Diez años de la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE

El arte con sentido

Cuando se amplía la mirada, también se transforma la realidad y adquiere más sentido. Así ocurre en el arte, que deja de ser un espacio de distinción para convertirse en un lugar de encuentro, tal y como lleva demostrando la Fundación ONCE desde hace 20 años con su Bienal de Arte Contemporáneo. Tras estas dos décadas abriendo puertas, a pesar de la experiencia, la cita bienal sigue proponiendo preguntas necesarias: ¿Quién define lo que es el arte? ¿Quién decide quién puede acceder a él?  ¿Y qué ocurre cuando cambiamos esas reglas?

Por Blanca Abella - Fotos: Bienal Fundación ONCE

22/06/2026

En unos días comienza la X Bienal de Arte de la Fundación ONCE. Desde su creación en 2006, este proyecto no ha dejado de crecer como un espacio donde el arte contemporáneo se convierte en un lenguaje común capaz de derribar barreras —físicas, sensoriales y, sobre todo, mentales—, y donde la diversidad deja de ser un matiz para convertirse en su núcleo.

La cultura no puede seguir siendo un espacio limitado por ningún tipo de barrera

La Bienal surge en un momento en que la cultura accesible apenas empezaba a abrirse paso en España. Impulsada por la Fundación ONCE, la iniciativa plantea desde el inicio un doble objetivo: visibilizar a artistas con discapacidad y garantizar el acceso universal a la creación contemporánea. La idea es tan simple como revolucionaria: que el talento no necesita traducción, pero sí oportunidades. Y, sobre todo, que la cultura no puede seguir siendo un espacio limitado por ningún tipo de barrera.

El propósito ha sido siempre “eliminar prejuicios sobre la creación artística de las personas con discapacidad y abrir canales de difusión y mercado para sus obras”. Desde sus primeras ediciones, la Bienal se plantea como algo más que una exposición. Es, en esencia, un experimento cultural: un lugar donde se ensaya cómo debería ser una cultura verdaderamente inclusiva.

A lo largo de casi dos décadas, diez ediciones han ido tejiendo un relato coherente que sitúa a esta Bienal como una de las iniciativas culturales más singulares del panorama español.

Levantar un espacio nuevo

El doble objetivo de la Bienal de Fundación ONCE, que nace en 2006, al ofrecer una plataforma de visibilidad a artistas con discapacidad y garantizar el acceso universal a la cultura, se materializa en la creación de un punto de encuentro para reencontrarse con el arte desde lo inclusivo. El arte se convierte así en una herramienta de inclusión social, pero también en un vehículo de empleo, profesionalización y reconocimiento.

Retrato de la cantante Luz Casal con expresión y gestos de asombro. De Juan Torre

Las primeras cuatro ediciones funcionan como un laboratorio. Se exploran lenguajes —pintura, escultura, fotografía, instalación— y se ensaya una narrativa en la que la diversidad es el punto de partida. Es en estos años cuando se define uno de los rasgos distintivos de la Bienal: el arte no se reduce a la mirada, se escucha, se toca, se recorre. La experiencia se amplía y, con ella, también el público.

Por eso, una de las claves del éxito es ese carácter híbrido. Aunque el núcleo es una gran exposición de artes visuales, cada edición despliega un conjunto de actividades paralelas que incluyen teatro, danza, cine, talleres y debates.

La accesibilidad deja de ser un añadido técnico para convertirse en una herramienta creativa. Audiodescripciones, lengua de signos o textos en braille no son solo recursos de apoyo: forman parte del discurso artístico. A la vez, se construye una comunidad. Artistas consagrados comienzan a convivir con creadores emergentes y con quienes hasta entonces habían quedado fuera del circuito tradicional.

Con el tiempo se refuerza la presencia de artistas internacionales y se consolidan los espacios expositivos de referencia

A partir de la quinta edición (2014), la Bienal entra en una fase de crecimiento y reconocimiento institucional. La inauguración de esa edición por la Reina Letizia simboliza su consolidación dentro del panorama cultural español. La Bienal crece en ambición y en visibilidad y se amplía la red de colaboradores, se refuerza la presencia de artistas internacionales y se consolidan los espacios expositivos de referencia.

Arte participativo, escultura de carrusel, de Jenni-Juulia Wallinheimo-Heimonen

En paralelo, el proyecto se alinea con la evolución del propio Grupo Social ONCE —que incluye a entidades como Ilunion o Servimedia—, que ha demostrado que la inclusión no es solo un principio ético, sino también un modelo sostenible. Durante las ediciones de 2016 y 2018, la Bienal incorpora con más fuerza el diálogo entre arte y tecnología, explorando nuevas formas de interacción y ampliando las posibilidades sensoriales de la experiencia artística.

Octava y novena edición: género y salud mental

En 2022, la VIII Bienal introduce una mirada específica sobre la relación entre género y discapacidad bajo el lema Mujer y discapacidad. Esta edición supone un giro hacia enfoques más críticos y contemporáneos, alineados con los debates sociales del momento. La Bienal ya no se limita a visibilizar, sino que cuestiona estructuras y narrativas. El arte se convierte aquí en un espacio de denuncia y reflexión sobre desigualdades múltiples, ampliando el alcance del proyecto.

La IX Bienal (2024–2025) es, probablemente, una de las más ambiciosas y significativas. Bajo el título Caminos de resiliencia: la transformación de la salud mental a través del arte contemporáneo, la muestra pone el foco en uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: la salud mental.

Con 43 artistas nacionales e internacionales —más de la mitad con discapacidad—, la exposición construye un relato colectivo sobre la vulnerabilidad, la soledad y la capacidad de resistencia.

Instalación de Kaarina Kaikkonen, Tocando el cielo (ropa colgada)

En sus salas convivieron nombres icónicos como Yayoi Kusama, Jean-Michel Basquiat o Louise Bourgeois con creadores contemporáneos y proyectos inclusivos. El resultado es una cartografía compleja de la creación contemporánea, donde el arte funciona como una herramienta para “explorar y expresar los desafíos de la salud mental y contribuir a desestigmatizarlos”. Más allá de la exposición, la Bienal despliega actividades paralelas —teatro, danza, debates— que amplían la reflexión y convierten el proyecto en un verdadero evento cultural.

La Bienal se apoya en tres pilares: inclusión, accesibilidad y calidad artística

Tras nueve ediciones y en las puertas de la décima, la Bienal ha definido una identidad clara, que se apoya en tres pilares: inclusión sin etiquetas; accesibilidad desde el diseño y calidad artística equiparable al circuito contemporáneo.

Este equilibrio es el que ha permitido consolidarla como un referente. No es un proyecto paralelo, ni un espacio alternativo: es parte del sistema artístico, pero con reglas distintas.

Décima edición: “Romper el marco”

En 2026, la Bienal celebra su décima edición y dos décadas de trayectoria. Lo hace con una propuesta que mira hacia el futuro: El encanto de la ilusión: un puente entre realidad y percepción. La exposición, que se celebrará en CentroCentro (Madrid) del 1 de julio al 11 de octubre, reúne a más de 30 artistas con y sin discapacidad en torno a un concepto central: la ilusión entendida como potencia creativa.

La comisaria Antonella Montinaro lo explica así: “La ilusión se entiende no como engaño, sino como potencia creativa: una herramienta crítica, sensorial y poética que abre espacios de posibilidad”. La propuesta invita al espectador a cuestionar su forma de percibir el mundo. A desconfiar de lo evidente. A entender que la realidad no es fija, sino construida.

Desde la Fundación ONCE, esta edición se plantea también como un gesto simbólico. Tal y como se subrayó en su presentación, la Bienal celebra “dos décadas de compromiso con la creación, la accesibilidad y la inclusión”, reafirmando el papel del arte como motor de cambio social.

Retrato de Ainhoa Arteta, de Juan Torre

El propio mensaje institucional insiste en la necesidad de “romper el marco” y superar los límites tradicionales del arte. En la lista de participantes figuran nombres como Daniel Canogar, Cristina García Rodero o Joan Fontcuberta, junto a colectivos como BoaMistura y proyectos inclusivos como Debajo del Sombrero, lo que refuerza el carácter diverso de la muestra.

La Casa Encendida, el Real Jardín Botánico y el Centro Dramático Nacional se han sumado a la Bienal y acogerán distintas actividades paralelas a la muestra, que llegará el 1 de julio a CentroCentro Madrid.

Un modelo cultural en expansión

Más allá de cada edición, la Bienal ha logrado algo poco habitual: convertirse en un modelo replicable. Su impacto no se limita al ámbito expositivo, sino que alcanza a la formación, la profesionalización artística y el mercado.

Uno de sus objetivos, desde el inicio, ha sido precisamente impulsar la presencia de artistas con discapacidad en circuitos profesionales y favorecer su integración laboral. En este sentido, el proyecto se alinea con la filosofía del Grupo Social ONCE: demostrar que la inclusión no es una concesión, sino una oportunidad de innovación.

Por eso, quizá la mayor transformación que propone la Bienal no es tan visible. No está en las obras ni en los discursos, sino en la experiencia del visitante. La obra no se contempla: se atraviesa. Y en ese proceso, algo cambia. Se desdibujan las fronteras entre quien crea y quien observa, entre quien puede y quien no puede, entre lo normal y lo diverso. El arte deja de ser un espacio de distinción para convertirse en un lugar de encuentro con sentido.

 

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