La percepción de la salud mental de los jóvenes españoles ha mejorado en los últimos dos años, sin todavía alcanzar los niveles de antes de la pandemia
El 65% de jóvenes valora su salud mental como buena o muy buena, el mejor dato desde la pandemia
El 65% de los jóvenes valora su salud mental como buena o muy buena. Son los datos del quinto corte del Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025 de Fundación Mutua Madrileña y Fad Juventud sobre salud mental, presentado este jueves en Madrid.
Por Sonia Gutiérrez Mencía
Los datos, comparados con los del último barómetro realizado hace dos años por la misma entidad, confirman que la percepción de la salud mental ha mejorado; sin embargo, todavía no se ha alcanzado la situación del periodo 2017-2019, en el que el porcentaje era del 86,7%.
“Los jóvenes hoy se preocupan cada vez más por su salud física y adoptan hábitos saludables, lo cual es una buena noticia de cara a la prevención de enfermedades en un futuro”, afirmó Lorenzo Cooklin, director general de la Fundación Mutua Madrileña. No obstante, añadió, “el informe también constata que más de la mitad de los jóvenes manifiesta síntomas de malestar psicológico”
Para Cooklin, estos dos datos nos indican que no debemos bajar la guardia y seguir trabajando en el cuidado de la salud mental, “en especial en la prevención del suicidio y en trabajar sobre los efectos de la soledad no deseada, que es un problema muy frecuente según revela este Barómetro”.
Salud mental juevenil en 2025
El estudio se basa en una encuesta online a 1.511 jóvenes de entre 15 y 29 años de todo el país. Su continuidad bienal desde 2017 permite analizar la evolución del bienestar juvenil durante una década, identificando tendencias, mejoras y retrocesos.
Para Beatriz Martín Padura, directora general de FAD Juventud, “los datos nos muestran a una juventud que empieza a recuperar su bienestar, pero también evidencian que la salud no puede entenderse solo desde lo individual”
“Factores como la soledad, la incertidumbre o las desigualdades siguen afectando profundamente a su equilibrio emocional –reconoce–. Avanzar en salud juvenil implica trabajar también por generar vínculos más sólidos y crear entornos sociales que cuiden”.

En este sentido, Ana San Martín, directora del Centro Reina Sofía de FAD Juventud, apuntó que “una mayoría importante, casi el 65%, declara que su salud es buena o muy buena y apenas un 7% dice que es mala”
Si se hace una lectura transversal, dijo, “vemos que muchos de los indicadores han mejorado, pero no recuperamos los datos previos a la pandemia, en los que casi el 87% de jóvenes adolescentes declaraba su salud como buena o muy buena”.
La preocupación por la salud ocupa un lugar primordial en el imaginario juvenil y esta preocupación ha aumentado respecto a años anteriores. Respecto a la procupación por la imagen externa –es decir, lo que piensan de ti por tu aspecto físico, una pregunta que se relaciona directamente con el mundo digital– los datos han aumentado en 16 puntos, hasta un 36%, “con especial incidencia en las mujeres y en menores de 24 años, que son los más vulnerables, dándole especial importancia al grupo intermedio de entre 20 y 24 años, en este momento vital clave: ya no son adolescentes, tampoco población adulta; estas transiciones son tan complicadas”, añadió San Martín.
Autopercepción de salud mental
Respecto a la parte específica de malestares y salud mental, a la pregunta “¿En los últimos 12 meses has tenido o creído tener alguna vez un problema psicológico, psiquiátrico o de salud mental?”, vemos que los datos de 2025 mejoran respecto a los años posteriores a la pandemia, aunque siguen muy por debajo de 2017. Es decir, agregó San Martín, “hay más de un 43% que declara que nunca ha tenido un problema de este tipo y es un dato superior al anterior, pero no hay que olvidar que más del 54% de adolescentes y jóvenes declara haber sufrido algún malestar, con diferente intensidad y de diferente naturaleza”.
En línea con los malestares y riesgos emocionales, el estudio destaca dos puntos importantes: cansancio y ansiedad. Es llamativo cómo ha aumentado el cansancio y la somnolencia, que pueden ser un signo de alarma relacionado con el abuso de la tecnología, y, por otra parte, el aumento del 15,9% al 17,9% de la ansiedad. Según San Martín, “la ansiedad es el malestar que no ha dejado de crecer desde que recogemos información hace 10 años”.

Autolesiones, ideación y práctica
Por vez primera se han incluido preguntas sobre autolesiones, sobre todo en la adolescencia, ya que según los expertos se ha convertido en una conducta relativamente frecuente. Uno de cada cuatro adolescentes practica de algún modo alguna autolesión, normalmente con carácter leve. El informe destaca que el 50% de los encuestados no ha tenido ideas de autolesión, pero todo el resto sí, y un 21,4% las ha tenido con frecuencia.
Respecto a las prácticas de autolesión, San Martín informa que “más del 63% nunca se ha autolesionado, pero el resto sí y un 16,5% lo ha hecho con frecuencia. Está más representada la franja adolescente. Es una manera de canalizar su malestar y está algo más presente en las mujeres”.
Redes de apoyo y ayudas
La mayoría de los jóvenes habla de sus dificultades emocionales con familiares, amistades o ha buscado ayuda profesional. Sin embargo, más de un 22% no lo ha hecho. Ana San Martín ha explicado que “aquí es donde debemos fijarnos: entender qué está ocurriendo con esta población que no pide ayuda. Entre ellos están más representados los adolescentes de 15 a 19 años”.
Las razones más frecuentes han estado relacionadas con la vergüenza, el miedo a ser juzgados y, en el caso de la ayuda profesional, el coste económico. Además, el estudio ha revelado que casi el 26% ha consumido psicofármacos en el último año, aunque la mayoría lo ha hecho bajo prescripción médica.
Situación de incertidumbre y dificultades socioeconómicas
Otro tema tratado en el barómetro es la influencia de las incertidumbres, las dificultades, las expectativas frustradas y el miedo a quedarse al margen. Todo ello genera mucha inestabilidad emocional, y esto afecta más a los mayores de 24 años. Por otro lado, aumenta la soledad no deseada entre los jóvenes, que se sitúa en un 87,5%.
Para la socióloga María Guerrero, participante en el debate final del acto, “la soledad no es un trastorno: es una señal de alerta, una alarma saludable. Sin embargo, cuando la soledad se vuelve intensa o persistente, puede anticipar la aparición de un trastorno. Sentirse solo es como tener ‘hambre social’: una necesidad básica de conexión con los demás; lo malo es cuando se convierte en una forma de vida”.
Entre las conclusiones que se leen del estudio, un factor muy determinante para interpretar los datos es tener en cuenta las realidades diversas por edad, género y situación económica. San Marín afirma que “a los jóvenes hay que verlos siempre en plural, ya que sus realidades son muy distintas. No es lo mismo una población más o menos vulnerable, no es lo mismo ser chico que chica, no es lo mismo ser adolescente que tener 29 años”. Y concretamente sobre el perfil económico puntualiza: “todos aquellos y aquellas que declaran carencias materiales severas tienen muchísimos peores indicadores: más ideación suicida, más malestares de todo tipo, más soledad”.
El Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025https://www.centroreinasofia.org/publicacion/barometro-juventud-salud-bienestar-2025/ ofrece una mirada a casi una década de evolución del bienestar juvenil. Desde 2017, el estudio permite observar cómo las crisis –económica, sanitaria y social– han dejado huella en la salud, pero también cómo la juventud ha desarrollado nuevas estrategias de adaptación y cuidado.
CEPES y FEACEM celebran la nueva Ley Integral de Economía Social
Por A. G.
Serrat, “el hombre que mantiene la dignidad de la libertad”
Por Rafael Olea
Un servicio diplomático para un nuevo orden mundial
Por Alberto Virella