Un estudio revela cómo el consumo intensivo de episodios afecta a la memoria

Por qué recordamos menos las series que vemos hoy

El modo en que consumimos series ha cambiado de forma tan radical que también ha transformado la manera en que las recordamos. Lo que antes se extendía durante semanas hoy se diluye en maratones de horas que apenas dejan espacio para procesar nada. Un estudio reciente demuestra que el binge watching, convertido ya en hábito cotidiano, genera recuerdos intensos pero fugaces y reduce el disfrute a largo plazo. La comodidad del streaming tiene un precio: nuestras historias favoritas se esfuman más rápido que nunca.

Por Pedro Fernández

20/01/2026
Streaming

¿Recuerdas cuando una serie se quedaba contigo durante semanas, cuando un capítulo te rondaba la cabeza, comentabas teorías con tus amigos y esperabas con ganas el siguiente episodio? En los años 90 y 2000, muchas personas podían recitar diálogos enteros de Friends, Lost o Aquí no hay quien viva. Hoy, sin embargo, cuesta recordar qué pasó en la temporada que vimos hace apenas dos meses. ¿Nos hemos vuelto despistados? ¿O ha cambiado la forma en que consumimos las historias?

La experiencia en el visionado es clave para entender lo que nos sucede. Las plataformas nos han acostumbrado a un ritmo que no da tregua y que tiene consecuencias directas sobre lo que recordamos. Terminamos una temporada en un fin de semana y, al cabo de unas semanas, apenas recordamos quién era quién. No es que nos hayamos vuelto despistados de repente, sino que la forma en la que consumimos historias ha cambiado tanto que nuestro cerebro ya no trabaja igual.

No es que nos hayamos vuelto despistados de repente, sino que la forma en la que consumimos historias ha cambiado tanto que nuestro cerebro ya no trabaja igual

La respuesta está en un hábito que se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana sin que apenas lo notemos. El denominado binge‑watching, ese “atracón” de episodios que encadenamos uno tras otro, funciona como una cinta transportadora que no se detiene. Antes de que el cerebro haya terminado de procesar una escena, ya está entrando la siguiente.

Un estudio titulado ‘El impacto del maratoneo (binge watching) en la memoria y la comprensión percibida’, realizado por la Universidad de Melbourne, en Australia, define este binge-watching como la práctica de ver “tres o más horas de programación en una sola sesión”, y explica que hoy es tan común que “encuestas recientes sugieren que más del 80 por ciento de los consumidores prefieren y se entregan al comportamiento de ver en maratón”. No es solo una moda: es un cambio profundo en la manera en que nos relacionamos con las historias.

El binge‑watching es llamativo porque parece inofensivo. Empiezas un capítulo, la plataforma te pone el siguiente en cinco segundos, y cuando quieres darte cuenta llevas cuatro horas sentado. Sin embargo, lo que ocurre en el cerebro es muy distinto a lo que ocurría cuando las series se emitían semanalmente.

El tiempo, a favor de la memoria

Antes, el tiempo de espera entre capítulos actuaba como una especie de “cámara de eco” donde la historia se asentaba. Tenías días para pensar en lo que habías visto, para reconstruir mentalmente la trama, para anticipar lo que vendría. Ese espacio era un aliado de la memoria. Hoy, en cambio, ese espacio ha desaparecido. La historia avanza sin pausa, y la memoria no puede seguirle el ritmo.

El estudio es muy claro al respecto. Los investigadores concluyen que “el binge watching genera una formación de memoria fuerte inmediatamente después de ver el programa, [pero] estos recuerdos se deterioran más rápidamente que los formados tras ver episodios de manera diaria o semanal”. Es decir: recordamos mucho justo después del maratón, pero olvidamos más rápido que quienes ven un capítulo al día o a la semana. El cerebro funciona como una esponja: absorbe rápido, pero si no le das tiempo para escurrirse y asentarse, lo que absorbe se pierde.

Recordamos mucho justo después del maratón, pero olvidamos más rápido que quienes ven un capítulo al día o a la semana

Contribuye que actualmente haya mucha más variedad donde elegir. Según datos de FX Networks, en los años 90 había unas 40 series originales al año en EE. UU., y en 2022 se alcanzó el récord de 599 series originales.

Además, el estudio revela algo sorprendente: quienes ven una serie en maratón disfrutan menos que quienes la ven poco a poco. Los autores del estudio señalan que “los participantes en la condición de binge watching informaron de un disfrute del programa significativamente menor que los participantes en las condiciones de visionado diario o semanal”.

Esto puede parecer contradictorio, porque el binge watching es la forma de consumo preferida por millones de personas. Pero el estudio explica que una cosa es disfrutar de la plataforma —la comodidad, la libertad, la sensación de control— y otra muy distinta disfrutar del contenido. Cuando ves seis episodios seguidos, los recordatorios narrativos, los giros y las repeticiones que están pensados para aparecer una vez por semana se acumulan en pocas horas, y eso puede generar saturación o incluso aburrimiento.

El cerebro necesita pausas

El cerebro necesita pausas. No es un disco duro que guarda datos automáticamente, sino un órgano que consolida la información durante los descansos, especialmente durante el sueño.

El estudio conecta sus resultados con décadas de investigación sobre el aprendizaje y la memoria, señalando que “practicar algo distribuyéndolo a lo largo de un periodo de tiempo más largo suele conducir a un peor rendimiento a corto plazo, pero a un rendimiento más fuerte a largo plazo que practicarlo de forma concentrada o intensiva”. Es decir, cuando espaciamos la información, la memoria a largo plazo mejora, y cuando la concentramos, la memoria inmediata es buena, pero se desvanece rápido. Ver una serie en maratón es, para el cerebro, como estudiar todo un examen la noche anterior: parece eficaz, pero no lo es.

El tiempo de espera entre capítulos, ese que antes nos parecía una tortura, era en realidad un regalo para la memoria. Permitía que el cerebro consolidara lo aprendido, que creara conexiones, que reforzara los recuerdos. Hoy, al eliminar ese tiempo, hemos eliminado también la oportunidad de que las historias se queden con nosotros. Por eso recordamos menos. No porque las series sean peores, ni porque nuestra memoria funcione peor, sino porque las consumimos de una forma que no permite que se graben.

El estudio concluye que “el binge watching puede afectar tanto a la memoria sostenida del contenido visto como a los niveles de disfrute autodeclarados de la serie”, y plantea una pregunta interesante: si recordamos menos y disfrutamos menos, ¿por qué seguimos haciéndolo?

La respuesta está en la comodidad, en la inmediatez y en la sensación de control que ofrecen las plataformas. Pero quizá, si volviéramos a ver un capítulo al día, descubriríamos que nuestra memoria sigue siendo tan buena como siempre. Solo necesita algo que antes tenía y ahora le hemos quitado: tiempo.

 

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