones académicas. Sin embargo, para miles de niños y adolescentes la vuelta al colegio no supone únicamente reencontrarse con compañeros y profesores. También implica enfrentarse a situaciones de estrés, ansiedad, inseguridad o presión por el rendimiento.

Para los alumnos que se incorporan por primera vez al sistema educativo o cambian de etapa, septiembre representa un reto añadido. J. López de la Reina tiene 12 años y está a punto de comenzar primero de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en un colegio de la Comunidad de Madrid. Ante este desafío, la estudiante afirma que lo que más le preocupa de esta nueva etapa es que “como voy a pasar al instituto, va a ser todo algo más difícil y todo va a cambiar mucho, las asignaturas, los compañeros, el horario…”.

“Me preocupa quizás estresarme porque tenga que enfrentarme a muchos exámenes o a los globales. Tendré que aplicarme y esforzarme más”

“Me preocupa quizás estresarme porque tenga que enfrentarme a muchos exámenes o a los globales. Tendré que aplicarme y esforzarme más”, explica López de la Reina para Perfiles. Aunque este es un nuevo ciclo lleno de incertidumbre, también reconoce sentirse “ilusionada” porque va a hacer “nuevos amigos”. En su opinión, “es otra etapa más, con actividades de primero que tengo muchas ganas de hacer”.

Pero, en todo curso escolar, tal vez, el hueso más duro de roer desde el punto de vista del alumnado sea el tema de los profesores. “Mis compañeros y yo pensábamos que todos iban a ser supermalos”, comenta la joven alumna. Por esa razón, en su colegio, “antes de terminar el curso vinieron los profesores de primero de la ESO y nos explicaron que no debemos tener miedo, que es solo como un curso más, como pasar de quinto a sexto”.

Las organizaciones especializadas en infancia reconocen que este tipo de iniciativas facilita la transición entre etapas educativas, reduce la incertidumbre de los alumnos ante los cambios y contribuye a que afronten el inicio de curso con mayor confianza y tranquilidad emocional. Los expertos también subrayan la importancia de anticipar los cambios, recuperar gradualmente las rutinas durante las últimas semanas del verano y mantener una comunicación fluida con los menores para detectar posibles señales de malestar emocional.

Vulnerabilidad mental y económica

Pero los desafíos de la vuelta al colegio no se limitan únicamente a la adaptación a una nueva etapa educativa. Cada vez más familias, docentes y especialistas advierten de que el regreso a las aulas también pone de relieve problemas emocionales que afectan a muchos menores. Las exigencias académicas, la presión social, la construcción de la identidad durante la adolescencia o el miedo al fracaso pueden convertirse en factores de estrés que influyen directamente en su bienestar psicológico.

Cada vez más familias, docentes y especialistas advierten de que el regreso a las aulas también pone de relieve problemas emocionales que afectan a muchos menores

La salud mental figura entre las principales preocupaciones de muchas familias y profesionales de la educación. Según el informe La salud mental es cosa de niños, niñas y adolescentes. Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia, elaborado por UNICEF España y la Universidad de Sevilla, "el 41 % de los adolescentes en España —cuatro de cada 10— manifiesta haber tenido o creer haber tenido un problema de salud mental en los últimos 12 meses".

El mismo informe advierte además de que, entre quienes reconocen haber atravesado estas dificultades, "más de uno de cada tres adolescentes no ha hablado con nadie sobre esos problemas y más de la mitad no ha pedido ayuda", lo que evidencia que sigue existiendo cierto estigma en torno a la salud mental.

Pizarra donde se puede leer: “La vuelta al cole”, rodeada de artículos típicos de una escuela como libros, pinturas y un globo terráqueo.

Los propios adolescentes identifican algunas de las principales causas de malestar. Entre ellas destacan la presión por obtener buenas notas, el miedo a no encajar socialmente, los conflictos familiares, el acoso escolar y la exposición constante a las redes sociales.

Unicef señala además que "los determinantes externos que más perjudican la salud mental son: ser víctima de bullying o ciberbullying y tener problemas familiares", lo que sitúa el acoso escolar, tanto presencial como en internet, entre los factores de riesgo que más preocupan a los adolescentes.

Una vuelta al cole cada vez más cara, digital y diversa

La preocupación por el bienestar de los hijos convive con otra inquietud habitual en estas fechas como es el desembolso económico que supone iniciar un nuevo curso y que, con el paso de los años, es cada vez más elevado.

La educación española ha cambiado profundamente durante la última década. A los gastos tradicionales de libros, uniformes y material escolar se han sumado ordenadores, tabletas, plataformas digitales y servicios tecnológicos que forman parte habitual de la experiencia educativa.

Según la encuesta anual de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el gasto medio asociado al curso escolar se sitúa en torno a los 2.390 euros por alumno. La cifra incluye tanto los gastos iniciales como los pagos recurrentes de comedor, transporte o actividades extraescolares. La OCU calcula que únicamente la equipación inicial para arrancar el curso —libros, material escolar, ropa, uniformes y otros elementos básicos— puede superar los 500 euros por alumno.

En este contexto, es importante matizar que la diferencia entre modelos educativos es muy significativa. Mientras que un alumno escolarizado en un centro público supone un gasto medio cercano a los 1.200 euros anuales, en los colegios privados la cifra puede superar los 8.000 euros por curso.

Junto a los cambios tecnológicos y económicos, las escuelas en España también han experimentado una profunda transformación en materia de inclusión, atendiendo a una realidad cada vez más diversa y a un número creciente de alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo. Los últimos datos del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes muestran que "en el curso 2023-2024, 1.131.816 estudiantes recibieron apoyo educativo, lo que representa al 14 % del total del alumnado y un 17 % más que el curso anterior".

“1.131.816 estudiantes recibieron apoyo educativo, lo que representa al 14 % del total del alumnado y un 17 % más que el curso anterior"

La estadística recoge además que 292.897 alumnos recibieron este apoyo "por necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad o trastornos graves" y destaca que "el 85,2 % de este alumnado con necesidades educativas especiales está escolarizado en centros ordinarios", frente al 14,8 % que cursa sus estudios en centros de educación especial.

Estos datos reflejan una transformación profunda del sistema educativo español. Las aulas son hoy espacios mucho más heterogéneos, con un número creciente de alumnos que requieren apoyos específicos por discapacidad, trastornos del aprendizaje, trastornos de la comunicación, altas capacidades o situaciones de vulnerabilidad socioeducativa.

A este desafío se suman otros igualmente relevantes: la integración de la tecnología en las aulas, la irrupción de la inteligencia artificial en los procesos de aprendizaje, el aumento de los problemas relacionados con el bienestar emocional de niños y adolescentes y la necesidad de garantizar una educación personalizada que no deje a nadie atrás. Hoy, la inclusión ya no se limita a escolarizar a alumnos con necesidades especiales en centros ordinarios; supone construir entornos educativos capaces de atender diferencias cognitivas, sociales, culturales y emocionales cada vez más complejas.

En este contexto, la vuelta al cole de 2026 pone de manifiesto que la escuela afronta una misión mucho más amplia que la transmisión de conocimientos. Además de enseñar matemáticas, lengua o ciencias, los centros están llamados a promover el bienestar emocional, compensar desigualdades, favorecer la convivencia y ofrecer oportunidades de aprendizaje adaptadas a una generación que crece en un entorno marcado por la digitalización, la diversidad y cambios sociales cada vez más rápidos.

 

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