Día Internacional de la Enfermería

La enfermería, columna vertebral de la sanidad pese a la falta de personal

Cada 12 de mayo, el mundo celebra el Día Internacional de la Enfermería, una jornada que pone en valor el papel esencial de estos profesionales, clave para sostener los sistemas sanitarios y garantizar la atención a la población. Bajo el lema ’Nuestras enfermeras. Nuestro futuro. Las enfermeras empoderadas salvan vidas’, la conmemoración de 2026 adquiere un tono especialmente reivindicativo en un contexto marcado por la falta de personal y las profundas desigualdades que, según los organismos internacionales, siguen poniendo en riesgo el acceso global a la salud.

Por Refugio Martínez

12/05/2026
Enfermera que toma el pulso a una mujer mayor.

El Día Internacional de la Enfermería se celebra cada 12 de mayo en conmemoración del nacimiento de Florence Nightingale, pionera de la enfermería moderna. La jornada fue impulsada por el Consejo Internacional de Enfermeras (ICN) con el objetivo de visibilizar la importancia de estos profesionales y recordar su papel esencial en la atención sanitaria a nivel mundial.

En la actualidad, la enfermería se sitúa en el centro de los sistemas sanitarios, pero también de sus principales desafíos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el personal de enfermería constituye el grupo más numeroso dentro de los profesionales sanitarios a nivel global. En su informe State of the World’s Nursing, el organismo señala que, a escala mundial, el personal de enfermería ha pasado de 27,9 millones en 2018 a 29,8 millones en 2023, aunque “siguen existiendo grandes diferencias entre regiones y países en cuanto a la disponibilidad de enfermeras y enfermeros”

Esta desigualdad tiene consecuencias directas sobre el acceso a la salud. En un contexto de déficit global de profesionales y de creciente presión sobre los sistemas sanitarios, en ese mismo informe, la OMS advierte que “las desigualdades en la dotación de personal de enfermería dejan a gran parte de la población sin acceso a servicios de salud esenciales”.

Las desigualdades en la dotación de personal de enfermería dejan a gran parte de la población sin acceso a servicios de salud esenciales”

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, insistió en este diagnóstico al señalar que “no podemos ignorar las desigualdades que marcan el panorama mundial por lo que respecta al personal de enfermería”. Con estas palabras, Ghebreyesus subraya que el problema no es únicamente numérico, sino estructural, vinculado a la distribución de recursos y a las condiciones laborales.

En la misma línea, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha puesto el acento en el papel estratégico de estos profesionales de enfermería. La propia OPS advierte en sus análisis sobre recursos humanos que “el personal de salud es la columna vertebral de nuestros sistemas sanitarios; sin ellos simplemente no es posible hablar de acceso ni de cobertura universal”, lo que conecta directamente con la necesidad de reforzar plantillas y mejorar su planificación.

En este contexto, tanto la OMS como la OPS y el Consejo Internacional de Enfermeras coinciden en reclamar una respuesta global basada en mayor inversión, mejores condiciones laborales y una mayor participación de la enfermería en la toma de decisiones sanitarias, situando a este colectivo como un elemento clave para afrontar crisis futuras, desde pandemias hasta emergencias derivadas del cambio climático.

Retos pendientes a nivel nacional

La situación en España refleja en parte esta tendencia global. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el país cuenta con más de 350.000 profesionales de enfermería, lo que los convierte en el colectivo sanitario más numeroso. Sin embargo, esta cifra no es suficiente para equipararse a los estándares europeos.

El Ministerio de Sanidad reconoce esta diferencia en sus informes oficiales, donde señala que “la ratio de enfermeras por 1.000 habitantes en España sigue siendo inferior al promedio de la Unión Europea”. En términos concretos, España se sitúa en torno a las 6,3 enfermeras por cada 1.000 habitantes, frente a cifras cercanas a 8,5 en el conjunto europeo.

España se sitúa en torno a las 6,3 enfermeras por cada 1.000 habitantes, frente a cifras cercanas a 8,5 en el conjunto europeo

A partir de este diagnóstico, el propio Ministerio advierte de la necesidad de reforzar el sistema para garantizar su sostenibilidad.

En paralelo, las organizaciones profesionales han elevado el tono de sus reivindicaciones. El Consejo General de Enfermería (CGE) señala en sus informes que el desfase con Europa es significativo y apunta que “son necesarias 123.000 profesionales más para llegar a la media del número de profesionales por habitante que tienen los países europeos”.

Una enfermera y un enfermero posando de cuello para abajo.

Este déficit no es una cuestión abstracta, sino que tiene efectos directos sobre la atención a la población. El mismo organismo advierte de que “la escasez de enfermeras está propiciando que los ciudadanos no tengan acceso a todos los cuidados de enfermeros que necesitan”, lo que refleja un problema estructural que afecta tanto a la calidad como a la equidad del sistema sanitario.

De este modo, el caso español se inserta en un escenario global marcado por el mismo patrón: una profesión esencial, ampliamente reconocida en términos sociales, pero todavía insuficientemente reforzada desde el punto de vista institucional.

El origen de una profesión imprescindible

Para comprender esta tensión entre reconocimiento y falta de recursos, es necesario volver la mirada a la figura que dio forma a la enfermería moderna y cuyo legado sigue marcando su evolución: Florence Nightingale.

Nacida en 1820 en el seno de una familia acomodada británica, Nightingale desafió las expectativas sociales de su tiempo al decidir dedicarse al cuidado de los enfermos en una época en la que la enfermería carecía de reconocimiento y se asociaba a una labor poco cualificada. Esta vocación no solo supuso una ruptura personal, sino también el inicio de una transformación profunda en la forma de entender la atención sanitaria.

Su papel resultó decisivo durante la Guerra de Crimea, donde llegó a un hospital militar marcado por la falta de higiene, el hacinamiento y la escasez de recursos. Allí introdujo medidas tan básicas como la ventilación de las salas, la limpieza de los espacios o la organización del trabajo sanitario, lo que permitió reducir de manera drástica la mortalidad entre los soldados. Pero más allá de estas mejoras, Nightingale aportó algo que marcaría el futuro de la medicina: una visión del cuidado basada en la observación sistemática, la recopilación de datos y el análisis de resultados.

Su figura también quedó envuelta en una dimensión casi simbólica que ha atravesado el tiempo. Cada noche, recorría los pasillos del hospital con una lámpara para atender a los heridos que no podían dormir, un gesto que los propios soldados comenzaron a relatar en sus cartas y que le valió el sobrenombre de “la dama de la lámpara”. Aquellas visitas nocturnas no solo tenían un valor asistencial, sino también humano: representaban una forma de acompañar, escuchar y cuidar más allá del tratamiento médico.

Con ese trabajo, Nightingale no solo mejoró las condiciones sanitarias de su época, sino que sentó las bases de la enfermería como una disciplina organizada y con criterio científico. Fundó la primera escuela profesional de enfermería y defendió que el cuidado debía formar parte central del sistema sanitario, al mismo nivel que la intervención médica.

Más de un siglo después, su legado sigue presente en la práctica cotidiana de millones de profesionales. La enfermería contemporánea, basada en la evidencia, la planificación y la atención integral al paciente, continúa reflejando aquella combinación de ciencia y vocación que definió su trayectoria. En este sentido, el Día Internacional de la Enfermería no solo evoca su figura, sino que conecta directamente con el origen mismo de la profesión.

Reforzar la formación, mejorar las condiciones laborales y garantizar una adecuada planificación del personal es (…) una inversión directa en la calidad de vida de la población

Reforzar la formación, mejorar las condiciones laborales y garantizar una adecuada planificación del personal no es solo una cuestión profesional, sino una inversión directa en la calidad de vida de la población. En última instancia, la capacidad de los sistemas sanitarios para responder a los desafíos del presente y del futuro sigue dependiendo, en gran medida, de quienes, como ya demostrara Nightingale, sostienen el cuidado cotidiano de la salud.

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