Beatriz Martín Padura, directora de Fad Juventud

“La sociedad no reconoce suficientemente todo lo que la juventud aporta”

La ansiedad alcanza ya al 40 % de la población juvenil, mientras se extiende entre toda una generación la percepción de que su futuro será más difícil que el de sus padres. En este contexto, Fad Juventud celebra su 40.º aniversario tras haber evolucionado desde la inicial lucha contra la drogadicción hacia un enfoque integral del bienestar juvenil. Su directora, Beatriz Martín Padura, advierte de un problema de fondo —las crecientes dificultades para construir un proyecto de vida autónomo—, aunque matiza que los jóvenes no son tan distintos de los de hace cuatro décadas: lo que ha cambiado es el contexto en el que intentan salir adelante.

Por Rafael Olea

22/07/2026
Beatriz Martín Padura.

Beatriz Martín Padura dirige Fad Juventud, la entidad que durante décadas simbolizó la respuesta social frente a la drogadicción y que hoy se ha convertido en un observatorio de la realidad juvenil. Desde esa posición, defiende que el malestar de los jóvenes no puede entenderse solo como un problema individual, sino como el reflejo de unas condiciones de vida cada vez más inciertas. A su juicio, el reto ya no es solo prevenir riesgos, sino garantizar que las nuevas generaciones puedan construir un proyecto de vida propio.

- Fad Juventud nació en 1986 como respuesta a una crisis social muy concreta —la prevención ante la drogadicción— y hoy habla de bienestar juvenil integral. ¿Qué cambio social obligó a dar ese giro?

Más que un cambio concreto, lo que hemos vivido es una transformación profunda de la realidad juvenil. En los años ochenta, la drogadicción representaba una emergencia social evidente y era necesario concentrar esfuerzos en prevenir un problema que estaba causando un enorme daño personal, familiar y comunitario.

Con el paso de los años entendimos que el bienestar de las personas jóvenes no depende de un único factor, sino de un conjunto de circunstancias que se relacionan entre sí. La salud mental, la educación, el empleo, la vivienda, las relaciones personales, la participación social o el entorno digital influyen decisivamente en sus oportunidades y en su calidad de vida.

“Cuando una generación tiene dificultades para proyectarse hacia adelante, toda la sociedad debería sentirse interpelada”

Fad Juventud ha evolucionado al mismo ritmo que la sociedad. Nuestro objetivo sigue siendo el mismo que hace cuarenta años: ayudar a que los jóvenes puedan desarrollar su proyecto de vida en las mejores condiciones posibles. Lo que ha cambiado es la complejidad de los desafíos que debemos abordar.

- Cuarenta años después, ¿qué se ha ganado y qué se ha perdido por el camino?

Se ha ganado una enorme capacidad para comprender la realidad de la juventud desde una mirada más amplia, más rigurosa y más humana. Hoy existe una mayor sensibilidad hacia cuestiones que durante mucho tiempo permanecieron invisibles, como el bienestar emocional, la igualdad, la diversidad o la importancia de generar oportunidades reales para las nuevas generaciones.

También hemos aprendido que escuchar la voz de la juventud es imprescindible. Durante estas cuatro décadas hemos comprobado que las mejores respuestas surgen cuando incorporamos su voz y su experiencia.

Si hubiera que señalar algo que hemos perdido, quizá sería cierta confianza colectiva en el futuro. Muchas personas jóvenes perciben que alcanzar determinados hitos vitales —la emancipación, la estabilidad económica o la construcción de un proyecto de vida propio— resulta hoy más complejo de lo que fue para generaciones anteriores. Esa sensación de incertidumbre es uno de los grandes retos de nuestro tiempo.

“Si hubiera que señalar algo que hemos perdido, quizá sería cierta confianza colectiva en el futuro”.

Beatriz Martín Padura.
Beatriz Martín Padura.

- ¿Qué diferencia y asemeja a los jóvenes de hoy con los de los años ochenta y noventa?

Las generaciones cambian, pero hay algo que permanece: el deseo de construir una identidad propia y de vivir con autonomía y sentido. En ese aspecto, las y los jóvenes de hoy no son tan distintos de los de hace cuarenta años.

Las diferencias tienen más que ver con el contexto. La juventud actual ha crecido en una sociedad global, hiperconectada y sometida a cambios muy rápidos. Tiene acceso a más información, más posibilidades de interacción y más oportunidades de aprendizaje que nunca, pero también convive con mayores niveles de incertidumbre y con desafíos que trascienden las fronteras, como la crisis climática, las transformaciones tecnológicas, las dificultades de acceso a la vivienda o un escenario internacional marcado por una creciente inestabilidad económica y social.

Por eso es importante evitar las comparaciones simplistas entre generaciones. Cada una afronta sus propios desafíos y desarrolla herramientas distintas para responder a ellos.

“Las generaciones cambian, pero hay algo que permanece: el deseo de construir una identidad propia y de vivir con autonomía y sentido”

- ¿Cuál es hoy el principal factor que está condicionando el proyecto de vida de la juventud en España?

Probablemente la dificultad para construir una autonomía plena. La posibilidad de tomar decisiones sobre el propio futuro depende en gran medida de contar con unas condiciones materiales que lo hagan posible.

Hoy muchas y muchos jóvenes encuentran obstáculos importantes para acceder a un empleo estable, emanciparse o planificar proyectos a largo plazo. Esa incertidumbre condiciona su capacidad para tomar decisiones y proyectar su futuro con confianza.

A ello se suma una percepción muy extendida de que deben tomar decisiones determinantes sobre su formación o su futuro profesional a edades muy tempranas, cuando a menudo sienten que no cuentan con toda la información ni con la experiencia necesarias para hacerlo. Muchos expresan la sensación de que sus elecciones condicionan en exceso sus trayectorias vitales y que existe poco margen para equivocarse, rectificar o explorar alternativas.

No se trata únicamente de una cuestión económica; afecta también a las expectativas, a la confianza y a la capacidad de imaginar el futuro. Cuando una generación tiene dificultades para proyectarse hacia adelante, toda la sociedad debería sentirse interpelada.

“Nuestro objetivo sigue siendo el mismo que hace cuarenta años: ayudar a que los jóvenes puedan desarrollar su proyecto de vida”

- Los estudios e investigaciones de Fad Juventud revelan con frecuencia la situación de la juventud española. ¿Qué datos le preocupan más y de cuáles se siente más orgullosa?

Me preocupa especialmente que una parte importante de la juventud perciba que su futuro será más incierto o más difícil que el de generaciones anteriores. La preocupación no proviene solo de las dificultades objetivas que afrontan, sino también de cómo esas dificultades condicionan sus expectativas vitales.

Al mismo tiempo, hay motivos para la esperanza. Nuestros estudios muestran una juventud comprometida, solidaria y muy consciente de los retos sociales que tiene delante. Es una generación que valora la igualdad, que reclama espacios de participación y que muestra una notable capacidad de adaptación ante escenarios complejos. Creo que, en ocasiones, la sociedad no reconoce suficientemente todo lo que la juventud aporta.

- ¿Estamos ante una crisis de salud mental o ante una crisis de condiciones de vida que acaba expresándose como problemas de salud mental?

La salud mental no puede entenderse al margen de las condiciones en las que viven las personas. Por supuesto, existen situaciones que requieren atención clínica y respuestas especializadas, pero también sabemos que factores como la precariedad, la incertidumbre, la falta de autonomía o las dificultades para desarrollar un proyecto vital tienen un impacto directo sobre el bienestar emocional.

Los datos que hemos analizado recientemente muestran con claridad esa relación. Por ejemplo, las personas jóvenes que viven situaciones de mayor vulnerabilidad económica presentan significativamente más problemas de salud psicológica que quienes cuentan con una situación material más estable. Lo mismo ocurre con quienes tienen dificultades para ahorrar o perciben que sus oportunidades de futuro se reducen.

Los datos del Barómetro sobre Bienestar y Salud Juvenil que recogemos periódicamente nos señalan que la población joven española declara menos problemas psicológicos y de salud mental que en años previos, pero señala algunos malestares que parecen acentuarse. Por ejemplo, niveles de estrés que van en aumento por sus perspectivas de futuro, por su situación económica o por preocupaciones derivadas de sus estudios o su trabajo. De hecho, la ansiedad declarada no ha dejado de crecer, alcanzando en 2025 a un 40%.

A menudo tendemos a entender la salud mental únicamente desde una perspectiva individual, pero la realidad es mucho más compleja. El bienestar emocional también está profundamente vinculado a las oportunidades que una sociedad ofrece a la juventud, a la posibilidad de desarrollar un proyecto vital propio y a la percepción de que el esfuerzo puede traducirse en expectativas de futuro razonables.

Por eso, cuando hablamos de salud mental, también estamos hablando de inclusión, de autonomía, de seguridad y de confianza en el mañana. Son dimensiones distintas, pero difícilmente separables.

- ¿Cómo se trabaja la prevención de violencias y la construcción de relaciones sanas sin que los jóvenes lo perciban como “sermones” de mayores?

La experiencia nos ha enseñado que la prevención solo funciona cuando parte del respeto y de la escucha. Las y los jóvenes identifican rápidamente los mensajes que juzgan o simplifican su realidad, y suelen desconectar de ellos.

Por eso trabajamos desde el diálogo y la participación, reconociendo que están en el centro de su propio proceso de aprendizaje. Nuestro papel consiste en ofrecer herramientas, generar espacios de reflexión y acompañarles para que puedan identificar dinámicas de violencia, desarrollar pensamiento crítico y construir relaciones basadas en el respeto y el buen trato.

Además, entendemos la prevención desde una perspectiva amplia. No trabajamos únicamente con quienes pueden ser víctima de una situación de violencia, sino también con quienes pueden ejercerla o presenciarla. Del mismo modo, sabemos que la responsabilidad no recae exclusivamente en las y los jóvenes: las familias, los centros escolares, las empresas tecnológicas, los legisladores, en definitiva, la sociedad en su conjunto desempeñan un papel fundamental en la construcción de entornos seguros y saludables.

La prevención no consiste en dar respuestas cerradas, sino en ayudar a formular mejores preguntas y a desarrollar capacidades para afrontar situaciones complejas.

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