El 5 de junio la ONU llama a la acción: todavía estamos a tiempo
El Día Mundial del Medio Ambiente recuerda la encrucijada en la que se encuentra la humanidad
El planeta atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia reciente, marcado por el avance del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el deterioro de los ecosistemas. En este contexto, el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada 5 de junio, se consolida como una llamada global a la responsabilidad colectiva. Más allá de la concienciación, la cita de 2026 pone el foco en la urgencia de actuar de forma inmediata para frenar una crisis ambiental cuyos efectos ya forman parte de nuestro día a día.
Por Refugio Martínez
El Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada 5 de junio desde 1973, se ha convertido en la mayor plataforma global para la concienciación ecológica. Como advierte este año Naciones Unidas (ONU), “la Tierra ya nos está hablando. Y lo hace con temperaturas récord, incendios más feroces, tormentas extremas y glaciares que desaparecen frente a nuestros ojos”. La evidencia es clara y los márgenes de actuación se estrechan.
Durante años, la comunidad científica ha insistido en el límite de 1,5 grados de calentamiento global. Sin embargo, hoy la situación es crítica. Según la ONU, “ese umbral está peligrosamente cerca de ser superado. Y cada décima de grado cuenta”. El problema ya no pertenece al futuro, es una amenaza real que “está redefiniendo la vida en todo el planeta”.
Sus efectos no solo impactan en los ecosistemas, también en la salud, la economía y la estabilidad social. Además, las previsiones son contundentes: si no se actúa de forma inmediata, “la exposición a aire contaminado aumentará en un 50% en esta década, mientras que los desechos plásticos que fluyen hacia los ecosistemas acuáticos podrían triplicarse para 2040”, subraya la ONU.
Naciones Unidas aclara que “todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo”
Ante este escenario, Naciones Unidas aclara que “todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo”. Cada acción individual cuenta, por eso esta organización anima a que las personas se sumen a la campaña #PorElClimaYa. Proteger el planeta —recuerdan— no es una opción, sino una condición para preservar nuestra propia vida.
Cuando el planeta duele
La crisis ambiental no solo transforma paisajes y ecosistemas; también deja huella en la mente. A medida que crece la conciencia sobre el deterioro del planeta, emerge una emoción compartida: la ecoansiedad.
A medida que crece la conciencia sobre el deterioro del planeta, emerge una emoción compartida: la ecoansiedad
El psicólogo clínico Juan Cruz González define este fenómeno como una “ansiedad climática”, es decir, “un temor crónico a la destrucción ambiental”. Este miedo no surge de la nada, sino de la acumulación de información, experiencias y percepciones sobre un mundo en crisis.

El experto, y consultor de programas de salud y psicoterapia en la naturaleza desde la metodología de Bioinspiracion/Nature Psycho Training, reconoce que hoy vivimos en un estado emocional marcado por la incertidumbre. “La mayoría de las personas sentimos lo que llamaría ‘miedo y estrés climático’”, apunta Cruz, y este es un malestar que se intensifica en determinados perfiles, como “jóvenes preocupados por su futuro, personas con alta sensibilidad ambiental o profesionales expuestos continuamente a datos científicos sobre el deterioro del planeta”.
De la parálisis a la acción
En cierta manera, lo que sentimos frente al cambio climático no es simplemente angustia individual, sino una señal colectiva de alerta y un reflejo de que comprendemos lo que está en juego. Por eso, el gran reto no es tanto eliminar la ecoansiedad como transformarla. Es decir, pasar de un estado de parálisis o inacción a una dimensión constructiva.
El gran reto no es eliminar la ecoansiedad, sino transformarla… pasar de un estado de parálisis o inacción a una dimensión constructiva
Quizá la pregunta clave no sea cuanto miedo sentimos, sino qué hacemos con él. Como recuerda Naciones Unidas, “la Tierra ya está enviando señales y ahora la respuesta depende de nosotros”. Esa misma emoción puede transformarse en motor de impulso y favorecer el compromiso y la participación colectiva para promover el cambio. Es lo que se conoce como ecoansiedad adaptativa, porque ayuda a adaptarse a la amenaza y a actuar.
En este contexto, la clave está en canalizar ese malestar hacia la acción. Así lo plantea también Naciones Unidas, que insiste en que “necesitamos una acción urgente para abordar estos problemas apremiantes”.
La campaña global de 2026 apunta en esa dirección e invita a los ciudadanos de todo el mundo a dar un paso adelante: “Súmate a la campaña global de ONU Medio Ambiente y actúa #PorElClimaYa”. Desde iniciativas comunitarias hasta cambios en los hábitos cotidianos, cada gesto cuenta.
En la misma línea, desde Greenpeace se insiste en que “la mejor manera de combatir la ecoansiedad es intentar pasar a la acción”. “Primero, ayudando a imaginar mundos viables, a creer en la transición y que es posible un mundo más justo ambientalmente. Después ponerse en movimiento, cada uno en la medida que pueda, en su barrio, en su casa, en su comunidad…”, explican. Frente a la sobrecarga informativa y la sensación de impotencia, actuar —por pequeño que sea el gesto— devuelve el control y reconstruye la esperanza.
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