Alba Ramírez Saiz, urbanista y arquitecta especializada en Accesibilidad
“La arquitectura no es neutral, puede incluir o excluir”
Investigadora en la Universidad Politécnica de Madrid, Alba Ramírez Saiz se especializa en movilidad inclusiva y diseño urbano universal. Ha participado en numerosos proyectos nacionales e internacionales, siempre aportando una perspectiva de accesibilidad. Su trabajo se centra en desarrollar herramientas y recursos que integren las necesidades de personas de distintas edades y capacidades en la planificación urbana.
Por Ángel Quero
¿Qué deberá tenerse en cuenta desde el urbanismo para conciliar el crecimiento de las ciudades con el envejecimiento de la población y el aumento de las personas con discapacidad?
Las personas que habitan la ciudad nunca dejarán de envejecer, y con el paso del tiempo muchas vivirán con condiciones que implican algún tipo de discapacidad. Las ciudades europeas se están enfrentando a un alto porcentaje de población envejecida que requiere de manera urgente un abordaje en clave de accesibilidad universal. El espacio público, si quiere seguir siendo “público”, debe dejar de ser un circuito de obstáculos. Una ciudad diseñada desde la perspectiva de la accesibilidad universal incluye a personas de diferentes edades y habilidades, ofreciendo un entorno más amable y amigable para todas las personas.
Aceras anchas, bancos para descansar, iluminación adecuada tanto de día como de noche, seguridad frente a otros vehículos, referencias claras y espacios de interacción y convivencia son solo unos pocos ejemplos de lo que se debe cuidar en el urbanismo para que la ciudad cuide de sus habitantes. Tanto los nuevos desarrollos urbanos como los centros históricos deben considerar estas variables.
¿Qué criterios arquitectónicos deberían priorizarse en el diseño y la rehabilitación de viviendas para garantizar que puedan adaptarse al proceso de envejecimiento de sus ocupantes?
Vivir bien no debería depender de la edad ni de las capacidades. Sin embargo, muchas viviendas siguen diseñándose como si todos sus habitantes fueran jóvenes y ágiles, olvidando que, con el tiempo, las necesidades cambian. La vivienda debe ser segura, flexible y adaptable a los cambios que el cuerpo, la mente y la salud van a sufrir a lo largo de los años. Espacios diáfanos, puertas suficientemente anchas, duchas en lugar de bañeras, habitaciones que puedan modificarse sin necesidad de grandes reformas y colores que contrasten pueden marcar la diferencia.
Sin embargo, los cambios no pueden limitarse a los espacios privados de la vivienda, sino que la mayoría de las barreras actuales se encuentran en los espacios comunes: salida dificultosa a la calle, portero automático sin imagen, piscina u otras instalaciones no accesibles, ascensores con dimensiones inapropiadas, o incluso la imposibilidad de aparcar un coche adaptado en el garaje.
Cada una de estas barreras puede ser un factor que empuje a una persona a abandonar su hogar y, por tanto, su entorno. Esto puede suponer perder una red de apoyo de amigos y familiares, lo que aumenta la sensación de soledad y aislamiento.
¿Cómo se pueden diseñar entornos que favorezcan la proximidad y la accesibilidad a servicios esenciales (salud, comercio, ocio) sin necesidad de depender siempre del automóvil?
Una ciudad que obliga a sus habitantes a depender del coche no es una ciudad pensada para todos: es un laberinto que excluye silenciosamente a quienes caminan despacio, usan silla de ruedas o simplemente prefieren moverse a pie. Las ciudades diseñadas bajo criterios de proximidad tienden a organizarse de manera que los servicios esenciales –centros de salud, supermercados, colegios, parques…– puedan ser fácilmente accesibles, normalmente caminando o en bicicleta. Para conseguir una movilidad más activa, es necesario centrar el diseño de la ciudad en el peatón y considerar al vehículo privado como un mero invitado. La libertad de moverse de manera segura, confortable y sin barreras fomenta que las personas eviten el automóvil. Esto, evidentemente, incluye el diseño de calles que no presenten ningún tipo de barreras, ya sean físicas, sensoriales o cognitivas. Si existen barreras, la movilidad activa no se hará efectiva.
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