Novela gráfica, salud y discapacidad

Comics que explican: el poder del dibujo para entender y empatizar

Cada vez hay mas novelas gráficas que tratan temas difíciles de desarrollar. Es habitual encontrarse en las librerías comic sobre filosofía, economía y cada vez más sobre salud y discapacidad. En el ámbito sanitario y de la discapacidad vive un momento muy interesante. Cada vez más profesionales de la salud, educadores sociales, pacientes y divulgadores recurren a él como vehículo para explicar enfermedades o situaciones complejas, tanto físicas como mentales. Su potencia radica en la combinación simultánea de texto e imagen, que permite transmitir información técnica sin perder cercanía. No es casual que hayan surgido obras recientes como El Cuerpo de Cristo, de Bea Lema —Premio Nacional del Cómic 2024—, cuyo enfoque visual y emocional ha generado un impacto profundo.

Por SONIA GUTIÉRREZ MENCÍA

21/01/2026
Portada del Comic

La representación de la discapacidad y la salud  también ha encontrado en el cómic un espacio de enorme valor pedagógico. Algunas obras recientes demuestran cómo la narrativa gráfica puede acercarse a realidades complejas sin caer en paternalismos ni simplificaciones. Un ejemplo destacado es Aprendiendo a caer, de Mikael Ross, una novela gráfica construida a partir de su convivencia, durante más de dos años, en Neuerkerode, una comunidad alemana donde la mitad de la población tiene discapacidad intelectual. Allí recogió historias reales de sus habitantes, transformadas después en ficción para proteger su identidad. El resultado es un relato honesto, sensible sobre la vida cotidiana, los apoyos y la autonomía en una comunidad pionera.

También destaca La inevitable ceguera de Billie Scott, de Zoe Thorogood, que aborda la experiencia de perder la visión desde la perspectiva de una joven artista que sabe que quedará ciega en apenas quince días. La autora combina un estilo expresivo con una estructura narrativa experimental para reflejar el tránsito emocional de su protagonista y la urgencia de crear antes de que llegue la oscuridad. La obra, premiada en los Eisner Awards, es especialmente reveladora por su manera de hacer comprensible la vivencia de una discapacidad sensorial inminente.

Desde otro prisma, el cómic ¡Qué valiente eres! desmonta con humor ácido el capacitismo cotidiano, mostrando esas microagresiones normalizadas —comentarios bienintencionados pero condescendientes, barreras invisibles, estereotipos heroicos o trágicos— que muchas personas con discapacidad enfrentan a diario. A través de ocho relatos breves, sus autoras combinan denuncia, ironía y accesibilidad para provocar reflexión sin perder ligereza.

Un poco de historia

Antes incluso de este reconocimiento, obras como María y Yo, del fallecido Miguel Gallardo, ya demostraron hasta qué punto la narrativa gráfica podía iluminar experiencias poco comprendidas. Publicado en 2007 y galardonado con el Premio Nacional del Cómic de Catalunya en 2008, el libro se convirtió en un referente por su manera honesta y empática de explicar el Trastorno del Espectro Autista.

Mientras tanto, el desarrollo de la Medicina Gráfica se ha ido consolidando gracias al trabajo de profesionales sanitarios y artistas. El concepto surgió con el médico británico Ian Williams, que exploró cómo el cómic podía integrarse en la docencia y la práctica clínica. Más tarde, el profesor Michael Green, de la Facultad de Medicina de Pennsylvania, incorporó la idea de las “patografías gráficas”: historias ilustradas que relatan la experiencia de la enfermedad desde la mirada del paciente.

En España, la Sociedad Médica de Medicina Gráfica (MG) ha ampliado este enfoque para incluir también ilustraciones, esquemas e infografías. Su presidenta, la médico Mónica Lalanda, subraya que la mayoría de las quejas de los pacientes se relacionan más con la comunicación que con la técnica clínica. Por eso defiende que los materiales visuales pueden transformar la relación entre profesionales y usuarios del sistema sanitario.

La utilidad del lenguaje visual se ha demostrado en prácticamente todas las especialidades. Las infografías, asegura Lalanda, ayudan a presentar información de forma clara y atractiva, y se convierten en un apoyo muy útil para complementar lo que se explica en la consulta. En el terreno del cómic, enfermedades como el cáncer o los trastornos mentales han encontrado un espacio especialmente fértil, en parte porque sus síntomas son difíciles de describir solo con palabras. No es casual que la Medicina Gráfica haya recopilado ya más de 260 títulos relacionados con la salud.

Diversos autores han reforzado esta tendencia. La ilustradora Corine Schimit "En busca de la verdad desnuda sobre los trastornos de la alimentación" explica que el dibujo le permite hablar de cuestiones que a menudo son imposibles de verbalizar. La representación gráfica, sostiene, abre caminos para compartir experiencias que normalmente permanecen ocultas.

Una reflexión similar comparte Bea Lema, quien utilizó El Cuerpo de Cristo para procesar su propia vivencia familiar. Describe el proyecto como un ejercicio liberador, marcado por el silencio y la soledad con que se afrontó la enfermedad mental. La técnica del bordado, integrada en su obra, añade una textura cálida que suaviza la dureza del tema: transforma en algo estético experiencias profundamente dolorosas.

El sector editorial, por su parte, también ha reconocido el potencial del cómic aplicado a la salud y discapacidad. Jaume Bonfill, director de Reservoir Books, observa que este formato permite superponer diferentes capas de información en una sola página, lo que facilita la comprensión. Oihan Iturbide, editor en Yonki Books, coincide en su valor divulgativo y destaca que el cómic permite tratar temas serios sin solemnidad, aunque reconoce que aún persiste el prejuicio de que es un medio infantil.

La editora Lucía Álvarez, de Astiberri, recuerda que obras como María y Yo o Arrugas, de Paco Roca —centrada en el Alzheimer—, han sido hitos importantes. También destaca que El Cuerpo de Cristo ha trascendido el ámbito editorial: se ha utilizado incluso en terapias grupales para promover el diálogo y la reflexión sobre salud mental.

En cuanto a los espacios públicos, la falta de bibliotecas en la mayoría de los centros de salud y centros de salud mental supone una oportunidad perdida. Antes de plantearse colecciones específicas, Lalanda propone un paso intermedio: clasificar la Medicina Gráfica como una categoría propia en las bibliotecas públicas. Aunque el cómic ya cuenta con presencia creciente, su falta de organización temática limita su alcance.

La Medicina Gráfica avanza lentamente, pero cada vez ocupa un lugar más relevante en la divulgación y el acompañamiento de la salud. Su potencial no ha hecho más que empezar.

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