Mundial de 2026

La segunda estrella nació del trabajo en equipo

España volvió a lo más alto del fútbol internacional con un modelo que desafía las tendencias del deporte moderno. Nada de dependencias, nada de estrellas aisladas, un equipo que funciona como un engranaje preciso, donde el talento individual se pone al servicio del conjunto. La selección de Luis de la Fuente ha demostrado que la unión, la disciplina y la confianza compartida pueden llevar a un grupo a superar sus límites y conquistar el segundo Mundial para España, tras el éxito de Sudáfrica.

Por Pedro Fernández

21/07/2026
La selección española.

Más allá de los goles y los títulos, la selección española dirigida por Luis de la Fuente se ha consolidado como un ejemplo contemporáneo de trabajo en equipo. En un fútbol cada vez más marcado por la velocidad, la presión mediática y la individualidad, el seleccionador ha construido un grupo reconocible por su cohesión y por una identidad basada en valores: solidaridad, humildad, esfuerzo y confianza mutua.

Su convicción es sencilla: “no hay nadie más potente que todos juntos”. Esa filosofía, que el seleccionador resume también en otra de sus ideas recurrentes —“el equipo está siempre por encima de cualquier individualidad”— ha sido determinante para llevar a España de nuevo a lo más alto del fútbol internacional, culminando en el triunfo mundialista.

Un modelo que se proyecta más allá del deporte como una lección aplicable a cualquier organización, comunidad o proyecto colectivo, porque, como ha insistido De la Fuente durante los últimos meses, “cuando todos remamos en la misma dirección, somos imparables”.

Un equipo que se reconoce en su identidad

La España campeona del mundo no solo ha ganado partidos: ha ganado una manera de competir. Ha demostrado que el talento individual, por brillante que sea, con jugadores de clase mundial como Pedri, Rodri o Lamine Yamal, entre muchos otros, solo alcanza su máxima expresión cuando se integra en un engranaje común. Durante el torneo, el equipo se distinguió por una identidad reconocible: un fútbol ordenado, solidario y sostenido en la responsabilidad colectiva, capaz de imponer su estilo tanto en los momentos de dominio como en los escenarios de máxima exigencia.

El grupo se sostuvo en una idea clara: todos suman, todos importan. Desde los titulares indiscutibles hasta los jugadores que participaron menos, el mensaje fue el mismo: cada rol es esencial. Y esa filosofía se vio reflejada de manera ejemplar en la propia final del Mundial: el gol decisivo de Ferran Torres —un suplente— nació de una recuperación de Zubimendi, que disputaba sus primeros minutos en un Mundial, y nada menos que en la final, y llegó tras un pase preciso de Nico Williams, otro jugador cuya participación en el torneo había sido limitada. Tres futbolistas sin protagonismo constante, pero absolutamente determinantes en el momento clave, que sintetiza el espíritu de esta selección.

Diferencia con otras favoritas

Este modelo español destaca aún más cuando se observa en contraste con otras selecciones históricas cuyo rendimiento ha dependido en exceso del brillo de una figura individual. Durante años, la Argentina de Messi vivió condicionada por la inspiración del astro, y la Brasil de Vinicius, pese a su talento extraordinario, ha mostrado una dependencia evidente de la creatividad del jugador del Real Madrid, lo que ha generado altibajos cuando los rivales han logrado limitar su influencia.

Incluso la poderosa Francia de Mbappé, Olise y Dembélé ha sufrido desequilibrios cuando la propia España consiguió neutralizar a sus estrellas, evidenciando que el talento aislado no siempre basta para sostener un proyecto.

Frente a estos modelos, España construyó un equipo donde ningún jugador era imprescindible y todos eran importantes, una estructura coral que explica la solidez, la continuidad y la naturalidad con la que llegó el éxito.

El arquitecto de la segunda estrella

Luis de la Fuente (Haro, La Rioja, 1961) ha consolidado una forma de entender la selección que combina continuidad, formación y una gestión humana marcada por la cercanía y la coherencia.

Exjugador del Athletic Club y con una larga trayectoria en los banquillos de la Federación, ha acompañado el crecimiento de varias generaciones de futbolistas que hoy forman el núcleo de la selección absoluta.

A lo largo de su carrera en las categorías inferiores, De la Fuente consolidó un método que combina la preparación táctica con la formación integral del jugador, una filosofía que ha trasladado sin estridencias a la absoluta. Bajo su dirección, España conquistó la UEFA Nations League, la Eurocopa y el Mundial, tres títulos que no solo certifican un ciclo ganador, sino que evidencian la solidez de un modelo basado en la continuidad y la confianza.

El poder de la unión

El triunfo de España es, en realidad, una historia sobre personas que trabajan juntas. Sobre cómo un grupo puede superar sus límites cuando comparte un propósito común; y sobre cómo la confianza, la comunicación y la cooperación pueden transformar un desafío en una oportunidad y convertir un equipo en algo más que la suma de sus partes. La segunda estrella no es solo un éxito deportivo, es la demostración de que la cohesión, cuando es auténtica, se convierte en una ventaja competitiva.

Esa es la lección que trasciende el deporte, la idea de que la cooperación, la inclusión y el compromiso compartido no son conceptos abstractos, sino herramientas reales para construir proyectos sólidos. España ganó porque creyó en la fuerza del grupo. Y esa convicción, aplicada a cualquier ámbito, tiene la capacidad de transformar la manera en que trabajamos, convivimos y afrontamos los retos colectivos.

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