Según el último informe del Observatorio SoledadES

Una de cada dos personas con discapacidad sufre soledad no deseada

La soledad no deseada afecta con especial incidencia a las personas con discapacidad: más de la mitad (50,6%) la sufre, un porcentaje superior en casi 35 puntos al registrado entre la población sin discapacidad. El último informe del Observatorio SoledadES advierte sobre la cronificación de esta situación y sus efectos en la salud mental, el acceso al empleo y las relaciones sociales.

Por Bárbara Guerra

03/12/2025
La soledad no deseada afecta con especial incidencia a las personas con discapacidad

La soledad no deseada afecta a una de cada dos personas con discapacidad en España, según revela un estudio del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (SoledadES), que alerta sobre la persistencia y profundidad de esta realidad en uno de los colectivos más vulnerables del país, mientras urge a tomar medidas para remediarlo.

El informe revela que el 50,6% de los encuestados afirma sentirse solo en este momento, frente al 15,8% de la población sin discapacidad. Es decir, la prevalencia de la soledad no deseada en este grupo representa un porcentaje superior en casi 35 puntos al registrado entre la población sin discapacidad. Matilde Fernández, presidenta del Observatorio SoledadES, precisó que “la soledad no deseada es una forma de sufrimiento que no se ve, pero que se siente profundamente. Este estudio pone cifras a una vivencia que muchas veces se vive en silencio. Nos obliga a repensar cómo estamos construyendo nuestras comunidades, nuestras ciudades y nuestras políticas públicas”. Fernández insistió en que no se trata de un problema individual, sino estructural: “La soledad no deseada no es solo un problema individual, sino una cuestión de justicia social que afecta a la salud democrática de nuestro país. Es urgente que se reconozca como un problema estructural, que requiere respuestas transversales desde todos los ámbitos: sanitario, educativo, laboral y comunitario”.

Escuchar no es oír

Miguel Carballeda, presidente del Grupo Social ONCE, reivindicó el papel de la organización como espacio de escucha y acompañamiento: “La soledad no deseada es una realidad que ya estaba aquí antes de la pandemia. Lo constatan cada día los vendedores de la ONCE, centinelas de la ilusión, que escuchan diariamente a muchas personas cuando acuden a comprarles productos de juego. Son psicólogos callejeros que saben escuchar, que no es lo mismo que oír”.

“La soledad no deseada es una forma de sufrimiento que no se ve, pero que se siente profundamente”, afirma Matilde Fernández

Carballeda también destacó el potencial de la tecnología como aliada: “Las tecnologías, bien usadas, ayudan a combatir la soledad. Es lo que ocurre, por ejemplo, con altavoces inteligentes como Alexa, que llevan los libros de la biblioteca digital de la ONCE hasta los hogares de nuestros afiliados”.

Justicia social

La secretaria de Estado de Derechos Sociales, María Rosa Martínez, subrayó la relevancia del estudio como herramienta para el diseño de políticas públicas: “Este informe va a aportar luz y servir de hoja de ruta para estudiar con rigor esta realidad y ayudar a ser capaces de implantar políticas más inclusivas”.

Además, añadió que “las soluciones pasan por alejarse de la idea de que la soledad es algo negativo en sí mismo; abandonar el estereotipo de que afecta solo a las personas mayores, y ser conscientes de que es un problema colectivo que afecta a la salud de la democracia. La soledad no deseada es un problema de justicia social”.

Claves: más allá de las cifras

El estudio no solo mide la prevalencia, sino que analiza factores asociados: género, edad, empleo, salud, relaciones sociales y uso de tecnología.

Una de las principales conclusiones es que la soledad no deseada es más frecuente entre las mujeres (54,3 %) que entre los hombres con discapacidad (45,7 %) y afecta especialmente a los extremos de edad: 65,7 % en personas de entre 18 y 29 años y 64,1 % entre los mayores de 65.

Además, se identifican una serie de factores que incrementan la probabilidad de sufrir soledad: tener pocas relaciones familiares o de amistad y de baja calidad emocional, estar desempleado o en situación de pobreza, vivir solo, especialmente si no se ha elegido hacerlo; tener problemas de salud mental o física, residir en grandes ciudades, donde la soledad alcanza niveles más altos que en zonas rurales.

El tamaño del municipio también influye: en localidades con menos de 10.000 habitantes, la prevalencia es del 41,4%, mientras que en ciudades de más de 500.000 habitantes alcanza el 56,5 %.

Relaciones sociales y familiares

El grado de satisfacción con las relaciones es “clave” para la soledad no deseada. Más de la mitad de quienes la sufren afirman tener menos relaciones familiares y de amistad de las que desean (56,3 % y 69 %, respectivamente), cifras similares a las de la población sin discapacidad. Entre quienes no se sienten solos, estos porcentajes no llegan al 25%.

Además, el 53,9% califica sus relaciones familiares como malas o regulares y 12,9% no cuentan con ningún tipo de apoyo, casi el doble que quienes no sufren soledad.

Brecha digital y desempleo

El informe constata una brecha significativa en acceso y uso de internet respecto a la población general. Aun así, 53,5% cree que la tecnología puede generar compañía. Entre quienes se sienten solos, 37,5% se relaciona principalmente online con familiares y 47,7 % con amistades.

El desempleo es un factor de riesgo importante: el 65,8% de las personas con discapacidad desempleadas sufren soledad, frente al 46,6% de las ocupadas. En salud, la correlación es clara: el 77,2% de quienes perciben su estado como muy malo sufren soledad, frente al 26,4 % de quienes se sienten bien.

Salud mental y acoso

Más de la mitad de quienes sufren soledad han padecido acoso laboral, escolar o de pareja (58,9%). Además, el 50,9% ha tenido pensamientos suicidas o autolesivos, frente al 23,7% de quienes no sufren soledad. La asistencia psicológica aumenta más de 20 puntos entre quienes padecen aislamiento.

Retos y recomendaciones

El informe plantea diseñar programas que aborden tanto factores estructurales como individuales, involucrar a las personas con discapacidad en las soluciones, ofrecer ayuda incluso sin demanda explícita, generar conocimiento periódico y eliminar barreras, incluidas las digitales. Tras la presentación, una mesa de diálogo con entidades como ONCE, CERMI, CNSE, Plena inclusión, Cocemfe, Fiapas, Aspace y Salud Mental España compartió buenas prácticas e iniciativas innovadoras.

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