La misión de la NASA culminará este sábado el primer viaje tripulado al entorno lunar en más de medio siglo
Artemis II: la humanidad vuelve a la Luna
Cuando se cumplen 54 años de que el ser humano pisara por última vez la Luna, la misión Artemis II culmina su viaje con el regreso a la Tierra de sus cuatro astronautas. La nave Orion amerizará de madrugada el sábado, hora española, en el océano Pacífico, cerrando el primer vuelo tripulado al entorno lunar desde la era Apolo y abriendo una nueva etapa en la exploración espacial.
Por Por Rafael Olea | Aday Sánchez | L.idia Rossy | Fotos: NASA
Más de medio siglo después de la última misión Apolo, el viaje de Artemis II culminará con el regreso de sus cuatro astronautas a la Tierra en la madrugada del sábado 11 de abril, hora española, cuando la nave Orion americe en el océano Pacífico frente a la costa de California. El retorno está previsto en torno a las cinco de la mañana (hora peninsular), tras un recorrido de cerca de 700.000 kilómetros y un vuelo tripulado de unos diez días alrededor de la Luna.
A diferencia de las misiones Apolo, Artemis II no contempla un alunizaje. Su objetivo es poner a prueba en condiciones reales los sistemas de la nave Orion —soporte vital, comunicaciones y protección térmica— en un viaje de ida y vuelta alrededor de la Luna, siguiendo una trayectoria de retorno libre que garantiza el regreso seguro a la Tierra tras el sobrevuelo del satélite.
El amerizaje pondrá el broche final a una misión clave dentro del programa Artemis, concebido como el paso previo al retorno humano a la superficie lunar en los próximos años. Si Apolo 17 fue el punto final de una era, Artemis II simboliza el comienzo de otra: una exploración más sostenida, internacional y orientada a preparar futuras misiones a la Luna —y, más adelante, a Marte—.
La humanidad lleva 54 años sin pisar la Luna
Hace medio siglo, la humanidad dejó su última huella en la superficie lunar. El 19 de diciembre de 1972, tras una misión de doce días, los astronautas Eugene Cernan, Ronald Evans y Harrison Schmitt regresaron a la Tierra con muestras recogidas en la región de Taurus-Littrow, en el borde sudeste del Mar de la Serenidad.
Actualmente, los nuevos proyectos lunares no solo buscan volver a pisar nuestro satélite: quieren abrir la puerta a una era en la que la cooperación internacional, la diversidad y la innovación transformen la forma en que exploramos el espacio y soñamos con llegar más lejos.
La misión Apolo 17 de la NASA fue la culminación de un programa lunar que había comenzado con el histórico “pequeño paso” de Neil Armstrong en 1969, cuando se convirtió en el primer humano que pisaba nuestro satélite y pronunciaba su inolvidable frase: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Esta última misión lunar se desarrolló entre el 7 y el 19 de diciembre de 1972. Cernan y Schmitt realizaron tres actividades extravehiculares en la superficie lunar, mientras Evans permaneció en órbita lunar. Todos regresaron sanos y salvos a la Tierra.

El comandante de la misión Apolo 17, Gene Cernan, fue último hombre en caminar sobre la Luna y dejó un gesto muy personal antes de abandonar el satélite: trazó con su dedo las iniciales de su hija en el polvo lunar. Este acto se considera una de las expresiones más emotivas de la misión. Fue un gesto que refleja que, incluso en un entorno tan inhóspito y fuera de nuestro planeta, los vínculos humanos siguen presentes.
En total, fueron doce los astronautas estadounidenses que caminaron sobre la superficie lunar entre 1969 y 1972 durante las misiones Apolo. Tras aquellos paseos, la Luna perdió prioridad en la carrera espacial, que se centró en estaciones orbitales y satélites. De hecho, desde que el ser humano dejó la superficie lunar hace 50 años, esta solo ha sido visitada por sondas y rovers, sin que ninguna persona volviera a pisarla.
Por qué la Luna sigue siendo clave
El interés de las agencias espaciales ha vuelto a colocar a la Luna como un punto estratégico para la exploración espacial. Su proximidad la convierte en un laboratorio natural para estudiar la formación del sistema solar, probar tecnologías y preparar futuras misiones a Marte.
Un dato importante fue la confirmación de hielo en las zonas polares de la Luna no expuestas al sol. Esto abre la puerta a conseguir agua para abastecerse, cultivar plantas y separar sus átomos para producir oxígeno respirable e hidrógeno como combustible. Para los astrofísicos, la Luna es también un lugar ideal para instalar telescopios que, sin la interferencia de la atmósfera terrestre, podrían observar el universo con una nitidez sin precedentes.
El futuro: Artemis y más allá
Inclusión en la nueva era espacial
Una novedad de los actuales programas espaciales es que entre los astronautas seleccionados para estas misiones figura el primero con discapacidad, un hito que refleja el compromiso por una exploración más inclusiva. Se trata de John McFall, que recibió la aprobación de la comisión médica de la ESA para viajar a órbita como astronauta de reserva, tras superar un minucioso estudio de viabilidad que confirma que no existen impedimentos técnicos o médicos para que participe en una misión de larga duración en la Estación Espacial Internacional (ISS). Este logro marca un avance significativo en la inclusión de personas con discapacidad en la exploración espacial.
McFall mostró su entusiasmo al completar el estudio y destacó que este logro no solo representa un avance personal, sino también un cambio cultural en la percepción de las personas con discapacidad.
"Es un honor increíble ser parte de este programa pionero. Espero que mi participación inspire a otros a perseguir sus sueños, sin importar las barreras que enfrenten”, afirmó el astronauta.
El director de Exploración Humana y Robótica de la ESA, Daniel Neuenschwander, subrayó que, con este paso hacia la inclusión, la agencia está “escribiendo la historia”. Además, explicó que McFall “ha sido certificado como astronauta que puede volar en una misión de larga duración en la ISS”, lo que representa “un paso increíble hacia adelante en nuestra ambición de ampliar el acceso de la sociedad al espacio”.
Ciencia sin límites
La inclusión no se limita a los astronautas, pues también alcanza a los científicos. Un ejemplo es Rubén Domínguez, un matemático ciego que trabaja como programador en el proyecto Galileo de la ESA, guiando satélites europeos.
Domínguez demuestra que las barreras no están en la discapacidad, sino en la falta de oportunidades. “Tengo la posibilidad de leer lo que el ordenador tiene a través de voz y braille. Así como mis compañeros ven la pantalla, yo lo leo o lo escucho”, explicó a Perfiles.
“Las limitaciones no las da la discapacidad, sino que todos las tenemos. Algunas se ven y otras no”, insiste. En un entorno donde las capacidades técnicas son el único requisito imprescindible, Rubén se mueve con soltura. Mientras los satélites siguen enviando señales para que millones de personas lleguen a su destino, él continúa escribiendo líneas de código, demostrando que la verdadera visión nace del conocimiento.
Estos casos evidencian un futuro donde la diversidad será parte esencial de la innovación.
Volver a la Luna
Si los planes se cumplen, el próximo alunizaje humano podría tener lugar en la próxima década. Será un momento histórico, no solo por el regreso, sino por lo que simboliza: cooperación global, avances científicos y la apertura de un nuevo capítulo en la relación entre la humanidad y el cosmos.
A diferencia de la “carrera espacial” de los 60 (EE. UU. versus URSS), la nueva exploración lunar se caracteriza por la cooperación internacional y la participación comercial, con empresas fabricantes de artefactos espaciales, así como por un énfasis en permanencia. Esta vez, la Luna podría no ser solo un destino, sino el punto de partida hacia Marte y más allá, en un viaje más inclusivo en el que no se deje a nadie atrás.
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