No es una enfermedad, sino una reacción al fin de las vacaciones
El síndrome postvacacional no existe
El síndrome postvacacional no figura en los manuales clínicos de diagnóstico como una enfermedad o trastorno mental y tampoco está reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La comunidad científica coincide en afirmar que no se trata de un trastorno clínico, sino de una reacción común frente al contraste entre el tiempo libre y las obligaciones diarias.
Por Redacción
La vuelta al cole es uno de los más temidos anuncios que comienzan a lanzar los medios de comunicación a finales del verano. Es un momento casi de terror para muchos escolares que siguen de vacaciones. Pero parece que ese pequeño trauma infantil nos acompañará el resto de nuestras vidas. En nuestra más tierna infancia, tras unas vacaciones refrescantes y divertidas, retornar a los estudios suponía un contraste difícil de asumir a esas edades. Con el tiempo, ya adultos, aunque somos más capaces de razonar, nuestro impulso nos lleva a desear más y más vacaciones.
El síndrome postvacacional describe un conjunto de síntomas físicos y emocionales que aparecen al reincorporarse al trabajo, como son los cambios de ánimo, cansancio, falta de concentración, leve irritabilidad y falta de motivación al retomar las responsabilidades cotidianas.
El síndrome postvacacional no es una entidad clínica que amenace la salud
Según Pilar De Castro, especialista del Departamento de Psiquiatría y Psicología de la Clínica Universidad de Navarra, "se habla popularmente de un síndrome postvacacional consistente en el cansancio propio y normal de varios días que el cuerpo padece cuando debe adaptarse a otro ritmo y horarios lectivos o profesionales, pero no es una entidad clínica que amenace la salud. Definimos síndrome cuando algo es patológico, pero como tal no existe”.
Salud mental y consejos postvacacionales
Es decir, los signos de malestar desaparecen por sí solos entre unos pocos días y un máximo de dos semanas, a medida que el organismo recupera el ritmo cotidiano. El problema real existe cuando se produce una depresión postvacacional, que implica un malestar más profundo y duradero. No se limita a la adaptación inicial, sino que impacta de manera continua en la salud mental y en las relaciones sociales.
Mientras el síndrome suele considerarse una reacción normal de ajuste, la depresión requiere un abordaje más específico; puede necesitar apoyo psicológico, cambios en los hábitos de vida o incluso tratamiento clínico si los síntomas se agravan.
El 15 % de los adultos y el 5-8 % de niños sufren episodios de síndrome postvacacional
En cuanto a la edad más vulnerable, no hay datos concluyentes, salvo los que maneja el Grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria: el 15 % de los adultos y entre el 5 % y el 8 % de niños sufren episodios de este estado anímico.
En Cruz Roja apuntan una serie de consejos o trucos que pueden ayudar a prevenir el síndrome postvacacional.
- No sufrir con antelación la vuelta al trabajo. Es mejor disfrutar de las vacaciones hasta el último minuto y, cuando toque, enfrentarse a ello.
- Planificar el día. Una buena forma de hacerlo es confeccionar pequeñas listas y, conforme vayas cumpliendo las tareas, ir tachándolas. Además de la inmensa satisfacción que eso produce, te ayudará a empezar la siguiente labor con muchas más ganas.
- Anímarse a probar una actividad física nueva. Es una buena temporada para hacer ejercicio al aire libre y disfrutar de la naturaleza y los espacios verdes.
- Practicar el cortoplacismo. En vez de plantearse grandes planes a largo plazo, resulta mejor ponerse metas cortas y planear la próxima escapada para algún fin de semana próximo o el próximo puente con calma.
- Empiezar a comer las 5 porciones recomendadas de fruta y verdura al día. Y no solo porque es lo más recomendable según indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), sino porque te aportará energía y vitalidad. Cultivar una alimentación consciente es posible.
- Retomar el contacto con amistades y familiares. La vuelta a la rutina supone una buena oportunidad para volver a verles y ponerse al día. Seguro que hay mucho que contar tras las experiencias y anécdotas vividas durante el verano.
- Agradecer que se ha estado de vacaciones. No todo el mundo puede permitirse unas buenas (y merecidas) vacaciones. Por tanto, siéntete un afortunado/afortunada. Has tenido la suerte de tener ese tiempo de descanso y desconexión. Ser optimista, y tener una buena actitud, depende de ti.
- Recuerdar las cosas buenas de la rutina. Probablemente hay aspectos que te gustan y que has echado de menos. Hay que pensar en ello, retomarlo y disfrutar de esos pequeños momentos del día.
- Ponerse nuevos retos o retomar los no alcanzados. Septiembre significa, después de todo, “volver a empezar”. Es, por tanto, un buen momento para marcarse nuevos retos y objetivos que conseguir, ya sea a nivel laboral o personal.
- Dormir bien. No es baladí este punto, ya que descansar hace que la vuelta al trabajo sea más llevadera, y además tiene repercusiones positivas en el trabajo. Si duermes bien, al día siguiente te sentirás con más energía, atención y alegría. La hora ideal para irse a dormir, por cierto, son las 22 h.
- Hacer networking. El primer día de vuelta puede ser la oportunidad perfecta para hablar con tus compañeros, preguntarles qué tal les ha ido, y compartir tus experiencias también. Un buen ambiente laboral, además, hace el día más llevadero y también mejora el clima en una oficina.
No olvidemos, al fin y al cabo, lo que el mismo William Shakespeare afirmaba: “Si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar”.
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