Patty Bonet, presentadora de los sorteos de la ONCE en televisión

“Aún estamos muy anclados en mostrar cuerpos perfectos, normativos, que no son reales”

Patty Bonet se ríe con facilidad. Es una risa franca y abierta. Quizá por eso, cuando aparece cada noche en televisión presentando los sorteos de la ONCE, el impacto inicial de su imagen –piel muy blanca y cabello también casi blanco– se diluye rápidamente. “Puede que los primeros días te choque”, dice, “pero si me ves cada noche, al final normaliza muchísimo”. Y ahí precisamente sitúa ella la clave de todo.

Por Blanca Abella / Pilar Cerezo | Fotografía: Ladra

05/03/2026
Patty Bonet, presentadora de los sorteos de la ONCE en televisión

Bonet es actriz, periodista y albina. Tres palabras que, durante mucho tiempo, parecían incompatibles en el imaginario colectivo. Ella se encarga de desmontar mitos desde el principio. “El albinismo no es una enfermedad”, subraya. “Es una condición genética. Nací con una deficiencia de melanina y eso hace que tenga la piel y el pelo claros”. Pero enseguida matiza lo que considera esencial: “Lo que realmente discapacita al albinismo es la discapacidad visual”. En su caso, su visión es del 17%.

“Y hay muchísima gente que no lo sabe”. Ese desconocimiento ha sido una constante. Durante años, al cruzarse con alguien por la calle, los comentarios giraban siempre en torno a su aspecto. “Ostras, qué blanca”, “mira, es albina”. Hoy, sin embargo, algo ha cambiado. “Ahora lo que oigo es: ‘Mira, la de la tele, la de la ONCE’”. La diferencia no es menor. “Ya no te señalan por un físico diferente, te asocian a un trabajo. Y creo que ahí está la clave de todo”, afirma.

Desde hace tres años, Patty Bonet presenta los sorteos de la ONCE, una presencia diaria que ha tenido un efecto casi pedagógico. “Igual los primeros días que me ven en la pantalla les impacta, porque es un físico muy diferente”, admite. “Pero quieras que no, si vas apareciendo cada noche, eso normaliza muchísimo”. La televisión cuando insiste, cuando repite, cuando no convierte la diferencia en un evento puntual, tiene un poder enorme.

A esa visibilidad se sumaron sus apariciones en La Revuelta, un programa de gran audiencia. “Eso me dio todavía más visibilidad”, reconoce. “Y la gente se te acerca con muchísimo cariño”. Patty repite varias veces la palabra agradecida. “Estoy súper agradecida, de verdad”.

Presentar los sorteos de la ONCE es, en esencia, un trabajo. “Esto es repartir suerte”, dice. Pero desde el primer momento tuvo claro que quería ir un poco más allá. “Yo también quería hacerles llegar un poco de alegría al final de la jornada”. Su forma de estar en pantalla pasa inevitablemente por el humor. “Mi manera de ser es así. Para mí es primordial intentar tener una actitud positiva”. Aunque el espacio sea breve, intenta imprimir ese tono. “Si puedo llevarles una sonrisa, aunque sea pequeña, creo que la gente lo agradece”.

“Quiero correr mucho más rápido de lo que la sociedad ahora mismo puede”

Diversidad y realidad

Convive con una mirada crítica sobre la sociedad. “En cuanto a la discapacidad hay muchísimo desconocimiento y mucha ignorancia”, afirma. “Si no te toca de cerca, igual lo pasas desapercibido”. Pero no se queda ahí. “A nivel de cuerpos, vivimos en una sociedad muy diversa”, dice, “y aún estamos anclados en mostrar cuerpos perfectos, normativos, que no son reales”.

Ese modelo, advierte, genera frustración. “Nos crea a todos una presión por llegar a unos prototipos que tampoco existen en el día a día”. Para Patty, hay dos pilares fundamentales para cambiar esto: “la educación y la cultura”. Lo repite casi como un mantra. “Son la base de todo. Fomentar valores de inclusión y de normalización pasa por ahí”.

A eso suma la investigación científica. “El albinismo es una condición genética que en España se incluye dentro de las enfermedades raras”, explica. “Conlleva una gran discapacidad visual y la investigación es importantísima, porque sin ciencia no hay futuro”.

“El albinismo no te va a impedir ser quien quieras ser”

Pero insiste en que la ciencia no basta si no va acompañada de valores. “Nuestros niños son las generaciones del futuro”, recuerda. “Y si desde el principio en los colegios les das jornadas, charlas, actividades… no solo el Día de la Discapacidad, sino a lo largo de todo el curso, eso cambia mentalidades”.

Los medios de comunicación, para ella, son otro frente clave. “En series, en películas, en programas de televisión, si contratas a personas con discapacidad, que está súper demostrado que somos igual de capaces, eso conlleva una visualización real”. Visualización, inclusión y, finalmente, normalización. “Ahora mismo en España estamos todavía en la visibilización”, señala. “Y nos queda muchísimo para llegar a esa ansiada normalización”.

Ella misma lo vive en primera persona. “Estoy muy contenta de presentar los sorteos de la ONCE”, dice, “pero no deja de ser un espacio relacionado con discapacidad”.

El siguiente paso sería poder participar en programas que no tengan nada que ver con ese ámbito. “Pero claro, si la ONCE ha tardado 80 años en dar este paso, imagínate lo que van a tardar las televisiones”. Patty se ríe, pero el comentario encierra una verdad incómoda. “Yo quiero correr mucho más rápido de lo que la sociedad ahora mismo puede”.

¿Lo ves?

De esa necesidad de explicar, de mostrar y de acompañar nació uno de sus proyectos más personales: un cortometraje titulado ¿Lo ves? que recrea cómo ve una persona con albinismo. “Había muchísimo desconocimiento”, recuerda. “Yo decía: veo borroso, veo desenfocado, pero claro, si tú ves bien, no te haces una idea”. Así que decidió mostrarlo. “Aunque fuera en situaciones cotidianas de mi vida, que para el resto son súper normalizadas”.

El corto tenía varios destinatarios claros. “Sobre todo las familias en las que nace un niño con albinismo y están perdidísimas al principio”, explica. También el ámbito educativo. “Había muchos profesores que tildaban de exagerado al alumno con albinismo”. Después de verlo, cuenta, algunos han llegado incluso a pedir perdón a las familias.

El impacto fue también íntimo. “Mi padre, cuando vio el corto, se puso a llorar”, recuerda. “Me dijo: ‘Hija, no sabía que veías tan mal’”. Para Patty, ese momento resumía un desconocimiento generalizado. Por eso le gusta pensar en el corto como un legado.

“Cuando yo ya no esté, ahí estará, en YouTube, gratuito, para todo el mundo”. Una herramienta para que cualquiera pueda hacerse una idea de cómo ve una persona con albinismo. “Y para que entiendan que eso no te va a impedir ser quien quieras ser”.

Ese mensaje atraviesa también su nuevo proyecto de charlas inspiracionales. “Es algo que llevaba rumiando mucho tiempo”, confiesa. “Cuando me involucro en algo quiero hacerlo al cien por cien, a medias no quiero estar”. El empujón definitivo llegó cuando sintió que el momento era el adecuado. “A principios de año dije: ahora ya me apetece”.

No quería una conferencia al uso. “No quería ponerme de pie, pasar un Power- Point y ya está”, dice. “Eso no me motivaba”. Prefirió rodearse de personas en las que confía. “Cogí a un dramaturgo, que además es amigo mío, y me la ha dirigido un director de teatro”. La idea era clara: “Quería que fuera algo teatral”.

Las charlas combinan relato personal, audiovisuales con lenguaje cinematográfico y una puesta en escena cuidada. “Yo también quería pasármelo bien haciéndola”, admite, “egoístamente”. Y, de paso, ofrecer algo distinto al público. “Sacar un poco a la gente de lo habitual”.

En esas charlas habla de su trayectoria, de sus procesos para convertirse en actriz, de la falta de referentes con albinismo en el audiovisual. “Es bastante desalentador”, reconoce. Pero, fiel a su carácter, lo hace desde el humor. “Ya sabemos que toda comedia en el fondo tiene un drama”.

De cuotas y Cáscaras vacías

Aborda temas como el bullying, el apoyo familiar y la importancia de perseguir los sueños. “Si tienes un sueño, ve a por él”, insiste. “En grande o en pequeño, siempre puedes encontrar un camino para caminar hacia él”. No idealiza el proceso. “Hay días que te llaman para un trabajo y tú sabes que te llaman para cubrir una cuota”, explica. “Y claro, hay días que dices: hoy estoy cansada, hoy no me apetece cumplir una cuota”.

Reivindica el derecho a decir que no. “No tienes que aceptar todo tipo de trabajos solo por cumplir esa cuota de visibilización”. Esa mochila, aclara, se la ha puesto ella misma. “Es una responsabilidad que nadie me ha puesto”. Aun así, su deseo de abrir camino sigue intacto. “A mí sí que me gustaría poder ayudar a alguien que está empezando”, dice. “Porque yo no lo tuve”.

“Todos necesitamos adaptarnos de alguna manera”

Cuotas y porcentajes

Pero también hay cansancio. “Hay días que no quiero ser una cuota, un porcentaje”, confiesa. “Quiero estar aquí porque valgo y punto”. Esa tensión entre compromiso y agotamiento atraviesa su discurso sin victimismo, con honestidad.

En el cine y la televisión, su aspiración es clara: interpretar personajes con conflictos normalizados. “Hasta ahora casi todo ha sido muy extremo”, enumera. “Integrante de secta satánica, usuaria de centro psiquiátrico…”. Ella quiere otra cosa. “Mis conflictos son los de cualquier persona: desamores, no llegar a fin de mes, pelearme con mi mejor amigo, ayudar a mi hermana”.

El año pasado dio un paso importante en la película Cuerpos locos. “Era abogada y punto”, resume. “No se nombra el albinismo ni nada”. Aunque el papel era pequeño, para ella fue enorme. “Cuando me lo ofrecieron dije que sí porque para mí ya era un paso súper importante”.

No siempre ha sido así. En series de época, por ejemplo, le han cerrado la puerta directamente. “Me han dicho que ahí no, que una albina no pega”, cuenta. “Y tú dices: vamos a ver, ni que el albinismo fuera del siglo XXI”. Son, dice, “mentes cerradas”. Y aún queda muchísimo por hacer.

“Hay días que no quiero ser una cuota, un porcentaje”

Adaptación

Uno de los proyectos que marcó su carrera fue Cáscaras vacías, en el Centro Dramático Nacional (CDN). “Fue algo pionero”, recuerda. “Era la primera vez que se programaba con actores con discapacidad en la programación regular del CDN”. La obra abordaba la Aktion T4, el programa nazi de exterminio de personas con discapacidad. “Era una historia muy fuerte”, admite. Especialmente dura por tratarse, en su mayoría, de niños.

El proceso de creación fue largo y profundo. “Antes de los ensayos hicimos un taller para investigar”, explica. Eso creó un vínculo difícil de describir. “Yo lo comparo con la gente que entra en Operación Triunfo o Gran Hermano”. Una experiencia vital que te marca para siempre. “Cuando te encuentras con alguien de Cáscaras vacías, el abrazo lo dice todo”.

Para Patty, ese proyecto fue un antes y un después. “Mi madre murió hace 15 años y pensé que nunca podría volver a ser feliz”. En ese escenario descubrió que sí podía. “Es otra felicidad, con una ausencia, pero es felicidad”. Hoy, cuando entra al Teatro María Guerrero, lo siente como casa. “De lo feliz que fui allí”.

La normalización, reflexiona, a veces empieza por gestos muy simples. “Cuando David Broncano me preguntó: ‘Patty, ¿cuál es el protocolo?’, me encantó”. Lo mismo ocurrió en un rodaje. “Esa frase me gusta mucho porque no te infravalora”. No habla de condescendencia, sino de igualdad.

“Todos necesitamos adaptarnos de alguna manera”. Para ella, eso es normalizar. Su utopía sigue intacta. “Más que un sueño, es una utopía”, dice. Los Óscar. Cada año los vive como un ritual. “Me compro un vestido de gala, hago quinielas con mis amigos, me tomo mis olivitas rellenas y mi Coca-Cola de cristal”. Sabe que probablemente nunca llegará allí. “Pero me sirve como una meta que guía mis pasos”.

Sobre el escenario, todo encaja. “Yo piso un escenario y toda mi timidez se va”, dice. “Me siento capaz de todo”. Es su hábitat. Y mientras esa utopía siga marcando el horizonte, Patty Bonet seguirá caminando hacia ella, sin prisa, pero sin renunciar a nada.

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