Marisol Pérez Urbano, presidenta de Asociación 11-M Afectados del Terrorismo
“Solo pedimos que se recuerde a nuestras víctimas”
La presidenta de la Asociación 11-M Afectados Terrorismo reclama, en el 22º aniversario del peor atentado perpetrado en España, con 193 fallecidos y 2.000 personas heridas, “que no se olvide a las víctimas”. “Queremos que haya una memoria verdadera de lo que ocurrió para que no vuelva a suceder”, subraya Pérez Urbano.
Por Rafael Olea
“Somos más de 2.000 familias, que seguimos aquí, reclamando nuestro pequeño lugar en la memoria”, subrayó la presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M. Además, reivindicó la “memoria” y “que no se olvide a las víctimas” ante lo que considera una creciente tendencia a “diluir” el significado de ese día dentro del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo.
Pérez Urbano recordó cómo su propio hijo, Rodrigo, de 20 años, perdió la vida aquella mañana tras bajar del tren procedente de Getafe para hacer transbordo en el andén 2 de la estación de Atocha cuando se dirigía a la universidad. Ella misma explicó cómo todavía hoy relata a otras víctimas que “nuestro hijo estaba en Atocha”. A quienes desconocen u olvidan lo ocurrido, les recuerda la magnitud de la tragedia.
"La mayoría de las víctimas eran estudiantes y personas trabajadoras, que viajaban en transporte público”, precisa Pérez Urbano. En total, hubo 193 fallecidos y cerca de 2.000 heridos, según estableció la Audiencia Nacional al investigar los atentados del 11‑M.
Más de 2.500 socios, 1.700 con secuelas directas
Actualmente, la asociación reúne más de 2.500 socios, de los cuales entre 1.700 y 1.800 son víctimas directas del atentado o familiares en primer grado de personas asesinadas o heridas. Se trata, recordó, de “una de las asociaciones de víctimas más grandes de España”.

La presidenta explicó que muchas personas sobrevivieron sin aparentes lesiones físicas, pero desarrollaron secuelas psicológicas severas con el paso del tiempo: estrés postraumático, incapacidad para volver a coger un tren o un “pesimismo emocional” permanente. “Hay gente que no ha vuelto a subirse a un tren en 22 años”, señaló.
A estas secuelas se añaden las dificultades materiales que sufrieron víctimas y supervivientes de los atentados, debido a las secuelas que dejó aquel 11-M de 2004: pérdida de empleo, precariedad, problemas para acceder a ayudas y terapias psicológicas cuyo coste ya no queda cubierto como antes.
“Las sesiones de psicoterapia han subido muchísimo, y ya no nos alcanza para una sesión a la semana”, advirtió. “Somos seguramente quienes estamos en una situación más precaria y esto no conseguimos que se haga valer en ningún sitio”, lamentó Pérez urbano.
“Queremos una memoria verdadera de lo que sucedió”
La presidenta alertó de que, 22 años después, “todavía hay gente que pide una opinión neutral”, pese a que los hechos están “probados jurídicamente”. En su opinión, existe el riesgo de que el atentado quede absorbido en una narrativa institucional más amplia que diluya la voz de quienes lo vivieron y sufrieron directamente.

“Nosotros nos iremos muriendo y la historia debe quedar: lo que sucedió de verdad”, insistió. “Representamos a gente de todas las ideologías, pero no queremos ser utilizados políticamente. Solo pedimos que se recuerde a nuestras víctimas y lo que ocurrió para que no vuelva a suceder”.
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