La actriz y directora teatral Ángela Ibáñez reivindica a Lorca con Grito, boda y sangre, una obra bilingüe (lengua oral y de signos) en el Centro Dramático Nacional
Lorca en lengua de signos
El Centro Dramático Nacional inaugura su temporada con un espectáculo que trasciende lo teatral para convertirse en un manifiesto. Basada en Bodas de sangre de Federico García Lorca, la obra firmada por el dramaturgo Iker Azkoitia y dirigida por Ángela Ibáñez se articula como un viaje sensorial que desafía las convenciones y reivindica la diversidad en la escena española.
Por Rafael Olea | Fotografía: Ricardo Fajardo
“Dirigir Grito, boda y sangre supone, para mí, un acto de reivindicación, de memoria y de libertad”, afirma Ibáñez. “Reivindicación de una lengua –la lengua de signos– que aún hoy está ausente de los escenarios, como si el acceso al teatro no fuera un derecho para todos. Memoria, porque Lorca representa a quienes han sido históricamente silenciados. Y libertad, porque esta versión quiere celebrar la diferencia como fuerza creativa”.
La obra se mostrará, hasta el 1 de marzo, en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero de Madrid. En ella, el público podrá vivir una experiencia única: teatro bilingüe (lengua oral y lengua de signos), danza signada, música en directo, máscaras, títeres y recursos visuales. Todas las funciones contarán con audiodescripción.
Una mirada que transforma
“La comunidad sorda ha estado demasiado tiempo apartada del teatro. Las propuestas existentes rara vez han sido pensadas desde su cultura, su ritmo o su manera de ver y sentir el mundo”, asegura la autora.
Por ello, añade que Grito, boda y sangre “nace para cambiar eso”. Explica que “esta puesta en escena no es una traducción accesoria, sino una creación concebida en lengua de signos desde el inicio. Y eso transforma todo: la energía, el lenguaje visual y el modo en que los cuerpos narran”.

La artista añade una reflexión que atraviesa la obra: “Es también un viaje hacia una herida compartida: la muerte de la juventud. No solo la muerte física, sino la de los sueños cuando creces sin referentes, creyendo que los futuros posibles no son para ti. Esa injusticia, cotidiana y silenciosa, es el verdadero trasfondo de esta tragedia”. Finalmente, concluye que “Grito, boda y sangre no solo ofrece una nueva forma de mirar a Lorca. También es una invitación a mirar el teatro –y el mundo– desde otro lugar”.
Justicia cultural
El presidente de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE), Roberto Suárez, afirma que esta obra “es un acto de justicia cultural”. “Que Lorca dialogue con la lengua de signos desde una propuesta artística creada desde la comunidad sorda, con una directora sorda y actrices sordas sobre el escenario, convierte el teatro en un espacio donde la diversidad es un instrumento creativo”, afirma.
“Esta obra demuestra que la lengua de signos no es solo un recurso de accesibilidad, sino una lengua plena de potencia artística, capaz de generar nuevas dramaturgias, estéticas y formas de emoción compartida”, subraya Suárez.
Más que Lorca
La trama comienza cuando dos adolescentes sordas deciden quedarse solas mientras el resto del grupo asiste a una función no accesible. En su aula, empiezan a improvisar con textos de Lorca y el universo simbólico de Bodas de sangre.
Exploran el deseo, la pérdida y la tragedia de la juventud truncada: la muerte no solo del cuerpo, sino también de los sueños.
La obra no es solo un homenaje a García Lorca. Es también una declaración de deseo: la de dos jóvenes que imaginan otro lugar posible desde el arte, donde su lengua y su mirada sean centro y no margen. Un espectáculo visual, poético, bilingüe y con vibrante música en directo, que celebra la fuerza transformadora del teatro y el derecho a soñar, en voz alta o en lengua de signos.
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