La iniciativa nació con el objetivo de fomentar la lectura y poner en valor la literatura como bien cultural

Un siglo de celebración del Día del Libro

La celebración del Día del Libro llega rodeada de polémica en Cataluña. Eduardo Mendoza, escritor y Premio Princesa de Asturias, fue duramente criticado en redes sociales tras afirmar que la festividad de Sant Jordi debía desvincularse de esa fecha. En sus orígenes, la conmemoración se fijó en otoño en recuerdo del nacimiento de Cervantes. Más tarde, pasó a celebrarse el 23 de abril, coincidiendo de forma simbólica con el fallecimiento de Cervantes y Shakespeare, aunque esta coincidencia no es exacta debido a la diferencia entre los calendarios utilizados en cada país.

Por S.G.M | FOTOGRAFÍA: MATADERO DE MADRID

23/04/2026
Celebración del día del libro en el Matadero

Hoy, 23 de abril, el Día del Libro vuelve a situarse en el centro del debate cultural tras las declaraciones de Eduardo Mendoza, que cuestionaron públicamente el sentido actual de la celebración. El escritor planteó la conveniencia de recuperar la denominación original de la jornada y desligarla de la festividad de Sant Jordi, una opinión que desencadenó una reacción inmediata en amplios sectores del ámbito cultural y político catalán.

Sus palabras se produjeron durante un acto literario celebrado en Barcelona, donde defendió que el origen de la efeméride fue estrictamente literario. En ese contexto, afirmó que “siempre fue el Día del Libro” y sostuvo que la figura de Sant Jordi “no tenía nada que ver con los libros ni con los escritores”, reivindicando el carácter laico y cultural de la fecha. El tono irónico con el que formuló algunas de estas reflexiones contribuyó a amplificar la polémica y a desplazar el debate del terreno estrictamente literario al polémico.

"La figura de Sant Jordi no tenía nada que ver con los libros ni con los escritores"

Las respuestas no tardaron en llegar. Desde distintas instituciones se reivindicó Sant Jordi como una celebración que había superado su origen religioso para convertirse en una fiesta cívica ampliamente compartida. Se subrayó que la fuerza de la jornada residía en la integración de tradición, cultura y espacio público, un modelo que había consolidado la participación ciudadana en torno al libro.

El sector editorial también defendió la evolución histórica del Día del Libro y recordó que la asociación con Sant Jordi no fue fruto de una imposición, sino de un proceso gradual. Libreros y editores destacaron que la fórmula había fortalecido el contacto directo entre autores y lectores y había contribuido a convertir el 23 de abril en una de las fechas clave del calendario cultural.

Libreros y editores destacaron que la fórmula había fortalecido el contacto directo entre autores y lectores

Días después, el propio Mendoza trató de reducir la intensidad del debate. Admitió que “era una broma” y reconoció que, en ocasiones, decía cosas que luego se preguntaba por qué no había callado. Aun así, reiteró que el protagonismo del 23 de abril debía recaer en el libro y en la literatura, insistiendo en que la coincidencia con la muerte de autores como Cervantes y Shakespeare explicaba el sentido original de la celebración.

La historia del origen del Día del Libro

La controversia coincidió con un hito histórico. En 2026 se celebra el centenario del Día del Libro en España, una conmemoración nacida con el objetivo de fomentar la lectura y poner en valor la literatura como bien cultural. La iniciativa se impulsó en la década de 1920 y fue institucionalizada mediante una normativa que alentaba la participación de escuelas, bibliotecas y administraciones públicas.

El objetivo de fomentar la lectura y poner en valor la literatura como bien cultural

En sus primeras ediciones, la jornada se celebró en otoño, al asociarse inicialmente con el nacimiento de Miguel de Cervantes. Con el tiempo, la revisión de ese dato histórico condujo al traslado de la celebración al 23 de abril, una fecha cargada de simbolismo literario por coincidir con el fallecimiento de varias figuras clave de la literatura universal, Cervantes y Shakespeare. Ese cambio resultó decisivo para consolidar la efeméride.

A lo largo del siglo XX, el Día del Libro adoptó diferentes expresiones según el territorio. En Cataluña, la coincidencia con Sant Jordi dio lugar a una fórmula singular que combinó libros, rosas y ocupación del espacio público. Esa fusión transformó la jornada en una celebración participativa que acabó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del 23 de abril.

El reconocimiento internacional llega décadas después, cuando la fecha fue asumida como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Desde entonces, la celebración se extendió a numerosos países, manteniendo como eje común la promoción de la lectura y el acceso a la cultura.

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