Inclusión tecnológica
La formación digital, clave para que nadie quede fuera del empleo del futuro
La expansión de la inteligencia artificial, la automatización y las nuevas herramientas digitales están redefiniendo los empleos del presente y del futuro, hasta el punto de que disponer de habilidades tecnológicas ha dejado de ser una ventaja para convertirse en una necesidad. En este contexto, la formación digital emerge como una herramienta fundamental para garantizar la igualdad de oportunidades y evitar que colectivos especialmente vulnerables, como las personas con discapacidad, se enfrenten a nuevas barreras de acceso al empleo.
Por Refugio Martínez
Buscar empleo, realizar trámites administrativos, acceder a formación o desempeñar buena parte de los trabajos más demandados exige hoy unos conocimientos tecnológicos que hace apenas unos años eran opcionales. La revolución de las máquinas ha abierto nuevas oportunidades, pero también ha planteado el desafío de evitar que la brecha digital se convierta en una nueva forma de desigualdad laboral y social.
El fenómeno afecta al conjunto de la población, aunque tiene un impacto especialmente significativo en colectivos que ya enfrentan mayores barreras de acceso al empleo. Entre ellos se encuentran las personas con discapacidad, para quienes la falta de competencias digitales puede sumarse a otras dificultades preexistentes. En este contexto, la formación se ha convertido en una herramienta estratégica para garantizar que la transición digital avance de la mano de la inclusión.
Europa ante un desafío
La preocupación por esta cuestión trasciende las fronteras nacionales. La propia Comisión Europea señala que "la inclusión digital es un esfuerzo a escala de la UE para garantizar que todos puedan contribuir al mundo digital y beneficiarse de él". Esta visión parte de una realidad evidente: la transformación tecnológica genera oportunidades, pero no todas las personas están en condiciones de aprovecharlas.
La transformación tecnológica genera oportunidades, pero no todas las personas están en condiciones de aprovecharlas
De hecho, la Comisión Europea reconoce que "no todos tienen igualdad de acceso a estas oportunidades. Para algunas personas, el mundo digital aún no es totalmente accesible. Para otros, no es asequible. Y a otros no se les enseñó las habilidades para participar plenamente". Esta advertencia cobra especial relevancia en un momento en el que el uso de herramientas digitales se ha convertido en una competencia básica para acceder a numerosos puestos de trabajo y la expansión de la inteligencia artificial está acelerando todavía más este proceso.
La preocupación de las instituciones europeas no es teórica. Según la Comisión Europea, "cuatro de cada 10 adultos y una de cada tres personas que trabajan en Europa carecen de competencias digitales básicas", un hándicap que puede limitar tanto el acceso al empleo como las oportunidades de desarrollo profesional.
Al mismo tiempo, las empresas también acusan esta falta de cualificación. De hecho, Bruselas señala que "más del 70% de las empresas afirma que la escasez de trabajadores con competencias digitales adecuadas constituye un obstáculo para invertir y crecer". En este escenario, la formación digital ya no se percibe únicamente como una herramienta de inclusión, sino también como un requisito para la competitividad económica.
Más allá del mercado laboral, la cuestión tiene una importante dimensión social. La brecha digital ya no depende únicamente del acceso a dispositivos o a internet. También está relacionada con la capacidad de utilizar esas herramientas para estudiar, comunicarse o participar plenamente en la vida cotidiana. Por ese motivo, las instituciones europeas consideran prioritario impulsar políticas que refuercen las competencias digitales de los ciudadanos y reduzcan las desigualdades que podrían surgir en cualquier entorno.

La filosofía que inspira la estrategia europea quedó reflejada en la Declaración Europea sobre los Derechos y Principios Digitales, donde se afirma que "la tecnología debe utilizarse para unir, y no para dividir, a las personas. La transformación digital debe contribuir a una sociedad y una economía justas e inclusivas en la UE".
Formarse para no quedarse atrás
España no es ajena a esta realidad. A medida que la digitalización gana peso en la economía, las competencias tecnológicas se han convertido en un requisito cada vez más habitual para acceder al empleo y progresar profesionalmente. Según el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI), "el 78% de los trabajadores españoles demanda formarse en tecnologías digitales e inteligencia artificial".
Las cifras reflejan una necesidad creciente de formación, pero también apuntan a la importancia de que esa capacitación llegue a toda la población. Precisamente con ese objetivo nacieron iniciativas como Por Talento Digital, impulsado por Fundación ONCE con la colaboración de Red.es, que buscan acercar las competencias tecnológicas a las personas con discapacidad y mejorar sus oportunidades de acceso al mercado laboral.
Solo en 2025, un total de 6.527 personas con discapacidad participaron en acciones formativas relacionadas con las nuevas tecnologías a través de Por Talento Digital. Durante ese mismo año se impartieron más de un millar de cursos, se concedieron 110 becas y se desarrollaron 211 acciones formativas específicamente orientadas al empleo.
Otro de los proyectos más destacados de Fundación ONCE ha sido Esenciales, desarrollado con el apoyo de Red.es, que ha permitido formar en competencias digitales básicas a más de 17.000 personas con discapacidad en toda España. La relevancia de este tipo de programas no reside únicamente en las cifras ya que detrás de cada curso hay personas que buscan mejorar sus oportunidades laborales en un mercado cada vez más condicionado.
Como recuerda Sabina Lobato, directora de Formación, Empleo, Operaciones y Estudios de Fundación ONCE, "hoy, el acceso a la formación digital es clave para participar plenamente en la sociedad, desarrollar un proyecto de vida propio y acceder a nuevas oportunidades personales y profesionales". En su opinión, ante los rápidos cambios tecnológicos, "la respuesta nunca debe ser el miedo, sino el conocimiento".
Ante los rápidos cambios tecnológicos, "la respuesta nunca debe ser el miedo, sino el conocimiento"
A medida que la tecnología gana peso en la economía, las competencias digitales dejan de ser una especialización reservada a unos pocos para convertirse en una herramienta imprescindible para millones de personas. Garantizar que nadie quede excluido de esa transformación se ha convertido en uno de los grandes desafíos sociales de nuestro tiempo. Y en los próximos años, una parte importante de la igualdad de oportunidades se jugará precisamente en el acceso a la formación y al conocimiento.
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