Una Navidad de esponjosidad y leyendas
¿Por qué el panettone se ha convertido en un rey de la Navidad?
Este dulce es un pan alto, de masa esponjosa, con levadura, pasas y frutas confinadas, coronado a veces por una ligera costra que encierra una miga húmeda y perfumada. Detrás de esa característica forma, de los ingredientes o de su técnica, hay siglos de costumbre, relatos que circularon primero en la boca de la gente y luego en los escritos y pequeños retazos de vida que giran alrededor de este rollizo bollo.
Por Refugio Martínez / Fotografía: Blackieshoot
Historias de abuelas que guardaban un pan en el armario para que no lo comieran los niños hasta la mañana de Navidad; relatos de empresas que regalaron panettone a empleados como gesto de gratitud; anécdotas de viajeros que, al llegar a una estación en diciembre, reconocieron el aroma inconfundible y supieron que habían llegado a casa.
Este componente humano también alimenta la leyenda de su origen, donde cada familia parece tener su propia versión de la historia de cómo la receta llegó a su mesa. En esos relatos familiares se mezclan nombres de tías y ciudades, medias verdades y recuerdos que hoy, forman parte del patrimonio inmaterial del panettone.
Entre historia y leyenda
Su origen es un mosaico hecho de fechas, nombres y fábulas entrañables, pero en lo que coinciden todos los relatos es que el panettone nació en Milán, en la Lombardía del norte italiano.
Cuenta la primera de las historias, la más popular y pintoresca, que todo ocurrió en la corte del duque Ludovico il Moro, en el siglo XV. Era una Nochebuena espléndida: la mesa regia estaba cubierta de manjares, viandas y postres que solo la nobleza podía permitirse. Pero la fortuna es caprichosa y, entre el bullicio de criados y el humo de las chimeneas, el postre principal se quemó.
El desastre se presentó en la sala como una mancha negra sobre el orgullo del banquete. Fue entonces cuando apareció Toni, un joven aprendiz de cocina —o, en algunas versiones—, un simple panadero con más ingenio que recursos.

Aprovechó el joven el desconcierto que reinaba en la cocina para recoger lo que había quedado: harina, huevos, mantequilla y algo de fruta confitada. A partir de ese modestísimo botín, improvisó una masa ligera y dulce, la horneó y la presentó con humildad como su ‘pan de fiesta’.
El duque probó la masa y, sorprendido por su buen sabor y esponjosa textura, pidió más. ‘Pane di Toni’, decían algunos entre risas y asombro y la palabra en la corte fue recorriendo salas y calles. Con el tiempo, el nombre se redondeó en la lengua italiana hasta convertirse en el cariñoso y solemne panettone.
Pane di Toni’, decían algunos entre risas y asombro y la palabra en la corte fue recorriendo salas y calles. Con el tiempo, el nombre se redondeó en la lengua italiana hasta convertirse en el cariñoso y solemne panettone.
Otra leyenda, de aire más romántico, nos sitúa en la misma ciudad, pero en un horno de barrio. Un joven noble —en algunos relatos identificado con Ughetto degli Atellani— se enamoró de la hija de un panadero.
Con deseos de conquistar a la chica, el noble se disfrazó de aprendiz y empezó a trabajar en el obrador. Allí experimentó, mezcló levaduras y mantecas y al final presentó un pan dulce inusitadamente ligero que hizo sonreír a la joven y que ganó el favor del padre.
Si hay una lectura simbólica en ambas historias es la idea de que de la necesidad —ya fuera amorosa o culinaria— surgió la invención. La historia legendaria del ‘pan de Toni’ —sea verídica o no en sus detalles— es una hermosa metáfora: la Navidad convierte lo cotidiano en sagrado, el error en oportunidad y la limitación en creatividad. Con el paso del tiempo, aquel pan improvisado se perfeccionó, se enseñó y se repitió hasta convertirse en rito
La historia legendaria del ‘pan de Toni’ es una hermosa metáfora: la Navidad convierte lo cotidiano en sagrado, el error en oportunidad y la limitación en creatividad.
Lenta confirmación histórica
Las leyendas son hermosas, pero la historia necesita pruebas. En 1599, según registros de ciertas instituciones, ya se encargaban panes con ingredientes más ricos para las comidas de Navidad, lo que sugiere que la práctica de elaborar panes dulces en estas fechas se originó mucho antes de que llegara la modernidad industrial.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX el panettone se consolidó en la memoria urbana de Milán. Herederos de las recetas caseras y de las variantes rurales, los obradores milaneses empezaron a estandarizar una idea: un pan enriquecido, con mantequilla y huevos, que por su tamaño y lujo quedaba fuera del consumo diario y se guardaba para momentos festivos.
El panettone moderno
No fue hasta finales del siglo XIX y, sobre todo, en el XX cuando el panettone adqurió el volumen y la forma con que lo reconocemos hoy. En este periodo aparecen las figuras de los reposteros y los empresarios que industrializan y embellecen el producto.
Su forma característica —un cuerpo alto y abovedado— no es solo estética, también nació de la técnica. Para lograr que el pan creciera verticalmente y mantuviera su altura, los panaderos inventaron sistemas para sujetarlo durante el horneado: la faja de papel que rodea los panettones y que hoy nos resulta tan familiar.
Poco a poco, la producción en serie permitió que el panettone saliera de Milán y conquistara Italia entera, llegando después a Europa y América. Nacido en las cocinas de Milán —entre leyendas, improvisaciones y celebraciones navideñas—, ha logrado trascender fronteras y convertirse en símbolo universal de la Navidad.
No obstante, no se puede olvidar que en otros lugares del mundo hay muchos más dulces, mazapanes, turrones, roscones, polvorones, las galletas de jengibre o el Christmas pudding, que son una muestra de la diversidad de la repostería europea, donde cada región, cada historia, cada tradición aporta su granito de azúcar.
Receta sencilla de panettone
Y para terminar vamos a ofrecer una receta para que sorprendas estas navidades con un magnífico postre casero que encantará a todos los comensales.
Ingredientes (para un panettone casero de unos 750-1000 g
- 250 g de harina de fuerza
- 100 g de mantequilla a temperatura ambiente
- 50 g de azúcar
- 2 huevos
- 100 ml de leche tibia
- 50 g de pasas
- 50-70 g de fruta confitada (naranja, cidra, limón)
- 5 g de levadura de panadero (fresca o seca)
- Una pizca de sal
- Opcional: ralladura de naranja o limón para más aroma
Procedimiento
1. Disuelve la levadura en la leche tibia, añade una cucharadita de azúcar y deja reposar unos minutos hasta que empiece a hacer burbujas.
2. En un bol grande, mezcla la harina con el resto del azúcar, la pizca de sal y la mantequilla. Añade los huevos, la leche con levadura, y amasa hasta obtener una masa homogénea.
3. Incorpora las pasas y la fruta confitada, y amasa de nuevo hasta que queden bien distribuidas.
4. Deja levar la masa en un lugar cálido hasta que doble su volumen (puede tardar 1-2 horas, dependiendo de la temperatura).
5. Coloca el contenido en un molde alto tipo “panettone”. Deja levar de nuevo hasta que la masa casi llegue al borde.
6. Hornea a 170 °C durante 40-50 minutos (controla la superficie: si se dora demasiado, cúbrela con papel de aluminio).
7. Deja enfriar completamente antes de abrir —así conservará su textura esponjosa y la humedad.
Ese panettone casero no tendrá exactamente la textura ligera de los industriales, ni la fermentación tan larga de los artesanos tradicionales, pero sí será un delicioso dulce navideño lleno de sabor y aroma.
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