Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud

La inteligencia artificial que imaginamos y la que usamos

En el debate público sobre inteligencia artificial (IA) y jóvenes conviven narrativas aparentemente contradictorias. Por un lado, la IA se presenta como una tecnología que transformará el futuro en múltiples ámbitos —desde productividad o educación hasta empleo o gestión pública, pasando por medicina o finanzas—. Por otro, proliferan relatos sobre adolescentes que conversan con chatbots como si fueran consejeros, orientadores o incluso psicólogos. Entre la promesa de una revolución pública y la conversación íntima parece abrirse una nueva forma de relación con la inteligencia artificial.

Por Beatriz Martín Padura

05/05/2026
Aula vista desde arriba con estudiantes usando dispositivos digitales conectados por gráficos que representan inteligencia artificial en la educación

Sin embargo, más allá del ruido del debate público, los datos muestran una relación todavía en construcción.

Según la investigación ‘Inserción laboral juvenil: aspiraciones, preocupaciones y desafíos’, elaborada por Fad Juventud y Fundación Pfizer, casi la mitad de las personas jóvenes de entre 15 y 29 años (46,7 %) afirma no haber utilizado nunca una herramienta de inteligencia artificial. Es un dato significativo si se tiene en cuenta el protagonismo que estas tecnologías están adquiriendo en el mercado de trabajo y en muchos discursos sobre el futuro profesional.

Entre quienes sí han probado la IA, el uso más frecuente es el ocio. Un 38,7 % la utiliza para actividades recreativas como videojuegos, generación de imágenes o chatbots. Le siguen los usos educativos (33,8 %) y los laborales (26,8 %).

Aunque el uso de estas herramientas está creciendo rápidamente, su integración en la vida cotidiana sigue siendo limitada. En nuestra investigación, solo un 11,7 % de jóvenes afirmaba utilizar la inteligencia artificial para organizar tareas, planificar o gestionar aspectos de su vida personal.

La investigación también muestra brechas claras en su uso. Los chicos recurren más a la inteligencia artificial para trabajar que las chicas, el uso aumenta con la edad y también con el nivel educativo. En otras palabras, incluso en una tecnología que parece omnipresente, el acceso y la familiaridad siguen distribuyéndose de forma desigual.

Las percepciones sobre su impacto en el empleo reflejan esa misma ambivalencia. Mientras un 28,6 % de jóvenes confía en que los seres humanos seguirán siendo irremplazables en muchas tareas, prácticamente el mismo porcentaje (28,5 %) considera que quienes no se adapten a estas tecnologías podrían quedarse atrás en el mercado laboral.

Por eso, el verdadero desafío no es solo tecnológico. No se trata solo de aprender a utilizar la IA, sino también de aprender a situarla: comprender qué puede aportar, qué límites tiene y en qué ámbitos puede ayudarnos realmente. Porque, incluso en un mundo cada vez más digital, hay aspectos que siguen dependiendo de capacidades profundamente humanas: el criterio, la responsabilidad y el vínculo con otras personas.

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