Este modelo empresarial genera empleo, inclusión y cohesión social

Las cooperativas reivindican “un mundo en paz” en su día internacional

El Día Internacional de las Cooperativas, que se celebra este 4 de julio, vuelve a situar en el foco un modelo empresarial que no solo genera riqueza, sino también cohesión social, estabilidad y oportunidades compartidas. Bajo el lema ‘Cooperativas por un mundo en paz’, la jornada pone el acento en el papel de estas entidades como herramientas para impulsar la inclusión, la participación democrática y el desarrollo sostenible.

Por Refugio Martínez

03/07/2026
Una mujer africana sostiene una caja de naranjas.

Cada primer sábado de julio, el mundo conmemora el Día Internacional de las Cooperativas, una celebración impulsada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) desde 1995 con el objetivo de visibilizar el impacto de este modelo empresarial en el desarrollo económico y social global. No se trata solo de reconocer su peso económico, sino de subrayar su capacidad para construir comunidades más justas, inclusivas y resilientes.

La elección de esta fecha responde a una larga tradición del movimiento cooperativo internacional, que desde principios del siglo XX ha defendido una forma distinta de entender la economía. En 2026, además, la efeméride adquiere un significado especial bajo el lema 'Cooperativas por un mundo en paz', una declaración de intenciones que conecta directamente con los desafíos actuales.

Las personas en el centro

El Día Internacional de las Cooperativas de 2026 se articula en torno al mensaje de que el cooperativismo no es solo una estructura empresarial, sino una herramienta para la transformación social. Así lo subraya Naciones Unidas al señalar que el lema “reafirma la contribución de las empresas cooperativas a la justicia social, la inclusión y la solidaridad”.

El lema Cooperativas por un mundo en paz reafirma la contribución de las empresas cooperativas a la justicia social, la inclusión y la solidaridad

En un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas y fracturas sociales, este modelo cobra un nuevo sentido. Según la propia ONU, “el lema recuerda que la paz es más que la ausencia de violencia: también requiere inclusión, equidad, diálogo y seguridad económica”. Con esta afirmación, Naciones Unidas sitúa el debate en un plano más amplio, donde la economía deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en un instrumento al servicio del bienestar colectivo.

En esencia, las cooperativas se definen como organizaciones donde la propiedad y la gestión son compartidas. No responden únicamente a intereses de capital, sino a necesidades comunes. En palabras recogidas por Naciones Unidas, se trata de “asociaciones autónomas de personas que se unen voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes a través de empresas de propiedad conjunta y control democrático”.

Manos de diferentes niños rodean una esfera que simula el planeta Tierra.

Lejos de ser una fórmula residual, esta estructura ha demostrado una notable capacidad de adaptación en entornos muy diversos, desde el ámbito financiero hasta la producción agrícola o los servicios sociales.

El componente ético también es clave. Las cooperativas, como recuerda Naciones Unidas, se sustentan en valores como “la autoayuda, la autorresponsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad”. No se trata de una declaración simbólica. Estos principios tienen una traducción real en el funcionamiento interno, donde cada socio cuenta con voz y voto y donde la toma de decisiones se construye desde la participación.

Ese carácter inclusivo explica, en parte, su impacto a escala global donde los datos son elocuentes. “Más del 12% de la humanidad es cooperativista de alguna de los tres millones de cooperativas del planeta”, señala la ONU. Además, “las cooperativas ofrecen crecimiento económico sostenible, estabilidad y empleo de calidad a 280 millones de personas en todo el mundo (10% de la población activa mundial)”.

Las cooperativas ofrecen crecimiento económico sostenible, estabilidad y empleo de calidad a 280 millones de personas en todo el mundo

A ello se suma su capacidad para redistribuir riqueza. Tal como indica Naciones Unidas, este modelo permite “reducir la concentración excesiva de capital y distribuir los beneficios de forma más justa entre quienes utilizan, trabajan o dependen de la empresa”. En un contexto de creciente desigualdad, este aspecto cobra una relevancia especial, de ahí que el cooperativismo se presente como un puente entre economía y sociedad. “Las cooperativas crean espacios en los que las personas pueden participar, ser escuchadas y trabajar juntas más allá de las divisiones sociales y económicas”, destaca la ONU.

Un modelo que gana peso económico y social

Si el cooperativismo tiene una dimensión global, su impacto en España confirma que no se trata de una alternativa marginal. Más bien al contrario, los datos muestran un sector consolidado y en crecimiento.

En este contexto, la propia Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES), principal referencia del sector en España, explica en su web que estas entidades se articulan en torno a la “adhesión voluntaria y abierta de los socios”. Se trata de un modelo de “puerta siempre abierta” que garantiza la libre incorporación y salida de las personas que forman parte de las cooperativas. A ello se suma una gestión democrática que se concreta en el principio de “una persona, un voto”, con independencia del capital aportado. Y, por último, una participación económica en la que los beneficios “se distribuyen en función de la actividad de los socios en la cooperativa” y no del capital.

A estos pilares se suman otros elementos clave que refuerzan su dimensión social. CEPES subraya el papel de la educación, la formación y la información como parte esencial del funcionamiento interno, hasta el punto de considerar a las cooperativas una auténtica “escuela de democracia económica”.

Además, el modelo incorpora un fuerte compromiso con el entorno, basado en el “desarrollo sostenible y la cohesión social y territorial en el ámbito local”. En conjunto, estos principios ayudan a entender por qué el cooperativismo no solo se mide en términos económicos, sino también en su capacidad para generar comunidad.

Según las cifras de la Cuenta Satélite de la Economía Social y de estadísticas del Ministerio de Trabajo y Economía Social, recogidas en la página web de CEPES, “las cooperativas alcanzan su máximo histórico de empleo” en España, con “359.694 personas trabajadoras en abril de 2026”. Este dato responde a una tendencia sostenida que refleja la solidez del modelo en el mercado laboral.

Además, el presidente de la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (Coceta), Luis Miguel Jurado, subrayó recientemente en la Asamblea General de esta entidad que, en “tiempos convulsos e inciertos, llenos de exabruptos e inestabilidad", estas empresas “no dependen de los ciclos políticos” y aportan “estabilidad, arraigo y compromiso a largo plazo”. En ese encuentro, se precisó que en 2025 se constituyeron 1.107 nuevas cooperativas de trabajo en España, hasta situar el total en 20.807.

“Las cooperativas alcanzan su máximo histórico de empleo” en España, con “359.694 personas trabajadoras en abril de 2026”

En la última década, la evolución ha sido especialmente significativa. Según los datos recopilados por el Ministerio de Trabajo, existe “un 21% más de empleo cooperativo que hace 10 años”, lo que evidencia una capacidad de crecimiento que contrasta con otros modelos empresariales más volátiles. Incluso en contextos de crisis, las cooperativas han demostrado una mayor estabilidad.

El peso económico también resulta relevante. “Las cooperativas aportan 18.699 millones de euros al Valor Añadido Bruto (VAB) español”, según datos de la Cuenta Satélite de la Economía Social. Además, “más de 46.500 millones de euros de producción” las sitúan como un actor clave dentro de la economía nacional.

Más allá de las cifras, el cooperativismo destaca por la calidad del trabajo que genera, en el que “las mujeres son mayoría” con más del 51% del empleo. Este dato introduce una dimensión social clave, vinculada a la igualdad y la inclusión en el mercado laboral.

En un huerto, una mujer sonriente sostiene verduras en una caja y en una cesta.

En este contexto, el sector agroalimentario ocupa un papel destacado. Desde Cooperativas Agro-alimentarias de España subrayan que el Día Internacional de las Cooperativas sirve para “visibilizar la contribución del movimiento cooperativo al desarrollo económico, la sostenibilidad y el bienestar de las personas”. Además, en este momento de incertidumbre global, su mensaje adquiere un tono reivindicativo porque apuesta por “un modelo empresarial basado en la participación democrática, la solidaridad y la colaboración”.

El impacto en el territorio es otro de los ejes clave. Tal como destacan, las cooperativas agro-alimentarias “contribuyen a crear empleo estable, fortalecer el tejido económico local y avanzar hacia comunidades más cohesionadas”. Una contribución especialmente relevante en el ámbito rural, donde desempeñan un papel fundamental en la fijación de población y el desarrollo sostenible.

Su verdadero valor reside en su capacidad para articular economía y comunidad, empresa y personas

Las cifras avalan su relevancia, tanto a nivel global como en España. Pero su verdadero valor reside en su capacidad para articular economía y comunidad, empresa y personas. Bajo el lema 'Cooperativas por un mundo en paz', el mensaje de 2026 trasciende lo simbólico para convertirse en una invitación a construir un modelo más equilibrado. Porque, como recuerda Naciones Unidas, la paz no es solo ausencia de conflicto, sino también es justicia, inclusión y oportunidades. Y en ese horizonte, las cooperativas están jugando un papel crucial.

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