Economía cotidiana y retos familiares
La cuesta de enero, un fenómeno que condiciona la vida de millones de familias en España
Enero no es solo un mes de propósitos, también es el marco ideal para hacer balance. Tras las fiestas navideñas, se tensan los presupuestos familiares y los hogares evalúan ingresos y gastos con una atención renovada. En 2026, los datos oficiales muestran cómo la llamada cuesta de enero no es solo una expresión económica, sino un fenómeno que condiciona la vida cotidiana de millones de familias en España.
Por A. G.
Las fiestas navideñas, más allá de ser un espacio de encuentros y celebraciones, tienen un impacto económico que se traslada directamente al inicio del año. Según una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), los españoles preveían gastar en estas fechas alrededor de 796 euros por persona, incluidas partidas como regalos, comidas, viajes y lotería.
Estos desembolsos, que concentran buena parte de los gastos familiares en un corto periodo, contribuyen a que enero sea un mes en el que muchos hogares tienen que reajustar presupuestos, aplazar ahorros o revisar prioridades de gasto para equilibrar cuentas tras el gasto extraordinario de diciembre y afrontar así con menos tensión la llamada cuesta de enero.
Pero no es este el único factor que pone enero cuesta arriba. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó que la inflación cerró diciembre de 2025 con una tasa interanual del 2,9%, una ligera moderación respecto a meses anteriores, aunque todavía por encima del promedio de la zona euro. Esta reducción se debe en buena parte a la bajada de los precios de carburantes y a subidas menos intensas en sectores como ocio y turismo.
Sin embargo, detrás de esta cifra global existen tensiones muy distintas que se trasladan directamente a los presupuestos del día a día. En 2025, los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron cerca del 3% en su conjunto y productos clave como legumbres, aceites y otros comestibles básicos mantuvieron encarecimientos significativos.
Ese panorama de precios difusos –con algunos productos estabilizándose y otros subiendo– conforma un terreno de juego desigual para los distintos bolsillos: no es lo mismo gestionar un presupuesto con ingresos estables que hacerlo con recursos limitados o intermitentes, como ocurre en muchos hogares. Además, el coste de servicios básicos como agua, electricidad o vivienda ha mantenido niveles altos que pesan en los presupuestos familiares.
Por ello, aunque las cifras agregadas de inflación sugieren una moderación, la experiencia cotidiana de las familias muestra una percepción distinta: el aumento de los precios en partidas esenciales continúa siendo un factor que obliga a decisiones de gasto más ajustadas y, en muchos casos, a priorizar entre lo indispensable y lo discrecional.
Familias con menos recursos: el impacto más visible
Uno de los elementos más relevantes para entender la cuesta de enero desde una perspectiva social es la desigualdad en la manera en que la inflación afecta a distintos hogares. Según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, los hogares con menores recursos han sufrido de manera más intensa los aumentos de precios, ya que destinan una mayor proporción de sus ingresos a servicios como vivienda, energía y alimentación, que han sido precisamente los sectores con alzas más persistentes.
Esa realidad tiene consecuencias concretas: para una familia de bajos ingresos, hasta el 80% del incremento del gasto puede estar absorbido por vivienda y alimentos, dejando muy poco margen para demás necesidades o imprevistos. En este sentido, el informe ‘La cesta de la compra de familias en riesgo de pobreza y exclusión social’, realizado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), señala que los hogares con menos ingresos dedican el 40,9% de su gasto a vivienda y suministros, y el 18,7% a alimentación, dejando un margen mínimo para el resto de las necesidades básicas, entre ellas, transporte, sanidad, educación, vestimenta, el ocio o la vida social.
El peso de los gastos en los presupuestos familiares
La inflación y los precios son solo una parte del cuadro. Según el III Barómetro Planeta Propietario, elaborado por el Grupo Mutua Propietarios, los gastos básicos del hogar –como alquiler, alimentación, luz y agua– consumieron en 2025 aproximadamente el 43,6% de los ingresos familiares, el porcentaje más alto de los últimos tres años. Tres de cada diez familias reconocen tener dificultades para hacer frente a estos pagos mensuales, un problema más acusado entre los jóvenes, hogares numerosos y quienes viven de alquiler.
Ese alto porcentaje de ingresos absorbido por gastos cotidianos provoca un efecto acumulativo: las familias con presupuestos ajustados tienen menos capacidad de ahorro y menor resiliencia frente a imprevistos, desde una avería doméstica hasta un aumento inesperado de la factura de electricidad o de gas.
Pero el descenso de la capacidad de ahorro de los hogares españoles no solo refleja la presión de los gastos corrientes, sino que también condiciona las decisiones de consumo y que obliga, por ejemplo, a renunciar a pequeñas compras, reducir actividades de ocio o retrasar inversiones familiares.
Y para quienes ya tenían dificultades antes de enero –como familias con empleo precario, hogares monoparentales o quienes dependen de ingresos fijos bajos–, esta combinación de altos gastos y menor margen de maniobra es palpable desde los primeros días del año.
La cuesta de enero para las familias
La cuesta de enero no es solo una metáfora: es un fenómeno socioeconómico que combina datos estadísticos y vivencias reales de millones de hogares. La moderación de la inflación al 2,9% al cierre de 2025 aporta un marco comparativo respecto a periodos más complicados, pero no elimina las tensiones cotidianas que viven las familias cuando ajustan sus presupuestos tras un periodo de gastos extraordinarios como el de las fiestas navideñas.
Desde el alquiler que consume una parte desproporcionada de los ingresos hasta la compra diaria de alimentos, pasando por facturas de luz y agua que no esperan a fin de mes, enero es el momento en que las prioridades se reordenan y se ponen a prueba las decisiones económicas de cada hogar.
Para muchas familias –especialmente las que ya afrontaban limitaciones antes del inicio del año–, la cuesta de enero es un recordatorio de la fragilidad de sus finanzas y de la necesidad de políticas públicas que reduzcan las desigualdades en el acceso a bienes básicos, apoyen la estabilidad de ingresos y faciliten la resiliencia ante shocks de precios.
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