Una pseudociencia cada día menos legitimada

La ciencia derroca a la homeopatía y pone límites a la fe terapéutica

Durante décadas ha ocupado estanterías de farmacias, consultas alternativas y conversaciones cotidianas. La homeopatía, presentada por muchos como una medicina ‘natural’ y ‘suave’, ha sido defendida por millones de personas como una opción terapéutica legítima. Sin embargo, el Ministerio de Sanidad ha dado un paso definitivo al certificar oficialmente que la homeopatía no funciona más allá del efecto placebo y que su uso puede entrañar riesgos reales para la salud.

Por Refugio Martínez

28/04/2026
Frasco tumbado con las pastillas sobre la mesa.

La homeopatía es una práctica terapéutica basada en dos principios fundamentales. El primero es la idea de que “lo similar cura lo similar”: una sustancia que provoca determinados síntomas en una persona sana podría, supuestamente, curar esos mismos síntomas en una persona enferma. El segundo sostiene que cuanto más diluida esté esa sustancia, mayor será su efecto terapéutico.

Estas ideas, formuladas a finales del siglo XVIII, no encajan con los conocimientos actuales de la biología, la química o la física. Aun así, la homeopatía sigue teniendo una notable presencia social y económica. En España, los productos homeopáticos se comercializan legalmente en farmacias y parafarmacias y en nuestro mercado existen 976 preparados homeopáticos registrados, con una facturación anual que supera los 30 millones de euros.

Su uso está extendido entre personas que buscan tratamientos percibidos como menos agresivos o que desconfían de la medicina convencional. También influye la sensación de atención personalizada y el hecho de que muchos problemas leves —como el estrés, el insomnio o determinadas molestias inespecíficas— pueden mejorar por sí solos o como resultado del llamado efecto placebo. El problema surge cuando estas prácticas no se utilizan como complemento emocional, sino como alternativa real a tratamientos médicos eficaces.

El problema surge cuando estas prácticas no se utilizan como complemento emocional, sino como alternativa real a tratamientos médicos eficaces

Una conclusión sin matices

En este contexto, el Ministerio de Sanidad, a través de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), ha publicado el informe Homeopatía y productos homeopáticos. Evaluación de las evidencias acerca de su eficacia y seguridad. Se trata de un análisis exhaustivo de la literatura científica publicada entre 2009 y 2026, centrado exclusivamente en ensayos clínicos realizados en humanos y con criterios metodológicos rigurosos.

Las conclusiones del documento no dejan lugar a interpretaciones ambiguas. Según el informe, los resultados obtenidos con productos homeopáticos “no superan al placebo” y “no existe evidencia científica de que sean eficaces para tratar ninguna patología”. En otras palabras, cuando se comparan con una sustancia inerte, los preparados homeopáticos no aportan ningún beneficio adicional medible.

Pero el informe va más allá de la falta de eficacia y alerta de un riesgo añadido. Los expertos señalan que el principal peligro no es tanto la ingestión de estos productos —muchos de los cuales contienen cantidades insignificantes de principio activo— como el hecho de que su uso “desplace o retrase tratamientos que sí han demostrado eficacia, lo que puede poner en riesgo la salud de los pacientes”.

El principal peligro no es tanto la ingestión de estos productos como el hecho de que su uso “desplace o retrase tratamientos que sí han demostrado eficacia”

La ministra de Sanidad, Mónica García, fue especialmente clara al presentar públicamente estas conclusiones. Y es que, tras analizar toda la evidencia disponible, el resultado es inequívoco: “La homeopatía no funciona mejor que un placebo”. Tal y como explicó, muchas de estas sustancias están tan diluidas “que es literalmente como disolver un sobre de azúcar en el Mediterráneo”.

García insistió además en que el verdadero peligro no está en lo que se toma, sino en lo que se deja de tomar. “El riesgo real para la salud es abandonar tratamientos que sí funcionan”, señaló, subrayando que, en medicina, las creencias no pueden sustituir a la evidencia.

Imagen de un estetoscopio al lado de fichas de colores que representan la salud.

La postura adoptada por el Ministerio de Sanidad no es aislada. Coincide plenamente con la mantenida desde hace años por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ya en 2009, tras recibir una carta abierta firmada por médicos e investigadores de distintos países, la OMS respondió de forma contundente.

En su comunicación oficial, la organización dejó claro que “la OMS no recomienda el uso de la homeopatía” para tratar enfermedades graves como el VIH, la tuberculosis, la malaria, la influenza o la diarrea infantil. Los responsables de distintos programas de la propia OMS —desde el área de tuberculosis hasta el programa mundial contra la malaria— coincidieron en señalar que estas patologías deben abordarse exclusivamente con tratamientos avalados por pruebas científicas.

La advertencia más preocupante se refiere al riesgo de sustitución. Según la OMS, cuando la homeopatía se emplea en lugar de terapias eficaces, “se ponen vidas en peligro”. En enfermedades con alta mortalidad, el retraso o el abandono del tratamiento adecuado puede tener consecuencias irreversibles, especialmente en contextos vulnerables o con acceso limitado al sistema sanitario.

Esta preocupación no es nueva. Para entender por qué una práctica sin base científica sigue teniendo arraigo social más de dos siglos después, es necesario mirar atrás y situarla en el momento histórico en el que nació.

De Hahnemann a nuestros días

La homeopatía fue creada por el médico alemán Samuel Christian Friedrich Hahnemann (1755–1843), en una época en la que la medicina carecía de muchos de los fundamentos científicos actuales. Las sangrías, los purgantes y otros tratamientos agresivos eran habituales, y no pocas veces resultaban más dañinos que la propia enfermedad.

Hahnemann, crítico con estas prácticas, buscó alternativas más suaves y formuló su teoría a partir de observaciones empíricas. Al experimentar con distintas sustancias, creyó detectar que algunas provocaban en personas sanas síntomas similares a los de ciertas enfermedades. A partir de ahí desarrolló su famoso principio de similitud y apostó por diluciones extremas para minimizar los efectos adversos.

Durante el siglo XIX, la homeopatía ganó adeptos en Europa y Estados Unidos, especialmente porque parecía menos peligrosa que la medicina de la época. Sin embargo, a medida que avanzaron la farmacología, la microbiología y los ensayos clínicos controlados, sus postulados fueron perdiendo peso científico y no resistieron la verificación que sí superaron otros tratamientos médicos. Aun así, su persistencia hasta nuestros días plantea una pregunta clave: ¿por qué tantas personas aseguran sentirse mejor cuando la utilizan?

Una parte importante de la respuesta está en el llamado efecto placebo. Numerosos estudios han demostrado que la expectativa de mejora, la relación con el terapeuta y el propio ritual del tratamiento pueden generar una percepción real de alivio, especialmente en síntomas subjetivos como el dolor, la ansiedad o el malestar general. No se trata de que los pacientes finjan sentirse mejor, sino de que la mente desempeña un papel relevante en cómo se experimenta la enfermedad y el bienestar.

El Ministerio de Sanidad aclara que los efectos atribuidos a la homeopatía se explican por el efecto placebo

El informe del Ministerio de Sanidad aclara que los efectos atribuidos a la homeopatía se explican por el efecto placebo y no por una acción terapéutica propia del producto. Esto no significa que quienes la usan mientan o se engañen conscientemente, sino que el cerebro humano responde de manera compleja a la atención, la esperanza y el contexto. El riesgo real es cuando esta mejoría percibida se confunde con curación y sustituye a un abordaje médico adecuado.

En este punto, tanto el Ministerio de Sanidad como la Organización Mundial de la Salud coinciden en subrayar la importancia de ofrecer una información fiable y veraz. En un sistema sanitario basado en derechos, la libertad de elección solo es real cuando el ciudadano dispone de información rigurosa, comprensible y honesta. En salud, creer es legítimo; curar, en cambio, exige pruebas.

Continúa Leyendo
Infografía hecha con inteligencia artificial, donde está escrito en letras muy grandes el nombre del single: Rocket 88. Debajo aparece un modelo en rojo del automóvil Oldsmobile Rocket 88.
Cultura

Rocket 88: 75 años del single que anticipó el sonido del rock and roll

Por Refugio Martínez

Leer artículo: Rocket 88: 75 años del single que anticipó el sonido del rock and roll
Coche con apariencia de futurista sobre una carretera, al parecer, digitalizada.
Economía

El coche del futuro

Por Daniel Alonso Viña

Leer artículo: El coche del futuro
Paco de Lucía
Cultura

Diez años sin Paco de Lucía

Por Pedro Fernández

Leer artículo: Diez años sin Paco de Lucía
Presentación Barómetro.
Economía

El Tercer Sector representa el 1,44 % del PIB

Por Servimedia

Leer artículo: El Tercer Sector representa el 1,44 % del PIB