Se trata de una edición especial personalizada de Sharpie que Donald Trump utiliza para firmar sus órdenes presidenciales
El rotulador que está cambiando el mundo
Armado con un rotulador Sharpie barato y rodeado de cámaras, Donald Trump está cambiando el mundo tal cual lo conocíamos y los países occidentales trabajan por acomodarse a estos nuevos asientos tan incómodos. La alergia al multilateralismo del presidente estadounidense, la imposición de aranceles, las amenazas de anexión de territorios como Canadá o Groenlandia, los ataques a Irán y los desplantes a Ucrania marcan la agenda internacional, mientras que dentro de su casa impera el miedo, sobre todo el de los inmigrantes, convertidos en delincuentes para la Administración Trump.
Por Carolina Martínez | Fotografía: Album / Alamy
El 20 de enero de 2025 el orden mundial como lo conocíamos se acabó. Donald Trump tomó posesión de la Casa Blanca como un tsunami y, armado con su barato rotulador Sharpie edición especial, comenzó la mediática y constante firma de órdenes presidenciales que, literalmente, están desbaratando las relaciones con Occidente y los equilibrios comerciales y geoestratégicos que imperaban desde la Segunda Guerra Mundial.
Y, como todo en la vida del empresario hotelero, ha convertido hasta su rotulador de punta gruesa, con una firma tosca y grosera, a imagen y semejanza de su envergadura, en un producto de mercado.
El Sharpie que utiliza es una edición personalizada fabricada por la marca estadounidense, encargada de proveerle directamente desde sus plantas en Tennessee. A día de hoy, modelos similares se venden como artículos de coleccionista en algunas plataformas, donde pueden alcanzar precios de hasta 150 dólares por unidad.
Al margen de su gusto por los flashes, el contenido de esas órdenes no son amenazas, como sugieren algunos de sus defensores, esperanzados en que sus declaraciones se queden en simples armas de negociación futura, sino hojas de ruta que van cambiando la realidad de EE. UU. y en muchas ocasiones del resto del mundo. Sus declaraciones se convierten en la mayoría de los casos en órdenes ejecutivas, desde desmantelar el Departamento de Educación de EE. UU. hasta salirse de la Organización Mundial de la Salud, cargar al resto del mundo con aranceles insoportables o declarar la ‘caza’ del inmigrante. Todo lo que toca ese rotulador tosco y grosero deja una estela de incertidumbre.
Las declaraciones del 12 de febrero de 2025 del secretario de Defensa estadounidense, Peter Hegseth, confirmaron el deseo estadounidense de retirarse de Europa: “Estoy hoy aquí para expresar directamente y sin ambigüedades que las crudas realidades estratégicas impiden que EE. UU. sea el principal garante de la seguridad en Europa”. Después llegó el polémico discurso del vicepresidente J.D. Vance en Múnich, criticando la supuesta falta de libertad de expresión en Europa, y el televisado encontronazo en el despacho oval entre Trump y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Trump, visiblemente irritado, se negó a comprometer nuevos fondos para la defensa ucraniana y riñó públicamente a Zelenski por no buscar una solución al conflicto que pase por la cesión de territorio a Rusia.
El rotulador Sharpie sigue en funcionamiento, firmando órdenes que redibujan el mapa del siglo XXI sin más brújula que la voluntad del inquilino del despacho oval
Pero Trump ya se ha dado cuenta, a estas alturas, del tremendo “fracaso” que ha cosechado frente a su homólogo ruso, que ha demostrado en reiteradas ocasiones que no está dispuesto a sentarse a negociar.
China, el foco de Trump
“Trump va a presionar para que se acepte el acuerdo de Estados Unidos y Rusia porque lo que quiere es salirse de ahí y terminar esa historia, pero quedándose con parte del botín, que son los materiales raros, y trasladar toda su energía al foco que realmente le interesa, que es China”, subraya a Perfiles José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación entre 2011 y 2016.
Carlota García Encina, investigadora principal de Estados Unidos y Relaciones Transatlánticas del Real Instituto Elcano, destaca que la situación de Ucrania “es un serio fracaso de Trump”. “Rusia no está respondiendo como Estados Unidos le ha pedido. Trump también está dándose cuenta de que cualquier decisión que se tome sobre Ucrania tiene que ser sí o sí con los europeos, porque para nosotros es absolutamente existencial”, añade.
“Ucrania no ha perdido la guerra, pero para que ello no acabe sucediendo sigue necesitando del apoyo financiero y militar de Europa, así como de su capacidad de seguir constriñendo la economía rusa, con independencia de lo que haga o deje de hacer Trump. La Unión Europea debe mantener su apuesta moral y geopolítica en favor de Ucrania, ya que en este país se juega nuestra seguridad y estabilidad.
Esto requiere mantener y reforzar el apoyo militar a Ucrania, hacer lo posible para impedir un acuerdo de paz en términos desfavorables para el país agredido, y acelerar su proceso de integración en la UE. Ucrania es el escudo de Europa, y si este cediera, el conjunto de la Unión estaría directamente amenazado por Rusia”, asegura Domènec Ruiz Devesa, investigador sénior y representante de Cidob en Bruselas, centro de investigación en relaciones internacionales con sede en Barcelona. Mientras, los bombardeos sobre Ucrania se han intensificado desde la llegada de Trump a la Casa Blanca y nadie vislumbra el fin de este conflicto.
Fricción transatlántica
A mediados de marzo del pasado año, las relaciones con Europa se agravaron con la orden ejecutiva que duplicó los aranceles al acero y aluminio europeo, en un claro guiño a su base electoral industrial del Cinturón del Óxido, que conforman los estados de Illinois, Indiana, Michigan, Misuri, Nueva York, Ohio, Pensilvania, Virginia Occidental y Wisconsin debido a su fuerte industria siderúrgica, automotriz y minera. Esos estados son una fuente de votos fundamental para Trump. Alemania, Francia y España reaccionaron con dureza a estos aranceles. El canciller alemán Olaf Scholz denunció que Trump estaba “socavando la arquitectura económica del Atlántico Norte”, mientras Emmanuel Macron convocaba una cumbre de emergencia en Bruselas. Mientras, la UE sigue negociando los aranceles como una partida de ping pong.
En abril, Trump dio un nuevo golpe al multilateralismo: anunció la retirada de EE. UU. del acuerdo nuclear con Irán, revocando las medidas diplomáticas de la era Biden y reimponiendo sanciones económicas al régimen de Teherán.
La consecuencia inmediata fue una escalada de tensión en el Golfo Pérsico, con ataques a petroleros en el estrecho de Ormuz y el incremento de hostilidades entre Irán e Israel.
La crisis de Gaza se vio intensificada por un apoyo incondicional de Trump al gobierno de Netanyahu, quien agradeció la “clara y firme alianza” con Washington en una rueda de prensa conjunta el 21 de abril en Jerusalén. Finalmente, el ataque de EE.UU. a Irán el pasado 22 de junio de 2025, bombardeando tres instalaciones nucleares críticas en Irán demostró la plena sintonía de la Casa Blanca con Israel y dio alas a su ataque masivo e indiscriminado en Gaza. Sin embargo, los efectos a largo plazo sobre la capacidad nuclear de Irán están por ver, ya que múltiples fuentes ponen en duda el éxito del que presumió Trump.
Groenlandia y Canadá
La política exterior trumpista también ha alcanzado escenarios insospechados. En mayo, medios daneses filtraron que Trump volvió a sugerir la posibilidad de comprar Groenlandia, retomando una idea que ya había lanzado en su primer mandato. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, calificó la propuesta como “absurda y ofensiva”, mientras desde la Casa Blanca se insistía en los “intereses estratégicos vitales” del Ártico para EE. UU. “Tenemos que hacerlo. Realmente lo necesitamos por seguridad nacional”, aseguró Trump en presencia del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el pasado mes de marzo.
Igualmente, ofensiva ha sido la propuesta de convertir Canadá en el estado número 51. El exprimer ministro canadiense, Justin Trudeau, declaró en un mensaje en las redes sociales: “Jamás, pero jamás, Canadá será parte de EE. UU.”.
Ambos países comparten la frontera más larga del mundo, casi 8.900 kilómetros, además de compartir historia y valores. “Juntos representan la mayor masa terrestre, superando con creces el tamaño de Rusia, y su comercio bilateral se encuentra entre los más amplios del mundo. Existe un parentesco y una familiaridad entre las dos naciones que no se experimenta en ningún otro lugar. Donald Trump ha hecho volar por los aires esta relación singular y ha enfurecido a los canadienses, que abuchean el himno estadounidense en los partidos de la NHL y la NBA (ligas de hockey y baloncesto, respectivamente), que cancelan sus viajes al país vecino y evitan comprar en la medida de lo posible productos estadounidenses”, asegura Carlota García Encina.
Según datos de TRAC (Tracking Immigration and Customs Enforcement), al 15 de junio de 2025, había 56.397 personas detenidas en centros de inmigración, y el 71,7 % (40.433) de ellas no tenían antecedentes penales
En América Latina, el gobierno de Trump ha reactivado sus presiones sobre Panamá, sugiriendo que EE. UU. debería “recuperar influencia en el Canal”. Aunque por ahora se trata de declaraciones sin traducción inmediata en acciones, expertos alertan del riesgo de una nueva política intervencionista en la región.
Auge de China
En cuanto a China, el nuevo Gobierno republicano ha intensificado la guerra comercial con una nueva tanda de aranceles sobre productos electrónicos, farmacéuticos y textiles. En junio, el Ministerio de Comercio chino denunció a EE. UU. ante la Organización Mundial del Comercio y advirtió de represalias “contundentes”. Las tensiones se trasladaron también al ámbito militar, con incidentes entre buques en el mar de China Meridional y un endurecimiento del discurso estadounidense sobre Taiwán.
“China desempeñará un papel más importante. Trump tendrá éxito en hacer a China grande de nuevo”, ironiza Josep Borrell, quien fuera alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y actual presidente de think tank Cidob, centro de investigación en relaciones internacionales. “En los países donde EE. UU. retire su ayuda a la cooperación, China ocupará esa silla y los países se lo agradecerán, porque hay miles y miles de personas perdiendo la vida”, afirma.
La cumbre de la OTAN, celebrada en Bruselas en junio, fue otro hito de confrontación. En un ambiente gélido, Trump volvió a exigir a los miembros europeos que incrementen su gasto en defensa “al menos al 5% del PIB”.
Pero fue su declaración sobre España la que encendió las alarmas: “Si España no quiere pagar por su propia defensa, quizá deba preguntarse si merece el paraguas de seguridad de Estados Unidos”. Las palabras provocaron un terremoto político en Madrid. “Les vamos a hacer pagar el doble. Y lo digo en serio”, anunció Trump.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, replicó desde La Moncloa que “la defensa europea no puede estar al albur de caprichos personales” y pidió una mayor autonomía estratégica para el continente.
Miedo entre inmigrantes
El orden interno estadounidense también está en plena transformación. El miedo impera entre los inmigrantes, para los que se ha abierto una caza sin tregua; entre las universidades, que ven cómo se les quitan fondos y se restringen los visados a sus estudiantes extranjeros; entre los medios de comunicación, castigados si no son de la sintonía de la Casa Blanca; o entre los funcionarios, muchos de los cuales han perdido su puesto de trabajo con los cierres de departamentos gubernamentales.
Según datos de TRAC (Tracking Immigration and Customs Enforcement), al 15 de junio de 2025 había 56.397 personas detenidas en centros de inmigración, y el 71,7 % (40.433) de ellas no tenían antecedentes penales, lo que implica que gran parte son inmigrantes indocumentados sin delitos más allá de migración. Además, se estima que en el primer semestre del año pasado se deportaron 200.000 personas.
Ángel Badillo Matos, profesor del Departamento de Sociología y Comunicación de la Universidad de Salamanca, subrayó en la mesa redonda Valores, ideas, cultura: ¿el fin del poder blando de Estados Unidos?, celebrada en la última edición de la Feria del Libro, que EE. UU. vive “una formidable represión de las libertades”. “Dos aspectos muy preocupantes. Se está estableciendo un control exhaustivo de los periodistas que entran a las ruedas de prensa de la Casa Blanca. Cuatro de cada cinco periodistas a los que se concede la palabra son de derechas o de ultraderecha. El Gobierno está retirando activamente fondos de investigación a las principales universidades para presionar para que las políticas anti DEI (diversidad, equidad e igualdad) se apliquen en el contenido de los campus. Se está interviniendo de una forma absolutamente impúdica, es gravísimo. Y a esto se suma la expulsión de estudiantes internacionales”.
En lo que lleva de mandato, Donald Trump ha logrado dinamitar muchos de los consensos tradicionales de la política exterior estadounidense. Y los analistas coinciden en que su agenda radical no muestra señales de moderación. Para sus seguidores, es una muestra de fortaleza; para sus detractores, un camino directo al aislamiento global.
Sea como sea, el rotulador Sharpie sigue en funcionamiento, firmando órdenes que redibujan el mapa del siglo XXI sin más brújula que la voluntad del actual inquilino del despacho oval.
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