José Manuel Zapata, embajador de Músicos por la Salud
Cuando la música entra en un hospital, algo cambia
No hay telón ni aplausos, pero sí emoción. El tenor José Manuel Zapata irrumpe en hospitales con una sonrisa y una canción, rompiendo la rutina médica con melodías que sanan. Lo hace como embajador de Músicos por la Salud, ONG que lleva una década ofreciendo microconciertos gratuitos en hospitales y centros sociosanitarios. Su visita no es solo un gesto artístico: es una reivindicación de la música como herramienta terapéutica, respaldada por estudios científicos y recomendada por la OMS. Porque, aunque no cure, la música alivia y transforma.
Por Carolina Martínez | Fotografía: Manel Ramón Vidal
En el Hospital de la Paz de Madrid empieza un día cualquiera de tratamientos, pasillos, pacientes en espera, personal a tope de trabajo y algunas miradas cansadas, pero la rutina se rompe con una aparición inesperada: el tenor José Manuel Zapata, ‘Zapata Tenor’, abre la puerta del Hospital de Día con la energía positiva que le acompaña siempre. No había escenario, ni focos, ni butacas de terciopelo. Solo él, su voz y un puñado de personas que recibieron esas canciones como quien recibe un chorro de aire fresco.
‘Zapata Tenor’ visitaba el Hospital de Día de la Paz como embajador de Músicos por la Salud, la fundación que desde 2015 se dedica a ofrecer microconciertos gratuitos en hospitales y centros sociosanitarios para acompañar a los pacientes en los momentos más difíciles, ayudándoles a evadirse de la incertidumbre de la enfermedad.
“La música no nos cura, pero sí nos sana”, dijo Zapata tras compartir risas, bromas y melodías con los pacientes. La frase resume bien la esencia de la fundación: no se trata de sustituir la medicina, sino de añadir humanidad a un lugar donde muchas veces pesa el dolor. Y desde ese día, Zapata ya no es solo un tenor internacional que ha cantado en el Metropolitan de Nueva York o en el Teatro Real de Madrid, sino también el primer embajador de Músicos por la Salud, la fundación que lleva años transformando hospitales en espacios más cálidos y humanos.

Los músicos de esta fundación trasladan la alegría, la emoción y la compañía a personas mayores, a pacientes oncológicos, a personas ingresadas en la UCI o a los que luchan con una enfermedad mental. A todos los que, de alguna manera, atraviesan momentos de vulnerabilidad. Lo hacen sin pompa, a pie de cama, con guitarra, piano o voz, buscando el contacto directo y sincero.
Pianos en el hospital
Las cifras hablan por sí solas: la organización ya ha acompañado a más de 550.000 personas, colabora con 65 hospitales y 340 centros sociosanitarios, y ha realizado más de 700 microconciertos en directo. Además, ha instalado pianos de cola en hospitales como La Paz (Madrid), La Fe (Valencia) y Manises (Valencia), para que cualquier día un piano en el hall pueda sorprender a pacientes, familiares o sanitarios.
Zapata ha actuado en el Metropolitan de Nueva York o en el Teatro Real de Madrid
Pero, más allá de los números, lo importante es lo intangible: la música como alivio, como bálsamo, como puente hacia emociones que parecían olvidadas.
Los estudios respaldan lo que cualquiera puede comprobar al escuchar un microconcierto en un hospital: la música reduce la ansiedad, disminuye el estrés e incluso puede mejorar parámetros físicos como la presión arterial. En personas con demencia o alzhéimer, escuchar canciones de su pasado activa recuerdos dormidos; en pacientes ingresados, una melodía puede transformar una tarde de aislamiento en un momento compartido.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda desde hace años integrar la música en los sistemas sanitarios, y Músicos por la Salud pide a las administraciones que lo hagan realidad. Porque, como explica Guillermo Giner, presidente y fundador de la ONG, la música en directo no solo humaniza hospitales, también “reduce la ansiedad en pacientes, familiares y personal sanitario” y abre un espacio para que la cultura entre en la vida cotidiana de quienes más la necesitan.
Zapata, voz y corazón
La visita de Zapata a La Paz fue mucho más que un gesto simbólico. Entre canciones y bromas, mostró que la música también sirve para mirar a los ojos, para recordar al paciente que no está solo, que su historia importa. Y eso conecta con su idea de que “cualquier emoción importante de la vida está asociada a algún tipo de música”.

Como embajador de la fundación, Zapata ayuda a amplificar ese mensaje: la música no es un lujo ni un adorno, sino una herramienta que cambia el ánimo, que da dignidad, que crea comunidad. Él lo sabe bien, y ahora pone su voz no solo al servicio de la ópera, sino también de quienes esperan una melodía para sentirse un poco mejor.
Música que sana
En definitiva, lo que hace Músicos por la Salud es devolver el poder de la música a su función más primitiva: la de acompañar. Porque cuando un piano suena en la entrada de un hospital, o cuando un tenor internacional canta por sorpresa a un grupo de pacientes, lo que ocurre no es un simple concierto. Y tal vez ahí esté la verdadera medicina de la música: no cura la enfermedad, pero sí sana el alma.
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