Javier Rupérez, exembajador de España en Estados Unidos
“Trump y Putin no tienen ningún respeto por el mantenimiento de la democracia y los derechos humanos”
Javier Rupérez, una de las voces más autorizadas de la diplomacia española, observa con enorme preocupación el rumbo que está tomando la política internacional. En esta conversación, analiza sin ambages el estilo de liderazgo de Donald Trump, al que describe como una amenaza directa para la democracia estadounidense, y alerta sobre la erosión del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. Rupérez repasa también la devastación en Gaza, el resurgir de Rusia como potencia agresora, el avance estratégico de China y el nuevo tablero geopolítico que se abre en lugares tan inesperados como Groenlandia. Su diagnóstico es claro: el mundo se adentra en una etapa de inestabilidad que exige reconstruir consensos y reforzar los mecanismos de defensa colectiva.
Por Pedro Fernández
En alguna ocasión has dicho que Trump actúa un poco como un rey absoluto. ¿Cómo describirías su estilo de liderazgo y qué riesgos puede implicar para la democracia estadounidense?
El estilo es absolutamente totalitario. Por una parte, tiene una visión excluyente de cualquiera que no esté en su línea de pensamiento y en su línea de conducta. Desde ese punto de vista, lo que estamos contemplando es muy preocupante, es decir, es la destrucción de la democracia estadounidense y la construcción de una sociedad que tiene como parámetros el ser blanca, anglófona y excluyente.
Como consecuencia de sus planteamientos, lo que sucede en este momento en varias partes del país, como en Mineápolis, es aberrante. Ya no es únicamente una acción xenófoba antiextranjera, es una acción asesina.
Y desde el punto de vista del planteamiento ideológico, es la reclamación del poder y al mismo tiempo del negocio. Es muy preocupantes para el futuro de la democracia en los Estados Unidos.
También has afirmado que Trump está rompiendo ese orden internacional que se construyó tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuáles son los elementos más graves de esta ruptura y qué consecuencias podría tener para Europa?
Estados Unidos reconoce implícitamente los errores cometidos al final de la Guerra Mundial y son los que están detrás de la creación de las Naciones Unidas y de la OTAN, y de la construcción de un mundo occidental y democrático. Eso pasaba hace 89 años.
Lo que estamos contemplando en este momento, que ya lo vimos en el primer mandato de Trump, es la destrucción del orden internacional sin ningún tipo de duda. ¿Qué quiere decir esto? Que no hay respeto a las normas de derecho internacional, tal como define la Carta de las Naciones Unidas, los acuerdos internacionales y los protocolos de derechos humanos y libertades fundamentales.
"Estamos contemplando la destrucción de la democracia estadounidense y la construcción de una sociedad blanca, anglófona y excluyente"
En consecuencia, una práctica que está basada exclusivamente en los intereses de negocio. Trump y Putin han demostrado que no respetan las normas de Derecho Internacional, que están dispuestos a violar la integridad territorial de los Estados y que, desde luego, no tienen absolutamente ningún respeto por el mantenimiento de la democracia y los derechos humanos.
¿Estamos ante un cambio estructural del Orden Mundial?
Me gustaría que la situación se estabilizara, pero debemos tener en cuenta la gravedad de lo que está ocurriendo. Esta última iniciativa de Trump, la Junta por la Paz, el plan de paz de Trump para Oriente Medio, no tiene ninguna base en lo que entendemos como Derecho Internacional.
Debemos generar instituciones alternativas que respeten las normas básicas de Derecho Internacional, tal y como las conocemos, y que al mismo tiempo sean capaces de generar una capacidad de defensa estratégica para prevenir y disuadir de cualquier tipo de ataque brutal contra esos sistemas internacionales. Ya lo hemos visto en Ucrania y, con independencia de lo que uno piense, con Nicolás Maduro.
Aunque esos regímenes son monstruosos, tenemos una disposición, que es la Carta de las Naciones Unidas, que está basada en el respeto a las integridades territoriales y a la posibilidad de que sean las organizaciones internacionales las que tomen las decisiones correspondientes para acabar con esas monstruosidades.
"Trump y Putin no tienen ningún respeto por el mantenimiento de la democracia y los derechos humanos"
De ahí que estemos contemplando un cierto final de la época de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, con un nivel de incertidumbre y al mismo tiempo de urgencia para reconstruir las capacidades de defensa, de afirmación y de disuasión que hasta ahora las organizaciones internacionales y la OTAN habían tenido.
¿Qué cambios se anticipan en la geopolítica global?
Si este tipo de planteamientos y comportamientos termina consolidándose, podríamos asistir a una transformación profunda del sistema internacional. No se trata de idealizar el orden surgido tras 1945, que ha tenido errores y limitaciones evidentes, pero lo cierto es que ha evitado una tercera guerra mundial durante casi nueve décadas. Basta recordar que entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial solo transcurrieron veinte años; desde entonces, pese a tensiones y conflictos regionales, no ha habido una confrontación global.
La ruptura de ese marco podría conducir a un escenario mucho más inestable, incluso a una especie de confederación internacional débil, en la que los consensos básicos se diluyan y cada país actúe con mayor unilateralidad. Algunos indicios ya apuntan en esa dirección. En Estados Unidos, por ejemplo, se observan reacciones internas frente a discursos y comportamientos que diversos analistas califican como autoritarios. Y en el ámbito internacional también se están produciendo respuestas significativas.
El caso de Groenlandia es ilustrativo: la reacción europea ha sido firme y ha frenado cualquier intento de plantear cesiones territoriales, no solo por el uso o amenaza de la fuerza, sino por la propia naturaleza del planteamiento.
"Con todos sus defectos, el sistema internacional vigente desde 1945 ha permitido evitar una guerra global y ha establecido normas básicas de convivencia entre estados"
En foros internacionales también se han hecho visibles estas tensiones. La participación de Trump en Davos fue recibida con críticas y escepticismo, y su discurso generó rechazo entre numerosos asistentes. Paralelamente, líderes como el primer ministro canadiense han defendido la necesidad de reforzar la cooperación entre países comprometidos con el derecho internacional, sin mencionar directamente a Trump pero describiendo con claridad las preocupaciones que suscitan sus políticas.
Todo ello apunta al final de un ciclo histórico. Con todos sus defectos, el sistema internacional vigente desde 1945 ha sido uno de los más estables y eficaces de los últimos siglos. Ha permitido evitar una guerra global y ha establecido normas básicas de convivencia entre Estados. Por eso resulta esencial preservar ciertos principios de comportamiento.
Si estos pilares se erosionan, el riesgo de una confrontación de gran escala aumenta. De ahí la importancia de defender y fortalecer el marco internacional existente, porque su deterioro podría conducir a un escenario mucho más peligroso para todos.
Como exembajador en Estados Unidos, ¿cuál es tu interpretación del estilo diplomático de Donald Trump y su impacto en las relaciones internacionales?
Es alguien que no tiene absolutamente ningún respeto por las normas internacionales. Como Putin, son dos personajes que piensan exactamente lo mismo en términos generales.
¿Cómo interpretas la situación actual en la Franja de Gaza desde un punto de vista diplomático? ¿Y Si crees que debería jugar un papel diferente o qué papel debería jugar las potencias internacionales?
Lo que hemos contemplado en el conflicto de Gaza es monstruoso. Han muerto decenas de miles de personas. Es cierto que todo se desencadena tras un atentado terrorista gravísimo contra Israel, pero la respuesta ha sido absolutamente desmesurada y, además, con el pleno apoyo de Estados Unidos. Gaza ha quedado destruida desde el punto de vista físico, económico y humano. También hay que reconocer que los partidarios del islamismo, en cualquiera de sus variantes, no han sido capaces de construir una alternativa. Entre unos y otros han llevado a una destrucción brutal, y eso hay que tenerlo muy presente.
Por una parte, es imprescindible cortar de raíz cualquier tipo de acción terrorista, venga de donde venga, y al mismo tiempo trabajar en la reconstrucción física y humana del territorio. Y eso tiene que ver con las conductas de unos y otros: con las de los grupos islamistas, pero también con las de los israelíes, que en este caso han contado con el cien por cien del apoyo de Trump, que incluso ha llegado a aplaudirles y a plantear la idea de convertir Gaza en una especie de paraje veraniego, lo cual es alucinante.
"Naciones Unidas y Europa deben recuperar el respeto a los derechos humanos, impulsar la reconstrucción y exigir contención a Israel en Gaza, además de una repulsa total a las acciones de los grupos terroristas islámicos"
Gaza siempre había sido un foco de tensión, con excesos por ambos lados, pero limitado a su espacio geográfico. Ahora se ha convertido en una preocupación internacional de primer orden, junto con Ucrania. Y ahí Naciones Unidas y Europa deben desempeñar un papel fundamental: recuperar el respeto a los derechos humanos, impulsar la reconstrucción y, al mismo tiempo, exigir contención a Israel en sus actuaciones y una repulsa total a las acciones de los grupos terroristas islámicos en todas sus manifestaciones.
¿Qué implicaciones tiene para Europa y la OTAN el aumento de la presencia de potencias como Estados Unidos, Rusia, China en Groenlandia?
Estamos ante un nuevo tablero estratégico comparable al que fue Oriente Medio en el siglo XX. Conviene recordar que, después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos llegó a tener hasta 17 bases militares en Groenlandia. Con el tiempo se retiraron y hoy solo queda una. Ahora aparecen dos fenómenos novedosos, y el más significativo es China. Es una potencia dictatorial, que vulnera los derechos humanos, pero al mismo tiempo tiene una capacidad de flexibilidad en su comportamiento que resulta notable.
Rusia, en cambio, sigue siendo claramente una potencia agresora, como hemos visto en Ucrania y como percibe Polonia, que vive con el temor permanente de una invasión. Hay que observar bien los comportamientos de ambas potencias. Rusia, en este momento, está absolutamente sometida a lo que diga Trump; no tengo ninguna duda, porque son tal para cual.
China juega otro juego, más centrado en los planteamientos geoeconómicos que en los geoestratégicos, aunque siempre queda el caso de Taiwán. Creo que, pese a todas las dudas que plantea China, es posible llegar a acuerdos razonables para no alterar de forma fundamental el comportamiento de unos y otros. Eso no ocurre con Rusia. Rusia es un violador sistemático: lo fue durante la Unión Soviética, lo fue durante el imperio y lo sigue siendo ahora. Rusia es un problema internacional desde hace décadas y continúa siéndolo.
La gran incógnita es qué van a hacer los Estados Unidos.
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