Centenario de una leyenda del cine
Los 100 años que no cumplió Marilyn Monroe
La actriz y sex symbol de Hollywood por excelencia, el rostro sonriente de la cultura popular del siglo XX viviría este 5 de agosto con 100 años casi recién cumplidos (1 de junio) como una de las mujeres más recordadas del cine estadounidense de todos los tiempos. Sus carnosos labios siempre en rojo, su melena rubia platino y esas curvas que lucía con un toque espléndido de vaivén sensual y gracioso, son parte del patrimonio cinematográfico de nuestro mundo.
Por Redacción
El 1 de junio de hace 100 años nacía en el Hospital General de Los Ángeles una bebé que recibió el nombre de Norma Jeane Mortenson. Nadie imaginaba entonces que aquella hija de una madre con graves problemas de salud mental, criada entre hogares de acogida y orfanatos, acabaría convirtiéndose en la mujer más fotografiada del siglo XX y uno de los rostros más reconocibles de toda la historia.
Marilyn Monroe podía haber cumplido sus 100 años en su residencia de Brentwood, rodeada de familiares, amigos y varias generaciones de actores que la admirarían y contemplarían con devoción. La actriz podría haberse convertido en una de las historias de superación más extraordinarias de Hollywood.
Pero no ha sido así. Tal día como hoy, en 1962, falleció en extrañas circunstancias a los 36 años. Tan joven, tan hermosa y tan brillante.
El difícil comienzo de una vida
Norma Jeane creció en condiciones de enorme precariedad. Su infancia estuvo marcada por la ausencia de una figura paterna estable y por los internamientos psiquiátricos de su madre. Antes de alcanzar la mayoría de edad pasó por varias familias de acogida y llegó a vivir en un orfanato. Quizás vivió entonces los peores años de su historia y con ellos arrastró una herida que la hizo sufrir con demasiada frecuencia.
A los 16 años y para evitar regresar al sistema de tutela estatal, Norma contrajo matrimonio con James Dougherty. "Decidimos casarnos para impedir que volviera a una casa de acogida", reconocía el joven policía, que compartió cuatro años de matrimonio antes de que ella se hiciera famosa. Poco después, mientras trabajaba en una fábrica durante la Segunda Guerra Mundial, fue descubierta por un fotógrafo militar. Aquellas imágenes iniciaron una carrera como modelo que cambiaría su destino.
Sus primeros pinitos en Hollywood llegaron a finales de los años cuarenta y fue entonces cuando adoptó el nombre artístico de Marilyn Monroe, tiñó su cabello de rubio platino y comenzó una escalada profesional tan rápida como complicada.
Algunos clubs de mujeres protestaron por considerar inmoral la película 'Niágara'
Sus éxitos comienzan con una mítica cinta, Niágara (1953), considerada una de sus películas de más abierta sexualidad; de hecho, en la época, algunos clubes de mujeres protestaron por considerarla inmoral.
Ese mismo año grabaría otro de sus más celebrados trabajos, Los caballeros las prefieren rubias, junto a Jane Russell, quien aseguraba que "Marilyn tenía una sed inagotable de conocimiento y de superación personal". En este caso, su papel la consolidó en la gran pantalla como la típica rubia tontita, esa idea tan despectiva que ha perseguido a tantas mujeres por el mundo.
Más tarde, protagonizó su tercera película del año, Cómo casarse con un millonario (1953), junto a Lauren Bacall quien atribuía muchos de los retrasos y dificultades de la Monroe a un rasgo más profundo: "tenía miedo y era insegura", según sus propias palabras.
La fama y las faldas al vuelo
En esa misma década, rodaría dos grandes cintas que hicieron que su estrella brillara con más intensidad. La tentación vive arriba (1955) fue su primera colaboración con Billy Wilder y está considerada una de las mejores comedias del séptimo arte. Además, en su metraje se recoge uno de los iconos del cine de Hollywood: la actriz vestida de blanco y sonriendo sobre la rejilla del metro mientras su falda vuela mostrando sus largas piernas.

Durante su rodaje, su esposo Joe DiMaggio observaba furioso la escena y, tras varias repeticiones, el famoso jugador de béisbol se acercó a ella y le sugirió algo a su oído antes de abandonar el escenario. Al día siguiente, Marilyn se presentó en el set de rodaje con moratones.
DiMaggio continuó siendo una de las personas más importantes de su vida
Pocas semanas después, la actriz registró su demanda de divorcio. El matrimonio apenas duró nueve meses y ni siquiera llegó al estreno de la 'polémica' película. Sin embargo, DiMaggio continuó siendo una de las personas más importantes de su vida y nunca dejó de preocuparse por ella.
Ya en 1959 se logró una de las creaciones más admiradas y reconocidas en el mundo del cine, Con faldas y a lo loco, de nuevo con Billy Wilder. La película transformó a la rubia actriz en la mayor estrella femenina de la industria hollywoodiense.
Según Billy Wilder, la actriz era "un genio absoluto de la comedia"
El director de origen polaco comentó en varias ocasiones la complicada tarea de rodar con Marilyn Monroe pues eran necesarias muchas repeticiones en cada escena, entre otras cuestiones que dificultaron su relación. A pesar de eso, afirmó que la intérprete "era un genio absoluto de la comedia, con un sentido extraordinario para el diálogo cómico. Era un don divino".
Tras el éxito de Con faldas y a lo loco, en 1960 protagonizó El multimillonario, junto a Yves Montand, y un año después participó en Vidas rebeldes, una película dirigida por John Huston y considerada hoy una de las obras más maduras de su carrera.
El filme reunió un conjunto de circunstancias históricas singulares: fue la última película completa de Clark Gable y la última estrenada durante la vida de la propia Monroe. Aunque en su estreno recibió críticas dispares, con el tiempo se convirtió en una obra de culto y en una muestra del talento dramático que la actriz llevaba años tratando de reivindicar.
En paralelo, su matrimonio con Arthur Miller atravesaba una crisis cada vez más profunda. Cuando se casaron en 1956, la unión entre la estrella más famosa de Hollywood y uno de los dramaturgos más prestigiosos de Estados Unidos fue presentada como el encuentro entre belleza e inteligencia.

Monroe admiraba la sensibilidad intelectual de Miller y encontró en él un entorno alejado de los estudios cinematográficos, mientras que el escritor veía en ella una mujer culta, lectora voraz y mucho más compleja de lo que sugería su imagen pública.
Sin embargo, las dificultades para formar una familia, los problemas de salud de la actriz y las crecientes tensiones personales terminaron erosionando la relación. La pareja se divorció en 1961, poco después del rodaje de Vidas rebeldes, una película escrita por Miller que muchos historiadores consideran hoy el conmovedor testamento artístico de ambos.
Una hermosa niña
A su alrededor también floreció una intensa red de rumores, pero también amistades que contribuyeron a agrandar su leyenda. Entre sus apoyos más conocidos figuraron el escritor Truman Capote, que siempre defendió la inteligencia y la sensibilidad de la actriz más allá de los tópicos de Hollywood.
En su famoso retrato de Marilyn destacó una dimensión que pocas personas veían: "Lo que ella posee, esa presencia, esa luminosidad, esa inteligencia deslumbrante...". Capote también la inmortalizó literariamente en A Beautiful Child (Una hermosa niña), título del célebre perfil que escribió sobre ella.
Ella Fitzgerald afirmó que Marilyn era "una mujer extraordinaria, adelantada a su tiempo"
Otras figuras como Ella Fitzgerald, cuya carrera ayudó a impulsar al utilizar su fama para combatir la segregación racial que sufrió en algunos locales de actuación, declaró: "Tengo una deuda real con Marilyn Monroe... Era una mujer extraordinaria, un poco adelantada a su tiempo. Y ni siquiera lo sabía".
También fue en esos años cuando surgieron las especulaciones sobre su relación con el presidente John F. Kennedy y con su hermano Robert Kennedy, alimentadas por su célebre interpretación de Happy Birthday, Mr. President en el Madison Square Garden de Nueva York, en mayo de 1962.
Aunque gran parte de esas supuestas relaciones permanecen envueltas en controversias, rumores y versiones contradictorias, contribuyeron a fijar para siempre a Monroe en el centro de la mitología política, cultural y social de Estados Unidos.
Cuando murió en Los Ángeles en agosto de 1962, con solo 36 años, dejó tras de sí una filmografía relativamente breve, pero suficiente para convertirla en uno de los iconos culturales más perdurables del siglo XX que desapareció en una bruma triste con olor a Chanel Nº5.
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