Copa Campeones

Más que baloncesto: cuando competir es incluir

La inclusión cobra sentido cuando empieza a vivirse en espacios reales. La Copa Campeones, impulsada por la ACB y la Fundación acb, lleva esa idea a la cancha con equipos formados por personas con discapacidad intelectual vinculados a los clubes de la Liga Endesa. No es una actividad paralela ni pasajera. Es una competición con partidos, viajes, nervios, familias en la grada y jugadores que sienten que, por fin, ese lugar también es suyo.

Por Nat Carrasco | Fotografías: ACB - Miguel Ángel Polo - David Grau

18/08/2026
Jugadores de baloncesto con discapacidad intelectual celebran una victoria en la pista durante la Copa Campeones

Durante años, muchos clubes de baloncesto han hecho un trabajo silencioso y constante hacia la verdadera inclusión. Había entrenamientos, técnicos implicados… y jugadores que sentían el escudo de su equipo como algo propio. Pero faltaba dar un paso más: reunir todo eso bajo una misma estructura y darle la visibilidad que merecía. Ricardo de Diego, director de Marca de la ACB, lo cuenta a Perfiles de forma clara: “dejamos de hablar de la Copa Campeones como una posibilidad y empezamos a verla como una responsabilidad”. “No se trataba de inventar una realidad que no existía, sino de poner en valor algo que ya estaba ocurriendo y darle el lugar que merecía dentro de nuestro ecosistema”, añade.

Ahí comenzó realmente la historia de la Copa Campeones. Según explica el propio Ricardo de Diego, la ACB entendió que el baloncesto profesional podía aportar “estructura, calendario, sedes, comunicación y, sobre todo, reconocimiento”. Y precisamente esta última palabra alude a hacer visible a quien muchas veces ha tenido que conformarse con un lugar secundario. “Si el baloncesto profesional tiene capacidad para emocionar, convocar y generar comunidad, también tiene la obligación de abrir espacios para que más personas puedan sentirse parte de él”, asegura de Diego.

La Copa Campeones parte de una premisa sencilla, aunque no siempre habitual en el deporte: aquí competir importa, pero no lo explica todo. Hay partidos de verdad, tensión, errores y aciertos, defensas… Y ganas de hacerlo bien. Por eso, nadie rebaja nada. “No hay que bajar la exigencia para ser inclusivos”, sostiene Ricardo de Diego. “Ellos quieren competir, mejorar, representar bien a su club y vivir la experiencia con intensidad”, agrega. Por eso, cuando habla del torneo, insiste en que “el resultado no es lo único que genera emoción en el deporte”. También cuentan “el esfuerzo, los nervios antes de jugar, la alegría de una canasta, el abrazo con un compañero, la familia animando desde la grada…”.

Una jugadora de la Copa Campeones conduce la pelota hacia la canasta

Eso es algo que exponen quienes lo han vivido desde dentro. Xavi Herraiz, entrenador del Casademont Zaragoza, pone el foco en la palabra competición y sostiene que “participar en este evento ha sido una oportunidad única. Hemos podido disfrutar de una competición. El hecho de sentir que puedes ganar o perder es lo importante en este evento”. Desde el banquillo, asegura, el ambiente le impactó casi tanto como a los jugadores: “Poder jugar en un campo ACB, con el público animando, con bombos, música, un speaker profesional… ha sido muy impactante para todos ellos”. También vio algo parecido Júlia Juvanteny, entrenadora del Fundació Bàsquet Girona; en este caso, en un equipo que acababa de nacer. “Son personas muy competitivas. Les gusta ganar, pero también saben perder”, cuenta. “Se conocieron en marzo y aun así se animaban constantemente. Disfrutaban tanto en la cancha como en el banquillo. Les gusta jugar, pero también estar fuera animando. Y eso es muy bonito”, añade. Lo que empezó siendo un grupo improvisado terminó por convertirse en algo más sólido: “Estoy muy orgullosa de la piña que hemos creado, de la familia que somos y del respeto que hay entre todos”.

Un lugar propio

En el fondo, gran parte de lo que ocurre en la Copa Campeones empieza en un gesto humilde: ponerse una camiseta. No parece gran cosa desde fuera, pero dentro tiene un peso enorme. Domingo Ortega Hernández, jugador del CB Gran Canaria Proyecto Suma, asegura que “es un orgullo representar a mi equipo del Gran Canaria y a mi isla”. De forma similar se expresa su compañero Ebani, quien afirma que “ha sido un orgullo enorme representar al Proyecto Suma y saber que era un paso gigante para nosotros”. Y Raúl Padrón, también del conjunto canario, eleva la experiencia a “un sueño hecho realidad”.

“No se trata de ganar a costa de otro, sino de que todos salgan de la cancha con la sensación de haber vivido algo importante”

Cuando Ricardo de Diego habla de ese momento, insiste en que para ellos no es una prenda cualquiera. “Cuando ves a los jugadores de la Copa Campeones ponerse esa camiseta, entiendes que para ellos no es una camiseta cualquiera. Representa orgullo, ilusión y sentirse parte de algo más grande”, afirma. Para la ACB, además, el hecho de que estén implicados los 18 clubes no es solo una cuestión organizativa. “Es lo que convierte a la Copa Campeones en una competición realmente ACB”, explica. Y remarca que “esta competición no está en los márgenes. No es una actividad paralela o menor. Forma parte de nuestra casa”.

En Gran Canaria, esa sensación de pertenencia se mezcla con la convivencia y con el descubrimiento de un entorno nuevo. Domingo Ortega Hernández se queda con “el viaje, los partidos, jugar con otros equipos de España y el compañerismo”. Y Ebani, por su parte, recuerda “el ambiente que demostramos y vivimos junto a los otros compañeros”. “Es una experiencia que no se olvida. Vives el baloncesto de otra forma y te sientes parte de tu club. Merece la pena por todo lo que aprendes dentro y fuera de la pista, resume.

Dos jugadores de la Copa Campeones se abrazan y celebran tras la disputa de un partido

En Zaragoza, Gari se queda con “la canasta”, con la propia competición, con ese momento de estar dentro de una experiencia que siente “inolvidable”. Su padre, Fernando, lo recuerda desde la grada con una mezcla de orgullo y emoción: “Verlos a todos con la equipación, jugando en igualdad de condiciones, ha sido muy bonito”. No habla solo del partido. Lo hace también de los días compartidos, del viaje, de dormir y comer con el equipo, de salir juntos. “No es solo la competitividad. Es un conjunto de experiencias”, afirma.

También en la grada

Si sobre la pista se juega un partido, en la grada sucede algo que va mucho más allá del deporte. Las familias no solo acompañan; muchas veces sienten que se abre una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada. Los padres de Domingo Ortega Hernández, Domingo Ortega y Rosa Delia Hernández, hablan de todo lo que supone para su hijo salir de la isla, romper la rutina y vivir una experiencia como la Copa Campeones. “Es necesario que existan proyectos como este que ayudan a darle un sentido a la vida de nuestros hijos”, explican.

Vanessa, madre de Ebani, habla de sus sensaciones y emociones al ver a su hijo sobre la cancha. “Verlo en la Copa Campeones, en una competición de ese nivel, y saber lo que han trabajado para llegar hasta ahí me llena de orgullo”, asegura. Después de todo ese proceso, nota a su hijo “más comprometido”, más centrado en los entrenamientos y en el equipo. También desde Gran Canaria, Ruth Santana, familiar de Texeida Herrera Santana, lo define como “algo irreal” y señala que “cuesta mucho no emocionarse viendo dónde y qué hacen nuestros hijos”. Y añade que lo más valioso es que puedan formar parte de “la normalidad”. También Lourdes, madre de Raúl Padrón, destaca esa idea de igualdad y de reconocimiento. Para ella, ver a su hijo compitiendo significa “sentirse uno más, con las mismas oportunidades”.

La Copa Campeones cambia cosas que para muchos parecen pequeñas, pero que, en realidad, no lo son tanto: más autonomía, más seguridad, más ganas de seguir. Fernando, el padre de Gari, habla de una mejora física evidente, de lo mucho que entrenó su hijo para llegar a la competición y de cómo esa experiencia le dejó con ganas de seguir vinculado al baloncesto. Y Vanessa cuenta que Ebani “ha crecido como jugador, pero también como persona”.

“Es necesario que existan proyectos como este que ayudan a darle un sentido a la vida de nuestros hijos”

Ese aspecto humano está muy presente también en la forma en la que la ACB ha moldeado esta competición. Ricardo de Diego admite que era una de las cuestiones más delicadas e importantes. “La Copa Campeones había que contarla bien”, dice. Y contarla bien, en su opinión, significa evitar la compasión y el paternalismo. “Los jugadores de la Copa Campeones no necesitan que exageremos su historia, sino que la contemos con respeto y con naturalidad”, señala. Son deportistas que entrenan, que se enfadan si fallan, que celebran una canasta y que quieren jugar bien. “La mejor manera de evitar el paternalismo es tratar la competición como lo que es: una competición ACB protagonizada por jugadores y jugadoras que merecen reconocimiento, no compasión”.

Un jugador de la Copa Campeones salta y tira a canasta

Romper prejuicios

La sensación de que esta competición ha ido más allá de una simple acción social resulta evidente. Ricardo de Diego reconoce que la ACB ha aprendido mucho más de lo que esperaba. “La inclusión se entiende mucho mejor cuando la ves en una cancha”, afirma. “Cuando ves a los jugadores nerviosos antes de salir, a las familias emocionadas en la grada, a los clubes volcados y a los equipos celebrando cada momento, todo deja de ser una teoría”, añade. Ese aprendizaje, señala, también les ha obligado a mirar el deporte de otra manera: “No se trata de hacer una actividad para ellos, sino de construir una competición con ellos, escuchándoles y dándoles el lugar que merecen”.

En esa misma línea, desde Girona, Júlia Juvanteny apunta a un impacto que va más allá de los propios equipos: “Creo que va a tener un impacto importante, sobre todo para romper prejuicios y que la gente vea todo lo que se hace”.

En los jugadores que han tomado parte en la Copa Campeones, ese impacto ha sido notable. Gari, en concreto, se queda con “amigos y experiencia”. Raúl Padrón dice que la Copa le ha demostrado que “los sueños se pueden hacer realidad, aunque tengas discapacidad”. Texeida Herrera Santana, por su parte, lo expresa de la forma más sincera y cierta: “Podemos hacerlo: jugamos y somos felices”. Y Ebani defiende una idea tan sencilla como sensata y que resume la convivencia durante la competición: “Por encima de todo hay que ser compañeros. Y ayudarse en la pista y fuera de ella”.

A partir de esta primera temporada de la Copa Campeones, el objetivo que mantiene la ACB es el de crecer sin olvidar lo importante. Como asegura Ricardo de Diego, “el reto es crecer sin perder lo que la ha hecho especial”. En este sentido, el responsable de Marca de la ACB se refiere a mejorar la accesibilidad, cuidar mejor la experiencia de jugadores y familias, medir mejor el impacto de lo que ocurre. Pero también admite que “no se trata de ganar a costa de otro, sino de que todos salgan de la cancha con la sensación de haber vivido algo importante” y que “la segunda edición tiene que ser un paso adelante. Pero no se trata solo de hacerla más grande, sino también de hacerla mejor”. Porque, en el fondo, la Copa Campeones ha demostrado ya algo que no necesita demasiadas explicaciones: “Cuando el deporte profesional abre espacios de verdad, gana todo el mundo”.

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