Medicamentos antiobesidad

Ozempic: ¿Crisis o revolución?

El éxito de los medicamentos antiobesidad abre una puerta para muchos pacientes, pero también ha puesto contra las cuerdas al sistema sanitario, que no tiene recursos para ofrecer un tratamiento completo más allá del pinchazo semanal.

Por Daniel Alonso Viña

13/07/2026
Persona midiéndose la cintura con una cinta métrica en un gimnasio

El impacto de los fármacos como Ozempic en la vida moderna es tan grande como el problema: la obesidad afecta a 1.000 millones de personas en el mundo, y 2.500 millones tienen sobrepeso, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Novo Nordisk, la empresa que desarrolló ese medicamento puntero, ha pasado de ser una compañía que facturaba 30.000 millones de euros anuales, gracias a sus remedios contra la diabetes, a superar los 40.000 millones de euros, y subiendo.

Los endocrinólogos consultados para este reportaje aseguran que en las entrañas del mundo farmacéutico se está cociendo una revolución: después de Novo Nordisk y Lilly, el resto de grandes empresas están desarrollando productos similares que pronto estarán en el mercado. Eso llevará inevitablemente a un abaratamiento de los precios que hará que los pacientes ya no tengan que dejar su medicación por su elevado precio.

Antonio (nombre ficticio) es un señor de 69 años que durante años sufrió obesidad, que en poco tiempo derivó en una diabetes tipo 2 y otras dolencias. Tomó Mounjaro (desarrollado por Lilly) desde febrero de 2025 hasta julio del mismo año. Consiguió bajar unos 12 kilos de peso y sus problemas de hipertensión, triglicéridos y colesterol mejoraron, pero el coste del pinchazo era demasiado alto y dejó de tomarlo.

“Pagaba 350 euros al mes por una inyección semanal”, cuenta Antonio por teléfono. “Pierdes algo de apetito, ya no comía tanto entre horas, entre comidas, pero seguía teniendo ganas de comer a las horas normales”, cuenta. Combinó la inyección con mucho ejercicio. “Había días en verano en los que podía llegar a caminar 8 o 10 kilómetros”, relata. Sin embargo, a los pocos meses, y debido al alto precio del medicamento tuvo que dejarlo por unas pastillas que no tienen el mismo efecto.

Sin embargo, algunos efectos secundarios frecuentes, como náuseas, diarrea, vómitos o hipoglucemia (que pueden afectar a más de una de cada 10 personas, según avala el prospecto de Ozempic de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) llevan a algunos pacientes a abandonar el uso.

No todos lo toleran. Este fue el caso de Sergio Martín, de 57 años, quien dejó de usarlo después de que se sintiera “francamente mal y no tuviera ningún apetito”. “Me lo recetaron para adelgazar, pero valoré junto al médico que no me merecía la pena estar con vómitos y arcadas”, afirma.

La OMS alerta de que el uso de Ozempic falsificado puede suponer graves riesgos para la salud y tratamientos ineficaces

Revolución

Como tantos otros descubrimientos, el de los medicamentos para bajar de peso tampoco estaba previsto. Hasta 2016, Novo Nordisk era una compañía danesa sólida pero madura, centrada casi por completo en la diabetes y con un crecimiento anual moderado. Ozempic se aprobó en 2017, como fármaco para la diabetes tipo 2, pero el cambio no llegó hasta 2020, cuando los ensayos clínicos confirman pérdidas de peso relevantes en los pacientes.

Desde entonces, este y Wegovy (el específico para la obesidad) han conseguido generar más de la mitad de la facturación total del grupo, que ha aumentado hasta los 41.379 millones de euros en 2025, un 6,4% más que el año anterior, casi un 30% más que en 2023.

El doctor Diego Bellido Guerrero es el presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo). Explica que la incretina, el principio activo detrás de este producto, es un conjunto de hormonas gastrointestinales que controlan el metabolismo energético.

“El conocimiento de la incretina es antiguo... lo que nunca imaginamos es que el intestino tuviera un papel tan importante en el control del peso y del gasto energético”. De ahí, de la comprensión de este elemento, surgieron los medicamentos que ahora se han hecho tan famosos. “Estos, además, han conseguido un efecto duradero en el tiempo”, asegura, algo que los anteriores no conseguían.

Como el resto de los doctores, considera la obesidad una enfermedad crónica. Estos medicamentos servirán de acompañamiento durante toda la vida de un paciente con esa dolencia. “La obesidad es crónica, y hay que tratarla como tal, se puede minimizar, pero no se cura, y el tratamiento farmacológico es de apoyo. Quitar el hambre no es suficiente, una persona tiene que tratarse con un cambio de vida radical que le permita mejorar en salud, dieta, ejercicio y apoyo psicológico si lo necesitase”, explica. Para eso reclama unidades de obesidad especializadas impulsadas por la Administración, no solo por ellos. Desde Seedo están certificando unidades de este tipo, pero creen que hace falta crear un marco de acción.

Los nuevos fármacos contra la obesidad prometen cambiar el tratamiento de una enfermedad crónica que afecta a millones de personas, pero su alto coste frena su impacto

Dos de cada cinco españoles

El problema empeora cada año. La Encuesta de Salud de España 2023, elaborada por el Ministerio de Sanidad y el INE, afirma que el 55% de los adultos tiene sobrepeso u obesidad. En concreto, el 39,8% (dos de cada cinco) presenta sobrepeso y el 15,2% vive con obesidad, lo que equivale a más de siete millones de personas en el conjunto del país. Solo el 43,3% de la población adulta se sitúa en un rango de peso considerado saludable. La prevalencia es mayor en hombres, aumenta con la edad y muestra importantes diferencias territoriales, con comunidades como Canarias, Murcia o Castilla‑La Mancha superando el 19% de obesidad, frente a registros en torno al 10% en Madrid.

“Llevo 23 años atendiendo a personas”, cuenta el endocrinólogo Cristóbal Morales, del Hospital Vithas de Sevilla y miembro de la Seedo. “Lo que a mí me enseñaron en la carrera de que la persona con obesidad simplemente come mucho y se mueve muy poco, es una simplificación muy grande de una enfermedad más compleja de lo que pensamos”, explica.

Liberación de patente

“Estos fármacos han dado una solución a un problema que no podíamos abordar de otra forma, pero son muy potentes y hay que saberlos utilizar”, relata. Cree que el medicamento no es “la solución final, es el inicio para ayudar al paciente a tener una nueva vida”. Ninguno de los doctores recomienda un uso recreativo: “No se aconseja, hay que hacerlo bien. Utilizarlo para la operación bikini es un mal uso”, pide el doctor Morales.

La patente de la semaglutida, el principio activo de Ozempic y Wegovy, ha empezado a expirar en 2026 en varios países fuera de la Unión Europea, abriendo la puerta a la entrada de biosimilares del fármaco. India será el primer gran mercado en contar con estas versiones, seguida en los próximos meses por China, Canadá, Brasil, Turquía y Sudáfrica, territorios que concentran una parte sustancial de la población mundial con obesidad o diabetes tipo 2.

La pérdida de la exclusividad de Novo Nordisk no se produce de forma simultánea ni global, sino de manera escalonada, en función de la fecha de registro de la patente y de la legislación de cada país.

Los expertos, sin embargo, llaman a la cautela. Desde la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad subrayan que hablar de “democratización” puede resultar excesivo si no van acompañadas de indicaciones claras, prescripción médica adecuada, seguimiento clínico y sistemas de financiación o cobertura sanitaria. En Europa, y en particular en España, el impacto será indirecto y no inmediato: la patente de la semaglutida sigue vigente hasta alrededor de 2031.

“A medio plazo, este fenómeno podría aumentar la presión para que estos tratamientos sean más accesibles y, potencialmente, abaratar su coste en algunos mercados. No obstante, conviene ser muy prudentes, porque la situación no es igual en todos los países y depende del marco regulatorio, de la vigencia de las patentes y de los controles de calidad exigidos en cada entorno”, asegura el doctor Fernando Vidal-Ostos de Lara, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Antonio dejó de tomar Mounjaro por su elevado coste, pero volvería a utilizarlo si fuera algo más asequible. Ahora le han recetado unas pastillas, pero no funcionan tan bien. “Antes tenía obesidad y ahora solo sobrepeso, pero he vuelto a ganar algunos kilos”, cuenta.

Para el doctor Morales, “la ciencia y el conocimiento han avanzado muchísimo, pero la empatía y el corazón tiene que avanzar también para poder entender a estas personas y ayudarlas”, defiende. “Como endocrino nunca había vivido un momento tan bonito, pero las armas tan potentes que tenemos en nuestro poder conllevan una gran responsabilidad, debemos utilizarlas bien”, sentencia.

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