Fernando Calvo, director de People & Culture de Hays para el sur de Europa
Desconectar para rendir mejor: el gran cambio cultural pendiente en el trabajo
En un entorno laboral cada vez más marcado por la flexibilidad, la digitalización y la inmediatez, la desconexión digital se ha convertido en uno de los grandes retos culturales de las organizaciones. No se trata de una cuestión tecnológica (dado que las herramientas existen) sino de algo mucho más profundo: cómo entendemos hoy el compromiso, la productividad y la disponibilidad.
Por Fernando Calvo
Durante años, estar siempre conectado se ha interpretado como una señal de implicación y compromiso. Sin embargo, esta idea empieza a resquebrajarse. Según nuestros datos, el 41% de los profesionales reconoce que la hiperconectividad afecta a su bienestar y un 23% señala directamente los mensajes fuera del horario laboral como uno de los principales obstáculos para desconectar.
Este cambio de percepción no es una coincidencia, pues la expansión del teletrabajo y los modelos híbridos ha difuminado las fronteras entre lo profesional y lo personal, obligándonos a replantear dónde están los límites. Hoy, más que nunca, el tiempo deja de ser el eje central y lo sustituye la expectativa de respuesta inmediata. Y ahí es donde surge la tensión.
Paradójicamente, convivimos con una mayor flexibilidad, algo cada vez más valorado por los profesionales y, al mismo tiempo, con una sensación de disponibilidad constante. Esto genera una contradicción que las empresas deben gestionar con inteligencia: permitir autonomía sin convertirla en presión invisible.
Porque el verdadero problema no es recibir un mensaje fuera de horario, sino la expectativa que lo acompaña. ¿Se espera respuesta inmediata? ¿Se interpreta el silencio como falta de compromiso? Estas son las preguntas que definen la cultura real de una organización, mucho más allá de cualquier política formal.
En este contexto, el papel del liderazgo es clave. Las organizaciones que están avanzando en este ámbito no son necesariamente las que tienen más herramientas, sino aquellas que están sabiendo redefinir las reglas del juego: líderes que no envían mensajes a cualquier hora, equipos que respetan los tiempos personales y culturas donde desconectar no penaliza.
Además, la desconexión digital ya no es solo una cuestión de bienestar, sino también de competitividad. Según datos de nuestra Guía del Mercado Laboral, factores como el ambiente laboral o el equilibrio personal están entre los aspectos más valorados por los profesionales a la hora de elegir empresa.
No debemos olvidar tampoco que esta realidad no afecta por igual a todos. Los perfiles directivos o con mayor responsabilidad son los más expuestos, pero la presión de estar disponible se extiende también a pymes, autónomos y sectores con alta orientación al cliente. La hiperconectividad, en este sentido, no entiende de tamaño de empresa.
En última instancia, hablamos de sostenibilidad del talento. Porque incluso cuando el trabajo apasiona, la ausencia de límites termina pasando factura. El riesgo no es solo el burnout, sino una desconexión emocional progresiva que impacta directamente en el compromiso y en la productividad.
La pregunta que debemos hacernos no es si podemos permitirnos desconectar, sino si podemos permitirnos no hacerlo.
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