El Braille cumple 200 años

Leer con los ojos, leer con los dedos

Hace dos siglos, un joven francés cambió para siempre la forma en que millones de personas acceden al conocimiento. En 1825, Louis Braille creó un sistema táctil que convirtió el tacto en lectura y la lectura en autonomía. Hoy, es una herramienta universal para leer y escribir en cualquier idioma, utilizada por más de 285 millones de personas en todo el mundo.

Por Javier Carrascosa

28/11/2025
Teclado braille

El sistema de lectoescritura braille, creado en 1825, marcó un antes y un después en la historia de la lectoescritura para personas ciegas. Sin embargo, hasta llegar a él hubo varios intentos previos de crear un sistema que permitiese la lectura a través del tacto.

El primer antecedente documentado se remonta a 1670, cuando el físico italiano Francisco Lana Terzi ideó un método basado en un paralelogramo en el cual se distribuían las diferentes letras del alfabeto. Para escribir, era necesario memorizar el diagrama y trazar la casilla correspondiente, colocando uno, dos o tres puntos según la posición de la letra. Era un sistema complejo que exigía gran esfuerzo de memoria.

En el siglo XVIII, Valentín Haüy (1745-1822) dio un paso decisivo al imprimir letras latinas en relieve, permitiendo a las personas ciegas leer mediante el tacto.

En 1808, el militar francés Nicolas-Marie Charles Barbier (1767-1841) ideó un sistema de escritura fonográfica basado en una tabla de 36 signos, cada uno formado por combinaciones de hasta doce puntos en relieve, donde cada símbolo representaba un sonido del habla. Aunque se trataba de una propuesta innovadora, pensada originalmente para la comunicación cifrada en el ejército, su elevado grado de complejidad impidió que se consolidara como método práctico.

Braille: dos siglos de inclusión y acceso a información

Este sistema castrense se convirtió en la inspiración que llevó a Louis Braille a crear su alfabeto táctil universal, herramienta que utilizan más de 285 millones de personas ciegas en todo el mundo para leer, escribir y acceder a la información.

Primeros instrumentos

Cuando Louis Braille ideó su sistema en 1824 y lo presentó en 1825, lo hizo con una idea tan simple como revolucionaria: permitir que las personas ciegas pudieran leer y escribir de forma autónoma.

Su propuesta se basaba en una matriz de seis puntos en relieve, conocida como signo generador braille. Esta se estructura en dos columnas de tres puntos cada una (en la izquierda 1, 2 y 3; y en la derecha 4, 5 y 6), lo que permite obtener hasta 64 combinaciones capaces de representar letras, números, signos de puntuación y símbolos científicos. Así nació un alfabeto táctil que se convirtió en un medio de comunicación universal.

Las primeras herramientas para escribir en braille eran rudimentarias. Las pautas iniciales se fabricaban con materiales sencillos: una plancha y un marco de madera para dieciocho renglones, con rejillas de bronce que contenían tres renglones de veinticinco cajetines cada uno. Más tarde, se introdujeron modelos más resistentes, fabricados de plomo con surcos y marcos de madera. Con el tiempo, los materiales se aligeraron. Surgieron regletas de aluminio y plástico, más manejables y funcionales, con planchas grabadas con el signo generador braille y rejillas adaptadas para facilitar la escritura. “Los materiales con los que están hechos los aparatos son más ligeros y esto nos hace la vida más fácil”, afirma la directora del Servicio Bibliográfico de la ONCE, Carmen Bayarri.

Era digital

Desde aquel punzón que marcaba puntos en papel, la tecnología ha dado un salto enorme. Hoy, en 2025, las personas ciegas disponen de lectores de pantalla, dispositivos móviles accesibles y aplicaciones que complementan el braille con códigos QR y contenidos digitales. Esta evolución no solo ha modernizado la escritura, sino que ha ampliado las posibilidades de acceso a la información.

“El braille no es un idioma, sino un alfabeto. Con sus signos se puede escribir en la mayoría de las lenguas”, precisa Bayarri. De hecho, cada letra en este sistema se escribe igual en cualquier idioma, lo que lo convierte en una poderosa herramienta universal para la comunicación y la inclusión.

Reconocimiento

Brasil fue el primer país en adoptar oficialmente el braille en 1854; Estados Unidos, el último, en 1917. En España se introdujo en 1840, pero no fue declarado método oficial hasta 1918. En 2019, Naciones Unidas proclamó cada 4 de enero como Día Mundial del Braille, al ser la fecha del nacimiento de su creador. Según el último Informe Mundial sobre la Visión de la OMS, al menos 2.200 millones de personas padecen ceguera o discapacidad visual. En España, hay 71.000 personas con menos del 10% de visión normal y unas 3.600 con sordoceguera.

“El Braille no es un idioma, sino un alfabeto universal que conecta culturas y rompe barreras”

Real Academia

En España existen 40 clubes de lectura en braille, impulsados por la ONCE, donde se celebran tertulias literarias, análisis de productos etiquetados, concursos y jornadas abiertas para difundir este sistema de lectoescritura. Son espacios que reivindican su práctica y presencia en la vida cotidiana.

Pero, detrás de estas actividades, hay una demanda: que la Real Academia Española reconozca que leer no es solo pasar la vista por las palabras. Actualmente, el diccionario define leer como “pasar la vista por lo escrito o impreso, comprendiendo la significación de los caracteres empleados”. No existe una entrada específica para la lectura táctil, pese a que millones de personas ciegas llevan dos siglos leyendo con las manos.

Por ello, la ONCE aboga para que la RAE amplíe la definición actual de “lectura” en el Diccionario, de modo que se garantice la inclusión y accesibilidad, reconociendo que leer es mucho más que ver palabras impresas: es comprender, interpretar y disfrutar de información, independientemente del medio o el sentido utilizado.

En este sentido, la periodista y escritora Nahir Gutiérrez, del Grupo Planeta, coincide que “leer con las manos no es diferente a leer con los ojos: ambas son puertas a la imaginación, al aprendizaje y a la libertad. La lectura puede adoptar muchas formas, y todas son igualmente valiosas”.

María Teresa Rodríguez Peco, presidenta del Consejo Territorial de la ONCE, añade una reflexión contundente: “Llevamos 200 años leyendo con el tacto. La RAE debería reconocerlo. Para nosotros, la lectura es la forma de acceder a la información, sea por audio o por el tacto”. Y puntualiza que “el sistema de lectoescritura por definición de las personas ciegas es el braille”.

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