Día Internacional de la Amistad
Quien tiene un amigo tiene un tesoro
En unaépoca como la actual, repleta de conexiones digitales, la amistad verdadera parece haberse convertido en un bien cada vez más escaso. Y todo ello a pesar de que la amistad, cuyo día internacional se conmemora cada 30 de julio, continúa siendo fundamental para combatir la soledad y fortalecer el bienestar personal.
Por Refugio Martínez
La conmemoración de esta jornada se inspira en los principios de la Cultura de Paz promovidos por la UNESCO y, posteriormente, incorporados por Naciones Unidas (ONU), quien proclamó el Día Internacional de la Amistad en 2011. La entidad consideró que "la amistad entre los pueblos, los países, las culturas y las personas puede inspirar iniciativas de paz y presentar una oportunidad para tender puentes entre las comunidades".
En su Declaración sobre una Cultura de Paz, la ONU define la amistad como "un conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida" basados en "el respeto a la vida, el fin de la violencia y la promoción y la práctica de la no violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación".
El mensaje difundido este año por Naciones Unidas resulta especialmente significativo en un contexto internacional marcado por guerras, tensiones geopolíticas y una creciente polarización social. La ONU recuerda que las relaciones personales pueden "cruzar lenguas, religiones e historias que de otro modo podrían dividirnos" y sostiene que "la llamada a la amistad no es sentimental; es esencial".
Una necesidad humana avalada por la ciencia
La importancia de la amistad no es una idea romántica ni una simple intuición. Filósofos, antropólogos y científicos llevan décadas estudiando su papel en la vida humana.
Mucho antes de que existieran las redes sociales, Aristóteles observó que los seres humanos necesitan vínculos de amistad para alcanzar una vida plena. En su obra Ética a Nicómaco (Gredos/Alianza Editorial) llegó a afirmar que "nadie querría vivir sin amigos, aunque poseyera todos los demás bienes". La reflexión conserva una sorprendente actualidad más de dos mil años después.
Entre los investigadores contemporáneos que mejor han explicado este fenómeno destaca el antropólogo británico Robin Dunbar. Conocido por sus estudios sobre la evolución de las relaciones sociales, sostiene que la amistad no es un complemento opcional de la existencia humana, sino una necesidad profundamente arraigada en nuestra historia evolutiva.
En su libro Amigos. El poder de nuestras relaciones más importantes (Paidós), Dunbar llega a afirmar que " el número y la calidad de las amistades que tenemos ejercen una influencia mayor sobre nuestra felicidad, nuestra salud e incluso nuestro riesgo de mortalidad que cualquier otra cosa, excepto dejar de fumar". Para el antropólogo, las relaciones cercanas funcionan como una red de apoyo que permitió a nuestros antepasados afrontar amenazas, compartir recursos y cooperar de forma eficaz, una capacidad que resultó decisiva para la supervivencia de la especie humana.
Tener amigos no responde únicamente a una necesidad emocional. Forma parte de nuestra propia naturaleza
Desde esta perspectiva, tener amigos no responde únicamente a una necesidad emocional. Forma parte de nuestra propia naturaleza. Los seres humanos evolucionaron en comunidad y siguen necesitando relaciones estables para desarrollarse de forma saludable. La amistad cumple, por tanto, una función tan esencial como muchas de las necesidades físicas que solemos considerar prioritarias.
La gran lección de Harvard
Si la filosofía y la antropología han ayudado a entender por qué necesitamos amigos, la ciencia ha ido un paso más allá al demostrar lo que ocurre cuando esos vínculos existen... o cuando faltan. Durante las últimas décadas, numerosas investigaciones han analizado el impacto de las relaciones personales sobre la salud física y emocional.
Los resultados apuntan en la misma dirección: disponer de una red sólida de amigos y personas de confianza no solo mejora el bienestar psicológico, sino que también puede influir en aspectos tan importantes como la longevidad, la resistencia al estrés o la calidad de vida durante el envejecimiento.

Una de las investigaciones que mejor resume esta idea es el Harvard Study of Adult Development, que comenzó en 1938, cuando investigadores de Harvard empezaron a seguir la vida de 268 estudiantes de la universidad para analizar qué factores influyen en la salud física, mental y el bienestar a lo largo de la vida. Con el paso de las décadas, el estudio se amplió a otros grupos de población y a descendientes de los participantes iniciales, lo que lo ha convertido en la investigación longitudinal sobre desarrollo humano más larga del mundo.
Tras más de ocho décadas de seguimiento, los investigadores llegaron a una conclusión que desmonta muchas creencias populares. Ni el dinero, ni la fama ni el prestigio profesional aparecieron como los mejores predictores de una vida satisfactoria. Uno de los factores que mostró una asociación más consistente con el bienestar y la salud fueron las relaciones personales de calidad.
Robert Waldinger, director del estudio, lo explicaba de forma contundente al presentar los resultados: "Las relaciones cercanas, más que el dinero o la fama, son las que mantienen a las personas felices a lo largo de sus vidas". En otra entrevista, añadía que "cuidar nuestras relaciones es también una forma de cuidar nuestra salud".
"Las relaciones cercanas, más que el dinero o la fama, son las que mantienen a las personas felices a lo largo de sus vidas"
Los investigadores comprobaron que las personas que disfrutaban de vínculos sólidos tendían a vivir más tiempo, sufrían menos deterioro físico y mental y afrontaban mejor los problemas asociados al envejecimiento. La calidad de las relaciones resultó ser un predictor más fiable del bienestar futuro que numerosos indicadores biológicos tradicionales.
El hallazgo es revelador porque desafía la lógica dominante de nuestra época. A lo largo del tiempo, hemos perseguido logros materiales bajo la convicción de que ahí residía la felicidad, pero la evidencia científica apunta constantemente en otra dirección: las personas necesitan personas.
La paradoja de la hiperconexión
Sin embargo, la importancia de la amistad no se entiende únicamente cuando está presente, sino también cuando desaparece. Si el estudio de Harvard demostró que las relaciones de calidad son uno de los pilares de una vida feliz y saludable, diversas investigaciones recientes han puesto el foco en el fenómeno contrario: la soledad.
En una sociedad donde cada vez más personas reconocen sentirse aisladas pese a vivir rodeadas de contactos y estímulos digitales, los científicos han comenzado a analizar cuáles son las consecuencias reales de la falta de vínculos sociales. Los resultados han sido tan contundentes que han llevado a numerosos expertos a considerar la soledad como uno de los grandes desafíos de salud pública del siglo XXI.
En este contexto, los trabajos de la psicóloga estadounidense Julianne Holt-Lunstad se han convertido en una referencia internacional para comprender hasta qué punto la ausencia de relaciones significativas puede afectar a nuestra salud y a nuestra esperanza de vida.
Tras revisar 148 investigaciones que incluían a más de 308.000 participantes, su equipo llegó a la conclusión de que las personas con relaciones sociales más sólidas tenían una "probabilidad de supervivencia un 50% mayor" que aquellas cuyos vínculos eran más débiles. Los autores añadían, además, que "la influencia de las relaciones sociales sobre el riesgo de mortalidad es comparable a la de factores de riesgo bien establecidos para la mortalidad".
Dicho de otro modo, cultivar amistades y relaciones cercanas no solo mejora el bienestar emocional. También puede influir de manera directa en la esperanza de vida. La propia Holt-Lunstad ha advertido durante años sobre los riesgos del aislamiento social. En una revisión de sus investigaciones, llegó a señalar que "la falta de conexión social supone un mayor riesgo para la salud que la obesidad y es comparable al riesgo asociado al tabaquismo". Según la investigadora, la soledad y el aislamiento social no son únicamente un problema emocional, sino también un importante factor de riesgo para la salud pública.
La soledad y el aislamiento social no son únicamente un problema emocional, sino también un importante factor de riesgo para la salud pública
Y aquí es donde viene la paradoja: ¿Cómo es posible que en esta sociedad tan hiperconectada nos encontremos cada vez más solos? Una persona consulta el móvil decenas de veces al día. Participa en grupos de WhatsApp, mantiene perfiles activos en varias redes sociales y acumula cientos o incluso miles de contactos. Aun así, cuando necesita hablar de un problema importante, apenas sabe a quién llamar.
La soledad no deseada se ha convertido en uno de los grandes desafíos sociales de nuestro tiempo. El Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, impulsado por Fundación ONCE, advierte que “es un problema silencioso que afecta cada vez a más personas en España, en Europa y en el mundo".

Sus estudios estiman que alrededor del 20% de las personas que viven en España experimentan esta situación. Entre los jóvenes de 16 a 29 años, el porcentaje supera el 25%, mientras que entre las personas con discapacidad alcanza más de la mitad de la población.
Los datos desmontan además algunos tópicos. La soledad ya no afecta exclusivamente a las personas mayores. Cada vez más jóvenes reconocen sentirse aislados pese a estar rodeados de actividad digital. El propio Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada advierte de que esta situación "supone una fuente de sufrimiento, limita el derecho de participación en la sociedad y tiene consecuencias negativas en múltiples aspectos de la vida, generando costes sociales".
La advertencia del Observatorio refleja hasta qué punto la falta de vínculos significativos trasciende el ámbito emocional para convertirse en un problema con repercusiones para toda la comunidad. En este contexto, la amistad adquiere una dimensión que va mucho más allá de la compañía o el entretenimiento.
La ciencia señala la amistad como un factor de protección frente a la soledad, el estrés e incluso algunos problemas de salud; la filosofía la considera una condición indispensable para una vida plena; y la experiencia cotidiana demuestra que pocas cosas resultan tan valiosas como saber que hay alguien dispuesto a escucharnos cuando más lo necesitamos.
Todas estas razones abalan que el Día Internacional de la Amistad conserve hoy toda su vigencia. Más allá de las estadísticas y de los estudios científicos, la sabiduría popular lo resumió hace siglos en el refrán ’Quien tiene un amigo tiene un tesoro’, que, hoy más que nunca, está cargado de significado.
Los pasajeros aéreos crecen un 11,1% en 2024, superando los 100 millones
Por Lidia Rossi
Cuatro de cada diez trabajadores españoles quieren cambiar de empleo
Por Servimedia
“La sociedad no reconoce suficientemente todo lo que la juventud aporta”
Por Rafael Olea