Fidel Castro, 100 años después
El hombre que cambió Cuba
Pocos líderes políticos han dejado una huella tan profunda en la historia de su país como Fidel Castro, de quien se cumple un siglo de su nacimiento este 13 de agosto. El líder cubano fue una de las figuras más controvertidas y determinantes del siglo XX y proyectó una influencia muy intensa sobre escenarios internacionales que abarcan desde América Latina hasta África, pasando por la Guerra Fría y los debates sobre justicia social que marcaron toda una época.
Por Refugio Martínez
Cien años después de su nacimiento en Birán, un pequeño poblado del oriente cubano, la figura de Fidel Castro sigue despertando admiración, rechazo, fascinación y polémica a partes iguales.
A diferencia de otros líderes históricos cuya imagen termina difuminándose con el paso del tiempo, Fidel Castro mantiene una enorme capacidad para generar discusión pública. Sus partidarios lo consideran el dirigente que transformó una isla marcada por las desigualdades en un país con elevados niveles de alfabetización y una amplia cobertura sanitaria. Sus detractores lo recuerdan como el responsable de un sistema político que restringió libertades, ocasionó penurias económicas y concentró el poder durante décadas.
Más allá de las valoraciones contrapuestas, existe una realidad difícil de cuestionar. Fidel Castro logró convertirse en uno de los personajes políticos más influyentes del último siglo y en un símbolo que trascendió las fronteras cubanas para instalarse en la historia mundial.
Fidel Castro logró convertirse en uno de los personajes políticos más influyentes del último siglo y en un símbolo que trascendió las fronteras
Su legado se encuentra asociado a algunos de los grandes debates contemporáneos. La igualdad social, la soberanía nacional, la sanidad universal, la educación pública, los derechos políticos o el papel del Estado siguen siendo asuntos plenamente vigentes.
Por ese motivo, el centenario de su nacimiento está siendo abordado desde múltiples perspectivas. Instituciones académicas cubanas, centros de investigación latinoamericanos y organismos dedicados al estudio de la historia contemporánea analizan no sólo quién fue Fidel Castro, sino también qué es lo que permanece de las ideas y políticas asociadas a su nombre.
De hijo de terrateniente a líder revolucionario
Cuando Fidel Alejandro Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926, Cuba era una joven república cuya vida política y económica estaba profundamente condicionada por la influencia de Estados Unidos y por el peso de las grandes explotaciones azucareras.
Fidel creció en una familia relativamente próspera. Su padre, Ángel Castro Argiz, un inmigrante gallego llegado a Cuba a finales del siglo XIX, había logrado construir una importante hacienda agrícola dedicada principalmente al cultivo de la caña de azúcar y a la ganadería.
Gracias a esa posición económica, el futuro líder revolucionario tuvo acceso a una educación poco habitual para la mayoría de los niños de las zonas rurales cubanas de la época. Sin embargo, también fue allí, en contacto con una realidad marcada por las desigualdades sociales entre propietarios y trabajadores agrícolas, donde comenzó a formarse una conciencia crítica que años después influiría en su pensamiento político. Nadie podía imaginar entonces que aquel hijo de terrateniente acabaría protagonizando una de las revoluciones más conocidas e influyentes de la historia contemporánea.
Formado en colegios jesuitas y posteriormente licenciado en Derecho por la Universidad de La Habana, Castro comenzó a involucrarse muy pronto en la actividad política. Durante los años 40 y 50 se convirtió en una figura cada vez más visible dentro del nacionalismo cubano, especialmente tras el golpe de Estado protagonizado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952.
A pocos meses de unas elecciones generales en las que se presentaba como candidato, Batista suspendió el proceso electoral, derrocó al presidente Carlos Prío Socarrás y asumió el poder con el apoyo de sectores del Ejército. El nuevo régimen eliminó buena parte de las garantías democráticas y provocó una creciente oposición política. Para muchos jóvenes de la época, entre ellos Fidel Castro, aquel golpe supuso la demostración de que el cambio político difícilmente podría alcanzarse por las vías institucionales.
El punto de inflexión llegó el 26 de julio de 1953. Convencido de que la oposición política no bastaba para derrocar a Batista, Fidel Castro organizó junto a un grupo de jóvenes un ataque contra el Cuartel Moncada, la segunda instalación militar más importante del país, situada en Santiago de Cuba. El plan consistía en tomar el cuartel, apoderarse de las armas y provocar una insurrección popular contra la dictadura.
La operación fracasó desde sus primeras horas. Muchos de los participantes murieron durante los enfrentamientos o fueron ejecutados después de ser capturados por las fuerzas gubernamentales, mientras que Fidel y otros supervivientes acabaron en prisión.
El fracaso militar del asalto estuvo a punto de poner fin al movimiento revolucionario antes incluso de que comenzara. Tras la operación, las autoridades desencadenaron una dura persecución contra los participantes. Decenas de jóvenes fueron detenidos y muchos de ellos murieron durante los enfrentamientos o después de ser capturados. Lejos de acabar con la oposición, aquella respuesta al régimen de Batista despertó una creciente simpatía hacia los asaltantes y dio una gran visibilidad pública a Fidel Castro.
El juicio celebrado contra los participantes convirtió a Castro en una figura cada vez más conocida dentro de la oposición cubana. Fue entonces cuando asumió personalmente su defensa ante el tribunal y pronunció su famoso alegato. Durante su intervención, defendió la legitimidad de la rebelión contra Batista y presentó un programa de reformas políticas, sociales y económicas que años más tarde serviría de base para la Revolución Cubana. El discurso concluyó con una de las frases más célebres de la historia política latinoamericana: "Condenadme, no importa, la historia me absolverá".
Aquellas palabras trascendieron el juicio y transformaron a un joven abogado prácticamente desconocido en uno de los principales símbolos de la oposición al régimen. Con el tiempo, el texto se convertiría en uno de los documentos políticos más influyentes de América Latina y en la primera gran declaración ideológica de quien acabaría gobernando Cuba durante casi medio siglo.
Las fuerzas revolucionarias entraron en La Habana el 1 de enero de 1959. Comenzaba una nueva etapa para Cuba
Tras varios años de lucha guerrillera en Sierra Maestra, las fuerzas revolucionarias entraron en La Habana el 1 de enero de 1959. Comenzaba una nueva etapa para Cuba y para el propio Fidel, que terminaría ejerciendo el liderazgo del país durante cerca de medio siglo.
La Revolución Cubana transformó profundamente la isla. El nuevo Gobierno impulsó una amplia campaña de alfabetización, extendió la sanidad pública y promovió reformas sociales que alteraron por completo la estructura económica y política del país. Décadas después, incluso quienes observaban críticamente muchos aspectos del sistema cubano reconocían algunos de esos avances.
Pero esta transformación, impulsada por la Revolución, estuvo lejos de generar consenso. Mientras el nuevo Gobierno avanzaba en la extensión de la educación y la sanidad públicas, también fue concentrando el poder político en torno al Partido Comunista.
Con el paso de los años, Cuba se configuró como un sistema de partido único en el que no se celebraban elecciones plurales similares a las de las democracias occidentales y donde las principales decisiones políticas quedaban bajo el control del Estado. Para sus defensores, ese modelo permitió preservar la independencia nacional y garantizar derechos sociales básicos; para sus críticos, supuso la limitación de libertades políticas y civiles fundamentales.
La influencia del legado político construido por los hermanos Castro continúa marcando la vida pública de la isla
La valoración de aquel modelo político sigue siendo objeto de debate dentro y fuera de Cuba. Tras la retirada de Fidel Castro del poder en 2008, su hermano Raúl Castro asumió la dirección del país y mantuvo la continuidad del sistema político surgido de la Revolución. Aunque en los últimos años se han producido algunos cambios institucionales y una renovación generacional en los principales cargos del Estado, la influencia del legado político construido por los hermanos Castro continúa marcando la vida pública de la isla.

Una voz emblemática
Cuando Fidel Castro falleció en 2016, el entonces secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, afirmó que bajo su liderazgo "Cuba logró avances en los campos de la educación, la alfabetización y la salud". En el comunicado oficial difundido por la Organización de Naciones Unidas (ONU), el dirigente surcoreano también destacó que Castro fue "una figura emblemática de la Revolución Cubana" y una voz destacada en los debates internacionales sobre justicia social.
El reconocimiento resultó significativo porque procedía de una organización internacional que ha convivido durante décadas con las tensiones políticas generadas alrededor de la figura del líder cubano.
La dimensión de Fidel, de hecho, nunca se limitó a la realidad de la isla. Durante la Guerra Fría, se convirtió en uno de los principales referentes del llamado Tercer Mundo y en un actor relevante dentro de los movimientos de liberación nacional que surgieron en distintos continentes.
La proyección exterior de la Revolución Cubana alcanzó una dimensión especialmente significativa en África. Durante las décadas de 1970 y 1980, miles de cooperantes, médicos, maestros y militares cubanos participaron en procesos de descolonización, conflictos regionales y programas de cooperación internacional en distintos países africanos. Aquella implicación contribuyó a forjar una imagen de Fidel Castro que iba mucho más allá de la política interna cubana y explicaría el reconocimiento que numerosos líderes africanos le expresarían, entre los que cabe destacar a Nelson Mandela.
Un año después de abandonar la prisión y cuando todavía lideraba la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, Mandela visitó Cuba y expresó públicamente su agradecimiento por el apoyo prestado por la isla a los movimientos de liberación africanos. Durante un acto celebrado en Matanzas en 1991 afirmó que "el pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África". También sostuvo que los internacionalistas cubanos habían realizado una contribución a la independencia, la libertad y la justicia africanas "sin paralelo por su carácter principista y desinteresado".
Para numerosos dirigentes africanos, el apoyo militar y diplomático de Cuba durante los procesos de descolonización convirtió a Fidel en una figura de referencia
No era una opinión aislada. Para numerosos dirigentes africanos, el apoyo militar y diplomático de Cuba durante los procesos de descolonización convirtió a Fidel en una figura de referencia. Esa percepción explica que, décadas después, continúe siendo recordado en numerosos países africanos como un aliado de sus movimientos de independencia.
El Fidel que vio el Che
Si Mandela representa una de las voces internacionales más relevantes para entender la dimensión exterior de Fidel, Ernesto Guevara de la Serna, el revolucionario argentino popularmente conocido como el Che Guevara, ofrece posiblemente el testimonio más íntimo y político sobre su figura.
En la carta de despedida que escribió a Fidel en 1965, antes de abandonar Cuba para continuar su actividad revolucionaria en otros países, el Che dejó una de las valoraciones más significativas que existen sobre el dirigente cubano. Al hacer balance de los años compartidos en la lucha revolucionaria, reconoció que una de sus mayores equivocaciones había sido no haber confiado más en Fidel “desde los primeros momentos de la Sierra Maestra”. En el escrito decía textualmente estar arrepentido por “no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario". Aquella reflexión revela hasta qué punto el guerrillero argentino consideraba que el liderazgo de Fidel había sido decisivo para el triunfo de la Revolución Cubana.
El guerrillero argentino consideraba que el liderazgo de Fidel había sido decisivo para el triunfo de la Revolución Cubana
Recordando la crisis de los misiles de 1962, escribió que había vivido junto a él "los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe" y añadió que "pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días". Estas palabras hacen que resulte difícil encontrar otro dirigente cuya trayectoria esté tan estrechamente vinculada a la historia de su país porque hablar de la Cuba contemporánea implica inevitablemente hablar de Fidel Castro.
Hoy su centenario no sólo invita a recordar a un dirigente político. También obliga a reflexionar sobre una época marcada por revoluciones, conflictos ideológicos, aspiraciones de justicia social y profundas transformaciones geopolíticas. Una época de la que Fidel Castro fue, para bien o para mal, uno de sus protagonistas indispensables.
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