El trabajo digno es un derecho, no un privilegio
El 1 de Mayo, una conquista que sigue señalando las grietas del empleo
Desde las fábricas del siglo XIX hasta los desafíos del empleo juvenil, la discapacidad o la inteligencia artificial, el Día del Trabajo continúa siendo una fecha que obliga a mirar atrás para entender cómo caminar hacia delante. Lo que hoy es día festivo nació como protesta, se consolidó como conquista y sigue siendo una jornada incómoda que interpela al presente.
Por Refugio Martínez
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), agencia especializada de Naciones Unidas, recuerda cada Primero de Mayo que “el trabajo decente es un derecho y no un privilegio”, una afirmación que conecta directamente con el Objetivo 8 de la Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas (ONU), dedicado a “promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos”.
Ese marco global adquiere dimensión concreta cuando se observan los datos. En España, según la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de personas ocupadas alcanzó los 22,46 millones al cierre de 2025, con un crecimiento interanual de más de 600.000 empleos. En el primer trimestre de 2026, la cifra se situó en 22,27 millones, lo que se traduce en una tasa de paro del 10,83 %.
En España, el número de personas ocupadas alcanzó los 22,46 millones al cierre de 2025, con un crecimiento interanual de más de 600.000 empleos
Sin embargo, las cifras esconden contextos más complejos: desigualdad sectorial, brechas generacionales y colectivos que siguen quedando fuera del mercado laboral en condiciones dignas. El Primero de Mayo sigue existiendo, precisamente, para señalar esas grietas.
Colectivos vulnerables
Con el paso del tiempo, el Primero de Mayo ha ido incorporando nuevas realidades. Hoy no solo habla de salarios o jornadas, sino de quién queda al margen del empleo digno.
Las personas con discapacidad son un ejemplo elocuente. Según el INE, en 2024 su tasa de actividad apenas alcanzó el 35,4 %, frente a cifras muy superiores en la población sin discapacidad. El empleo creció ligeramente, pero sigue lejos de garantizar la plena integración.
La juventud es otro espejo incómodo. La OIT advierte de que “a nivel global, los jóvenes presentan tasas de desempleo que triplican a las de los adultos y, cuando trabajan, suelen hacerlo en condiciones de informalidad”.
Esta es una generación muy formada que afronta un mercado laboral marcado por la incertidumbre, la falta de oportunidades estables y la dificultad para construir proyectos de vida sólidos. Por eso, el Primero de Mayo sigue siendo también una llamada de atención para fomentar el empleo en este sector.
Ese hilo que une vulnerabilidad y trabajo encuentra continuidad en el Manifiesto del 1.º de Mayo 2026 de Hermandades del Trabajo. Esta organización alerta de que “la precariedad laboral, la temporalidad involuntaria y la inseguridad en el empleo siguen afectando a amplios sectores de la población, generando incertidumbre y dificultando proyectos de vida estables”. Una situación que, subraya la entidad, no solo impacta en el ámbito económico, sino que erosiona los cimientos mismos de la cohesión social.
En el análisis realizado por la entidad, se ha comprobado que, en muchos casos, el trabajo ha dejado de ser garantía de integración y “eso merma la salud de las personas y sus familias e impide desarrollar un proyecto de vida estable”.

La pobreza laboral, advierten desde Hermandades del Trabajo, se está cronificando y golpea con especial dureza a los colectivos más vulnerables, entre ellos menores, mujeres y personas migrantes. Todo eso dibuja un escenario en el que tener empleo ya no equivale necesariamente a vivir con dignidad.
Ese diagnóstico se proyecta también sobre las transformaciones que atraviesa el mercado laboral. En un contexto de cambio acelerado, esta organización ha querido poner el foco también en la irrupción de las nuevas tecnologías: “La introducción de la inteligencia artificial en el mundo laboral no es neutra y debe situar a la persona en el centro, evitando que la innovación se traduzca en exclusión o pérdida de derechos”.
En este contexto, el progreso tecnológico solo será socialmente justo si va acompañado de políticas activas de empleo, formación a lo largo de la vida y diálogo social. “La tecnología debe estar al servicio del trabajo digno y no convertirse en un factor de precarización o desigualdad”, se advierte en el texto de Hermandades del Trabajo.
De este modo, el manifiesto no se limita a señalar los problemas del presente, sino que conecta la tradición reivindicativa del Primero de Mayo con los dilemas del siglo XXI y plantea una pregunta de fondo que sigue vigente: cómo garantizar que los avances técnicos y económicos no dejen atrás a quienes ya parten en desventaja.
De las fábricas al calendario
Para entender por qué el Día del Trabajo se celebra el 1 de Mayo hay que viajar al corazón de la Revolución Industrial. A finales del siglo XIX, el trabajo se organizaba en jornadas que podían alcanzar las 14 o 16 horas diarias, sin protección social, con empleo infantil y salarios de subsistencia. Frente a ese modelo surgió una reivindicación simple y revolucionaria: ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho para la vida.
Surgió una reivindicación simple y revolucionaria: ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho para la vida
El punto de inflexión llegó en Chicago, en 1886, cuando miles de trabajadores iniciaron una huelga general el 1 de Mayo para exigir la jornada de ocho horas.
Días después, los disturbios de Haymarket y la posterior ejecución de varios líderes obreros —los llamados Mártires de Chicago— convirtieron aquella fecha en símbolo internacional.
Tres años más tarde, en 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, reunido en París, decidió institucionalizar el 1 de Mayo como jornada internacional de reivindicación. Tal y como recuerda la OIT: “El Día Internacional de los Trabajadores fue instituido como homenaje a los Mártires de Chicago y como jornada reivindicativa de los derechos de los trabajadores”. No fue un gobierno quien lo hizo, sino el propio movimiento obrero organizado, dotando a la fecha de un sentido que ha perdurado más de un siglo.
En la actualidad, en un día como el 1 de mayo, los desafíos son la automatización, la precariedad o la exclusión de los más vulnerables, todos ellos temas que vuelven a cumplir su función original: incomodar, recordar y abrir debate. Quizá ese sea el verdadero valor de esta conmemoración. No tanto celebrar lo logrado, sino mantener vivo el espíritu de lucha que lo originó.
Solidaridad con los ‘niños serpiente’ de Chad
Por Beatriz Jiménez
“El teatro es el último reducto de la palabra”
Por Rafael Olea
“Estamos en un momento de reacción en el cual los avances en igualdad alteran equilibrios tradicionales”
Por Sonia Gutiérrez Mencía